domingo, 16 de diciembre de 2018

Comentario al Evangelio del III Domingo de Adviento (16 de Diciembre del 2018)

III Domingo de Adviento
Evangelio segun San Lc 3, 10-18


10 En aquel tiempo la gente le preguntaba: «¿Qué debemos hacer?» 11 El les contestaba: «El que tenga dos capas, que dé una al que no tiene, y el que tenga de comer, haga lo mismo.»
12 Vinieron también cobradores de impuestos para que Juan los bautizara. Le dijeron: «Maestro, ¿qué tenemos que hacer?» 13 Respondió Juan: «No cobren más de lo establecido.» 14 A su vez, unos soldados le preguntaron: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?» Juan les contestó: «No abusen de la gente, no hagan denuncias falsas y conténtense con su sueldo.»
:B:15 El pueblo estaba en la duda, y todos se preguntaban interiormente si Juan no sería el Mesías, 16 por lo que Juan hizo a todos esta declaración: «Yo les bautizo con agua, pero está para llegar uno con más poder que yo, y yo no soy digno de desatar las correas de su sandalia. El los bautizará con el Espíritu Santo y el fuego. 17 Tiene la pala en sus manos para separar el trigo de la paja. Guardará el trigo en sus gra neros, mientras que la paja la quemará en el fuego que no se apaga.»
18 Con estas instrucciones y muchas otras, Juan anunciaba la Buena Nueva al pueblo. 19 Pero como reprochara al virrey Herodes que estuviera viviendo con Herodías, esposa de su hermano, y también por todo el mal que cometía, Herodes 20 no dudó en apresar a Juan, con lo que añadió otro crimen más a todos los anteriores.

1.- ¿Qué nos quiere decir Marcos en este Evangelio?
La paz es el signo de la presencia de Dios en el alma. La paz es fruto y condición de la Venida del Señor al corazón de los hombres. Evangelio (Lc 3,2-3.10-18): El domingo pasado leímos la primera parte de la predicación de Juan Bautista invitando a la conversión, a preparar el camino para la venida del Señor. 

Hoy, salteando una parte del discurso (Lc 3,4-9), se nos presenta al mismo Juan Bautista que responde por tres veces a la misma pregunta: "¿qué debemos hacer?" De este modo especifica cuáles son los gestos concretos, en la vida, que expresan la conversión interior. 

Como dice J. M. Lagrange : "A menudo se la ha calificado (a esta sección) como una predicación para los diversos estados (de vida). Pero sería más justo considerarla como una monición sobre la manera de hacer penitencia… No se pretende regular todas las situaciones, sino mostrar que la penitencia es compatible con todas, con la condición de vivir sin cometer injusticias". Faltaría aclarar que penitencia y conversión se utilizan aquí como sinónimos por cuanto traducen la misma palabra griega metanoia. La primera pregunta proviene de la multitud, de la gente en general, y la respuesta del Bautista es una invitación a compartir lo que se tiene, haciendo referencia en primer lugar a dos necesidades básicas como son el vestido y el alimento. 

Hoy diríamos que es un llamado a ser solidarios, a no dejarse dominar por el egoísmo. Según J. M. Lagrange: "La mejor penitencia es la práctica de la caridad". Sigue la pregunta de los publicanos o recaudadores de impuestos a quienes el Bautista responde exhortando a la honradez y a la justicia; a no dejarse dominar por la avaricia o el afán de dinero. Por último, preguntan los soldados y el Bautista les responde que no deben abusar de la propia fuerza ni recurrir al engaño, o sea no abusar de su autoridad. 

Según F. Bovon la finalidad del abuso de poder es la adquisición ilegítima de dinero, por ello "tanto para los soldados como para los publicanos, Lucas se interesa por una ética de la justa adquisición de bienes y del buen uso del dinero". Esto refleja que para el evangelista la codicia es un pecado dominante. 

Importa señalar la dimensión comunitaria ya que las tres respuestas del Bautista tienen en común la relación con los demás. También es de notar que la mención de los publicanos o cobradores de impuestos (y tal vez también de los soldados tanto si se trata de mercenarios de Herodes Agripa como de la guardia romana) indica que no se excluye a nadie del arrepentimiento; todos están llamados a la conversión pues "todos verán la salvación de Dios" (Lc 3,6). 

Con respecto a los últimos versículos podemos decir que buscan diferenciar y subordinar el bautismo y la figura de Juan al bautismo cristiano y a la figura de Cristo (Mesías). Su finalidad es corregir las expectativas erróneas de la gente acerca del Mesías, por cuanto Juan declara abiertamente que no es el Mesías y que esté vendrá después de él. 

Al respecto comenta L. H. Rivas: "Al terminar su misión, Juan Bautista se reconoció inferior a Jesús diciendo que ni siquiera era digno de desatarle la correa de sus sandalias. En la antigüedad, esta tarea se consideraba tan humillante que sólo la realizaban los esclavos. Recurriendo a esta figura, el Bautista dice que, frente a Jesús, él es tan inferior que se siente menos que un esclavo ante su dueño. Esta diferencia responde a la función que cada uno cumple: Juan Bautista bautiza, es decir sumerge sólo en agua. Pero Jesús es el que tiene la potestad de bautizar (sumergir) en el Espíritu Santo, dando vida divina a todos los que crean en él". 

La acción de Jesús que Juan promete, la realizará Jesús resucitado cuando envíe el Espíritu en Pentecostés (He 2,33). Sucesivamente este Espíritu será dado en el bautismo realizado por los apóstoles, bautismo que, como el de Juan, es también para la conversión de los pecados pero que, a diferencia de aquél, concede lo que Juan sólo podía anunciar para un futuro (He 2,38).  

2.¿Què mensaje nos trae este pasaje y què compromiso nos pide hoy, el Señor?

Juan Bautista proclamaba en voz alta lo que muchos sentían en aquel momento: hay que cambiar; no se puede seguir así; es necesario volver a Dios. Según el evangelista Lucas, algunos se sintieron cuestionados por su predicación y se acercaron al Bautista con una pregunta decisiva: ¿qué podemos hacer?

Por muchas llamadas de carácter político o religioso que se escuchen en una sociedad, las cosas solo empiezan a cambiar cuando hay personas que se atreven a enfrentarse a su propia verdad, dispuestas a transformar su vida: ¿qué podemos hacer?

El Bautista tiene las ideas muy claras. No les invita a acudir al desierto a vivir una vida ascética de penitencia, como él. Tampoco les anima a peregrinar a Jerusalén para recibir al Mesías en el templo. La mejor manera de preparar el camino a Dios es, sencillamente, trabajar por una sociedad más solidaria y fraterna, menos injusta y violenta.

Juan no habla a las víctimas, sino a los responsables de aquel estado de cosas. Se dirige a los que tienen «dos túnicas» y pueden comer; a los que se enriquecen de manera injusta a costa de otros; a los que abusan de su poder y de su fuerza.

Su mensaje es diáfano: no se aprovechen de nadie, no abusen de los débiles, no vivan a costa de otros, no piensen solo en su bienestar: «El que tenga dos túnicas, que dé una al que no tiene; y el que tenga comida haga lo mismo». Así de simple. Así de claro.
Aquí termina nuestra palabrería. Aquí se desvela la verdad de nuestra vida. Aquí queda al descubierto la mentira de no pocas formas de vivir la religión. ¿Por dónde podemos empezar a cambiar la sociedad? ¿Qué podemos hacer para abrir caminos a Dios en el mundo? Muchas cosas, pero nada tan eficaz y realista como compartir lo que tenemos con los necesitados.

REPARTIR CON EL QUE NO TIENE
La palabra del Bautista tocó el corazón de las gentes. Su llamada a la conversión para iniciar una vida más fiel a Dios despertó en muchos una pregunta concreta: ¿qué debemos hacer? Es la pregunta que brota en nosotros cuando escuchamos una llamada radical y no sabemos cómo concretar nuestra respuesta.
El Bautista no les propone ritos sagrados, tampoco normas ni preceptos. Lo primero no es cumplir mejor los deberes religiosos, sino vivir de forma más humana, reavivar algo que está ya en nuestro corazón: el deseo de una vida más justa, digna y fraterna.
Lo más decisivo es abrir nuestro corazón a Dios mirando atentamente a las necesidades de los que sufren. El Bautista resume su respuestacon una fórmula genial por su sencillez y verdad: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida haga lo mismo». Un mundo donde más de un tercio de la humanidad vive en la miseria, luchando cada día por sobrevivir, mientras nosotros seguimos llenando nuestros armarios con toda clase de túnicas y tenemos nuestros frigoríficos repletos de alimentos?

¿NOS ATREVEMOS A COMPARTIR?
Los medios de comunicación nos informan cada vez con más rapidez de lo que acontece en el mundo. Conocemos cada vez mejor las injusticias, miserias y abusos que se cometen diariamente en todos los países. 

Esta información crea fácilmente en nosotros un cierto sentimiento de solidaridad con tantos hombres y mujeres, víctimas de un mundo egoísta e injusto. Incluso puede despertar un sentimiento de vaga culpabilidad.
Pero, al mismo tiempo, acrecienta nuestra sensación de impotencia. Nuestras posibilidades de actuación son muy exiguas. Todos conocemos más miseria e injusticia que la que podemos remediar connuestras fuerzas. Por eso es difícil evitar una pregunta en el fondo de nuestra conciencia ante una sociedad tan deshumanizada: «¿Qué podemos hacer?».

Juan Bautista nos ofrece una respuesta terrible en medio de su simplicidad. Una respuesta decisiva, que nos pone a cada uno frente a nuestra propia verdad. «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida haga lo mismo».

No es fácil escuchar estas palabras sin sentir cierto malestar. Se necesita valor para acogerlas. Se necesita tiempo para dejarnos interpelar. Son palabras que hacen sufrir. Aquí termina nuestra falsa «buena voluntad». Aquí se revela la verdad de nuestra solidaridad. Aquí se diluye nuestro sentimentalismo religioso. 

¿Qué podemos hacer?
Sencillamente compartir lo que tenemos con los que lo necesitan.
Muchas de nuestras discusiones sociales y políticas, muchas de nuestras protestas y gritos, que con frecuencia nos dispensan de una actuación más responsable, quedan reducidas de pronto a una pregunta muy sencilla. ¿Nos atreveremos a compartir lo nuestro con los necesitados?

De manera ingenua creemos casi siempre que nuestra sociedad será más justa y humana cuando cambien los demás, y cuando se transformen las estructuras sociales y políticas que nos impiden ser más humanos.

Y, sin embargo, las sencillas palabras del Bautista nos obligan a pensar que la raíz de las injusticias está también en nosotros. Las estructuras reflejan demasiado bien el espíritu que nos anima a casi todos. Reproducen con fidelidad la ambición, el egoísmo y la sed de poseer que hay en cada uno de nosotros.


3.- ¿Que respuesta le voy a dar hoy al Señor?

¿Y qué podemos decir los seguidores de Jesús ante esta llamada tan
sencilla y tan humana? 
¿No hemos de empezar por abrir los ojos de
nuestro corazón para tomar conciencia de que vivimos sometidos a un
bienestar que nos impide ser más humanos?
¿podemos los cristianos de Occidente acoger cantando al niño de Belén mientras cerramos nuestro
corazón a estos niños del Tercer Mundo?


Fuente: Varios Autores

Sintesis: Jorge Mogrovejo

domingo, 2 de diciembre de 2018

Comentario al Evangelio del I Domingo de Adviento (2 de Diciembre del 2018)

I Domingo de Adviento 2018
Evangelio segun san Lc 21, 25-28.34-36\

25 Entonces habrá señales en el sol, la luna y las estrellas, y por toda la tierra los pueblos estarán llenos de angustia, aterrados por el estruendo del mar embravecido. 26 La gente se morirá de espanto con sólo pensar en lo que va a caer sobre la humanidad, porque las fuerzas del universo serán sacudidas. 27 Y en ese preciso momento verán al Hijo del Hombre venir en la Nube, con gran poder e infinita gloria.»
28 «Cuando se presenten los primeros signos, enderécense y levanten la cabeza, porque está cerca su liberación.»
34 Cuiden de ustedes mismos, no sea que la vida depravada, las borracheras o las preocupaciones de este mundo los vuelvan interiormente torpes y ese día caiga sobre ustedes de improviso, 35 pues se cerrará como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra. 36 Por eso estén vigilando y orando en todo momento, para que se les conceda escapar de todo lo que debe suceder y estar de pie ante el Hijo del Hombre.»
37 Durante el día Jesús enseñaba en el Templo, y luego salía e iba a pasar la noche al aire libre al monte de los Olivos. 38 Y desde muy temprano todo el pueblo acudía donde él al Templo para escucharlo.

1.- ¿Qué nos quiere decir Marcos en este Evangelio?
El evangelio de este domingo nos pone de modo inmediato frente a la consideración del fin del mundo. En este fragmento del discurso escatológico de Lucas, utilizando la simbología propia del género apocalíptico, se nos dice que aquellos astros (sol, luna y estrellas) que Dios colocó para regir el tiempo (cf. Gn 1) nos darán las señales de la llegada del fin. 

Estos signos apocalípticos, en cuanto reveladores, generan división entre los hombres. Así tenemos, por un lado, la reacción primera y primaria ante esta realidad del fin por parte de los pueblos que será la angustia; y por parte de los hombres que será el pánico (“los pueblos serán presa de la angustia...los hombres desfallecerán de miedo”). 

Por otra parte, todo este cuadro de conmoción cósmica no es más que el marco del anuncio de la llegada del Hijo del hombre "lleno de poder y de gloria". El título de "Hijo del Hombre" que Jesús se aplica aquí está inspirado en Dn 7,13-14 y representa al Mesías como juez escatológico. Se trata, por tanto, de su venida al fin de los tiempos para juzgar al mundo. 

Ante esta manifestación, los discípulos deberán "tener ánimo y levantar la cabeza". El contraste con la reacción de "los pueblos y los hombres" es claro; y es la esperanza la que hace la diferencia. Mientras los hombres en general serán presa del pánico, los cristianos son invitados a la confianza, a tener ánimo porque la venida del Señor les trae la liberación.   
En el marco de nuestro adviento, el gesto de levantar la cabeza es muy rico de significado. Se trata de mirar más allá de lo cotidiano, de lo inmediato que muchas veces nos aprisiona quitándonos perspectiva, sentido de la vida. Levantar la cabeza, erguirse, es sinónimo de recuperar la dignidad gracias al sentido trascendente de la vida. En fin, ver más allá para tener una valoración correcta de nuestra realidad. 

Para lograr esto se requiere una actitud vigilante, de allí la advertencia del evangelio de hoy a “no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida”. Literalmente el texto dice: "no se vuelva pesado o cargado el corazón por…". El término griego para expresar el primer vicio - exceso, libertinaje o disipación - se encuentra sólo aquí en todo el NT. En la literatura griega su sentido está vinculado al exceso de alcohol con todas sus consecuencias.

Puede que esté formando una unidad de sentido con el término siguiente, la embriaguez, que aparece en la lista de vicios de San Pablo en Rom 13,13 y Gal 5,21. En cuanto a las "preocupaciones de la vida" recordemos que ya apareció esta expresión en la parábola del sembrador, simbolizada por las espinas que ahogan la semilla de la Palabra (cf. Lc 8,14). 

Justamente el mayor daño que esto causa es la pérdida de la atención y su consecuencia será que el día de la venida del Señor nos tome por sorpresa, sin estar esperándolo debidamente. 
La actitud requerida es entonces una conciencia atenta y vigilante, la cual es fruto de la oración, de la súplica o ruego incesante, que pide aquí el Señor a sus discípulos. Recordemos que la necesidad de una oración vigilante es un tema recurrente en Lucas (cf. 6,12; 18,1; 22,40.46). Quien alimenta la espera atenta con la oración incesante podrá escapar de todas las convulsiones cósmicas que sobrevendrán y podrá "permanecer en pie delante del Hijo del hombre". 

Es importante resaltar la actitud "corporal" de los discípulos ante el día final, pues expresa su estado "espiritual" o "interior": levantar la cabeza, estar en pie ante el Señor. Para los judíos el estar en pie y con la cabeza alta era la actitud del orante, del que se presenta con confianza ante Dios pues tiene su conciencia tranquila y en paz.


2.¿Què mensaje nos trae este pasaje y què compromiso nos pide hoy, el Señor?

Los discursos apocalípticos recogidos en los evangelios reflejan los miedos y la incertidumbre de aquellas primeras comunidades cristianas, frágiles y vulnerables, que vivían en medio del vasto Imperio romano entre conflictos y persecuciones, con un futuro incierto, sin saber cuándo llegaría Jesús, su amado Señor. También las exhortaciones de esos discursos representan en buena parte las exhortaciones que se hacían unos a otros aquellos cristianos recordando el mensaje de Jesús. Esa llamada a vivir despiertos cuidando la oración y la confianza es un rasgo original y característico del Profeta de Galilea. Después de veinte siglos, la Iglesia actual marcha como una anciana, «encorvada» por el peso de los siglos, las luchas y trabajos del pasado. «Con la cabeza baja», consciente de sus errores y pecados, sin poder mostrar con orgullo la gloria y el poder de otros tiempos. Es el momento de escuchar la llamada que Jesús nos hace a todos. 

«Levantaos», anímense unos a otros. «Alzad la cabeza» con confianza. No miréis al futuro solo desde vuestros cálculos y previsiones. «Se acerca vuestra liberación». Un día ya no viviréis encorvados, oprimidos ni tentados por el desaliento. Jesucristo es vuestro Liberador. Pero hay maneras de vivir que nos impiden caminar con la cabeza levantada confiando en esa liberación definitiva. Por eso «tened cuidado de que no se os embote la mente». No os acostumbréis  a vivir con un corazón insensible y endurecido, buscando llenar su vida de bienestar y dinero, de espaldas al Padre del cielo y a sus hijos que sufren en la tierra. Ese estilo de vida os hará cada vez menos humanos. «Estad siempre despiertos». Despertad la fe en el seno de vuestras comunidades. Estad más atentos a mi Evangelio. Cuidad mejor mi presencia en medio de vosotros. No seáis comunidades dormidas. Vivid «pidiendo fuerza». 

¿QUÉ ES VIVIR DESPIERTOS? 

Jesús no se dedicó a explicar una doctrina religiosa para que sus discípulos la aprendieran correctamente y la difundieran luego por todas partes. No era este su objetivo. Él les hablaba de un «acontecimiento» que estaba ya sucediendo: «Dios se está introduciendo en el mundo. Quiere que las cosas cambien. Solo busca que la vida sea más digna y feliz para todos». Jesús llamaba a esto el «reino de Dios». Hemos de estar muy atentos a su venida. Hemos de vivir despiertos: abrir bien los ojos del corazón; desear ardientemente que el mundo cambie; creer en esta buena noticia que tarda tanto en hacerse realidad plena; cambiar de manera de pensar y de actuar; vivir buscando y acogiendo el «reino de Dios». No es extraño que, a lo largo del evangelio, escuchemos tantas veces su llamada insistente: «vigilad», «estad atentos a su venida», «vivid despiertos». Es la primera actitud del que se decide a vivir la vida como la vivió Jesús. Lo primero que hemos de cuidar para seguir sus pasos. 

«Vivir despiertos» significa no caer en el escepticismo y la indiferencia ante la marcha del mundo. No dejar que nuestro corazón se endurezca. No quedarnos solo en quejas, críticas y condenas. Despertar activamente la esperanza. «Vivir despiertos» significa vivir de manera más lúcida, sin dejarnos arrastrar por la insensatez que a veces parece invadirlo todo. Atrevernos a ser diferentes. No dejar que se apague en nosotros el deseo de buscar el bien para todos. «Vivir despiertos» significa vivir con pasión la pequeña aventura de cada día. No desentendernos de quien nos necesita. Seguir haciendo esos «pequeños gestos» que aparentemente no sirven para nada, pero que sostienen la esperanza de las personas y hacen la vida un poco más amable. «Vivir despiertos» significa despertar nuestra fe. Buscar a Dios en la vida y desde la vida. Intuirlo muy cerca de cada persona. Descubrirlo atrayéndonos a todos hacia la felicidad. Vivir no solo de nuestros pequeños proyectos, sino atentos al proyecto de Dios. 

CUIDAR LA ESPERANZA 

Todos vivimos con la mirada puesta en el futuro.En el fondo, casi todos andamos buscando «algo mejor», una seguridad, un bienestar mayor. Queremos que todo nos salga bien y, si es posible, que nos vaya mejor. Es esa confianza básica la que nos sostiene en el trabajo y los esfuerzos de cada día. Por eso, cuando la esperanza se apaga, se apaga también la vida. La persona ya no crece, no busca, no lucha. Al contrario, se empequeñece, se hunde, se deja llevar por los acontecimientos. Si se pierde la esperanza, se pierde todo. Por eso, lo primero que hay que cuidar en el corazón de la persona, en el seno de la sociedad o en la relación con Dios es la esperanza. La esperanza no consiste en la reacción optimista de un momento. Es más bien un estilo de vida, una manera de afrontar el futuro de forma positiva y confiada, sin dejarnos atrapar por el derrotismo. El futuro puede ser más o menos favorable, pero lo propio del que vive con esperanza es su actitud positiva, su deseo de vivir y de luchar, su postura decidida y confiada. No siempre es fácil. La esperanza hay que trabajarla. Lo primero es mirar hacia adelante. No quedarnos en lo que ya pasó. No vivir de recuerdos o nostalgias. No quedarnos añorando un pasado tal vez más dichoso, más seguro o menos problemático. Es ahora cuando hemos de vivir afrontando el futuro de manera positiva. La esperanza no es una actitud pasiva, es un estímulo que impulsa a la acción. Quien vive animado por la esperanza no cae en la inercia. Al contrario, se esfuerza por cambiar la realidad y hacerla mejor. Quien vive con esperanza es realista, asume los problemas y las dificultades, pero lo hace de manera creativa, dando pasos, buscando soluciones y contagiando confianza. La esperanza no se sostiene en el aire. Tiene sus raíces en la vida. Por lo general, las personas viven de «pequeñas esperanzas» que se van cumpliendo o se van frustrando. Hemos de valorar y cuidar esas pequeñas esperanzas, pero el ser humano necesita una esperanza más radical e indestructible, que se pueda sostener cuando toda otra esperanza se hunde. Así es la esperanza en Dios, último salvador del ser humano. Cuando caminamos cabizbajos y con el corazón desalentado, hemos de escuchar esas inolvidables palabras de Jesús: «Alzad vuestra cabeza, pues se acerca vuestra liberación» .

Quien ama de verdad la vida y se siente solidario de todos los seres humanos sufre al ver que todavía una inmensa mayoría no puede vivir de manera digna. Este sufrimiento es signo de que aún seguimos vivos y somos conscientes de que algo va mal. Hemos de seguir buscando el reino de Dios y su justicia. ¡POR FAVOR, QUE HAYA DIOS! Muchas veces había pensado en la importancia que tiene el contexto socio-político en nuestra manera de leer el Evangelio, pero solo tomé conciencia viva de ello cuando estuve viviendo una temporada un poco más larga en Ruanda. Todavía recuerdo bien la sensación que tuve al leer este texto del evangelio de Lucas. No es lo mismo escuchar este discurso apocalíptico desde el bienestar de Europa o desde la miseria y el sufrimiento de África. A pesar de todas las crisis y problemas, en Europa se sigue pensando que el mundo irá siempre a mejor. Nadie espera ni quiere el fin de la historia. Nadie desea que cambien mucho las cosas. En el fondo nos va  bastante bien. Desde esta perspectiva, oír hablar de que un día todo puede desaparecer «suena» a «visiones apocalípticas» nacidas del desvarío de mentes tenebrosas. Todo cambia cuando el mismo Evangelio es leído desde el sufrimiento del Tercer Mundo. Cuando la miseria es ya insoportable y el momento presente es vivido solo como sufrimiento destructor, es fácil sentir exactamente lo contrario. «Gracias a Dios esto no durará para siempre». Los últimos de la Tierra son quienes mejor pueden comprender el mensaje de Jesús: «Dichosos los que lloran, porque de ellos es el reino de Dios». Estos hombres y mujeres, cuya existencia es hambre y miseria, están esperando algo nuevo y diferente que responda a sus anhelos más hondos de vida y de paz. Un día «el sol, la luna y las estrellas temblarán», es decir, todo aquello en que creíamos poder confiar para siempre se hundirá. Nuestras ideas de poder, seguridad y progreso se tambalearán. Todo aquello que no conduce al ser humano a la verdad, la justicia y la fraternidad se derrumbará, y «en la tierra habrá angustia de las gentes». 

Pero el mensaje de Jesús no es de desesperanza para nadie: Aun entonces, en el momento de la verdad última, no desesperéis, estad despiertos, «manteneos en pie», poned vuestra confianza en Dios. Viendo de cerca el sufrimiento cruel de aquellas gentes de África me sorprendí a mí mismo sintiendo algo que puede parecer extraño en un cristiano. No es propiamente una oración a Dios. Es un deseo ardiente y una invocación ante el misterio del dolor humano. Es esto lo que me salía de dentro: «¡Por favor, que haya Dios!». 


3.- ¿Que respuesta le voy a dar hoy al Señor?
¿Cómo seguiremos los pasos de Jesús si el Padre no nos sostiene? 
¿Cómo podremos «mantenernos en pie ante el Hijo del hombre»? 


Fuente: Varios Autores
Transcripcion: Jorge Mogrovejo 

domingo, 18 de noviembre de 2018

Comentario al Evangelio del XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario (18 de Noviembre del 2018)

Evangelio del XXXII Domingo del Tiempo Ordinario
Evangelio Segun San Marcos 13, 24-32

24 Después de esa angustia llegarán otros días; entonces el sol dejará de alumbrar, la luna perderá su brillo, 25 las estrellas caerán del cielo y el universo entero se conmoverá. 26 Y verán venir al Hijo del Hombre en medio de las nubes con gran poder y gloria. 27 Enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
28 Aprendan de este ejemplo de la higuera: cuando las ramas están tiernas y brotan las hojas, saben que el verano está cerca. 29 Así también ustedes, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que todo se acerca, que ya está a las puertas. 30 En verdad les digo que no pasará esta generación sin que ocurra todo eso. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
32 Por lo que se refiere a ese Día y cuándo vendrá, no lo sabe nadie, ni los ángeles en el Cielo, ni el Hijo, sino solamente el Padre.

1.- ¿Qué nos quiere decir Marcos en este Evangelio?
El texto de hoy forma parte del capítulo 13 de san Marcos que se conoce como "el discurso escatológico de Jesús" porque vincula la destrucción del templo de Jerusalén con el fin de los tiempos y con la venida del hijo del hombre. 

El mismo se compone de tres partes: 
1) vv. 24-27: describe la venida del hijo del hombre. 
2) vv. 28-31: la parábola de la higuera. 
3) vv. 32-37 (sólo leemos el v. 32): la imposibilidad de saber la fecha del fin de los tiempos. 

La primera parte del texto comienza con una referencia a la gran tribulación que ha sido descrita en los versículos anteriores (cf. Mc 13,14-23). Pues bien, después de la misma seguirán unas perturbaciones cósmicas que afectarán al sol, la luna y las estrellas. Estas imágenes de perturbaciones cósmicas son propias de los textos apocalípticos bíblicos y extrabíblicos. Como fuentes de inspiración bíblicas tenemos: Is 13,10-11: "Porque los astros del cielo y sus constelaciones no irradiarán más su luz; el sol se oscurecerá al salir y la luna dejará de brillar. Yo castigaré al mundo por su maldad y a los malvados por su iniquidad. Pondré fin al orgullo de los arrogantes y humillaré la soberbia de los violentos". Is 34,4: "Se diluye todo el ejército del cielo, los cielos son enrollados como un pliego, y todo su ejército se marchita como se marchita el follaje de la vid, como cae marchita la hoja de la higuera". 

Tal vez convenga aclarar que todas estas imágenes y figuras son propias de un género literario, el apocalíptico, que las utiliza para decir o expresar lo que sucederá al final de los tiempos. Ahora bien, más allá de estas imágenes o figuras literarias, hay un tema de fondo que es la escatología, o sea lo referente al fin, a lo último. Para los estudiosos de la Biblia la escatología se entiende como lo referente a una intervención futura y definitiva de parte de Dios en favor de su pueblo. El mensaje escatológico es dominante en los libros proféticos, por ejemplo a través del anuncio del día de Yavé.

La preocupación por el fin del mundo, o sea por las cuestiones escatológicas, surgen más vivamente en tiempos de aflicción, marginación o persecución de los creyentes. Esto terrible experiencia de la destrucción de Jerusalén y el consiguiente exilio están en la raíz del pensamiento apocalíptico, el cual se vio potenciado luego por la opresión militar y cultural tanto del helenismo como de la dominación romana . Así, en medio de las tribulaciones, guerras y calamidades surge fuerte en el creyente la pregunta: ¿cuándo obrará Dios sus promesas? Y dado el contraste entre la situación presente y el mensaje de salvación, la esperanza de los piadosos se dirige a una futura transformación universal. La espera de este evento es el objeto de la literatura apocalíptica que florece principalmente entre el s. II a.C. y el s. II d.C. y que prevé que este mundo llegará a su fin en medio de terribles convulsiones. Los apocalípticos están obsesionados por este momento y recurren a todo tipo de cálculos para conocer cuándo será el fin. 

Así el juicio de Dios, que será el triunfo sobre las potencias del mal y el surgir del mundo nuevo, tiene su fecha fijada; y por esto en la apocalíptica los números tienen un gran papel. 
Por último, notemos que estás manifestaciones cósmicas son el preludio de la llegada del juicio de Dios, quien hará justicia y castigará a los pecadores. Así, en medio de esta convulsión cósmica – que al decir de J. Gnilka "su lenguaje se sitúa a medio camino de lo metafórico y de lo realista" – se verá aparecer al Hijo del hombre con mucho poder y gloria. 

En cuanto a la figura del "hijo del hombre", si nos remitimos al origen arameo de la expresión, su sentido estricto sería "el humano" o "el hombre". Pero aquí se encuentra una clara referencia a la expresión hijo del hombre en Dn 7,13-14: "Yo seguía contemplando en las visiones de la noche: Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia. A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás." 

Según los estudiosos en el libro de Daniel el título "hijo del hombre" tendría un sentido individual y colectivo a la vez por cuanto representaría a Israel que fue humillado por los dominadores helénicos pero que será exaltado por Dios y constituido en un reino eterno. En la literatura intertestamentaria, especialmente en 1Henoc y 4Esdras, se lo interpreta con sentido individual y mesiánico. En esto última se inspiraría su utilización por parte de Jesús, pero dándole un sentido propio y exclusivo. En efecto "Jesús prefiere este título al de Mesías, por ser menos político, por tener un carácter individual-corporativo y por aludir al carácter humano de su obra, por una parte y, por otra, al carácter de enviado escatológico vindicado por Dios". 

En síntesis: "Marcos refuerza su interpretación de la tardanza del ésjaton afirmando ahora la imposibilidad de determinar exactamente cuándo ocurrirá. En los vv. 28-37 Marcos pone una conclusión parenética al discurso. En su actual posición redaccional en el capítulo la parábola de la higuera y su explicación en el v. 30 se refieren a las señales y al fin. El evangelista le dice a su comunidad que el fin estará precedido por señales (vv. 5-23) y por la venida en gloria del Hijo del hombre (vv. 24-27). Solamente después (cf. kai tóte en v.26) los ángeles serán enviados a recoger a los eklektoí marcando de esta manera el fin de la historia -"el cielo y la tierra pasarán"- y el comienzo del Reino de Dios. Los vv. 32-37, también una parábola y su aclaración, comunican la idea de que aunque es posible anticipar la proximidad del ésjaton por las señales (cf. ginóskete en vv. 28-29) es imposible determinar con total precisión el día y la hora de su realización final"  

2.¿Què mensaje nos trae este pasaje y què compromiso nos pide hoy, el Señor?
Este domingo es para la Iglesia el último domingo del año litúrgico. El proximo domingo celebramos la fiesta de Cristo Rey y dentro de quince días comenzaremos el tiempo de Adviento, que son cuatro domingos con los que la Igelsia toda se prepara para celebrar la Navidad de nuestro Señor. El año litúrgico está terminando y es por eso que las lecturasque hemos escuchado nos hablan del fin de los tiempos.

La palabra de Dios hoy nos invita a examninar una de las realidades fundamentales de nuestra vida: el furuto de todos nosotros y el futuro de cada uno. ¿Cuál es nuestro futuro? ¿hacia dónde vamos? Seguramente que cada uno de los que estamos aqúi tenemos una diferente coneción del futuro y cada uno espera determinadas cosas. Es verdad, también, que hay personas que rechazan el futuro, que no quieren pensar en él. Le tienen miendo al futuro. Pero por más que lo rechacen marchan irremediablemente hacia él. El futuro nos llega y nos está llegando cada día que pasa.

Hay personas que no quieren pensar en el futor porque consideran que "todo tiempo pasado fue mejor" y que el futuro será desastroso. Viven de nostalgias y de recuerdos. Sin embargo, la Palabra de Dios nos dice que el futuro para el mndo será la venidad del Hijo del Hombre, es decir, la venidad del Sñoer con todo su poder y toda su gloria. 

En el evangelio nos ha dicho Jesús: "En este tiempo, después de una terrible tribulación, se producirá una catástrofe cósmica". Es preciso que sepamos entender este lenguaje. Jesús está hablando un lenguaje que en su tiempo era muy utilizado y se llamaba apocalíptico. Pero en resumen lo que nos quiere decir es que todo tiempo de la historia, nuestro tiempo, está marcado por tribulaciones y grandes catástrofes, pero que llegará un día en el que vendrá el Hijo del hombre sobre el mundo y reunirá a sus escogidos para relaizar la salvación última y definitiva.

O sea, que lo que nos anuncia como futuro la palabra de Dios no es el fin del mundo como tal, sino la salvación definitiva que ya comenzó, que ya se está realizando en el corazón de todo creyente, pero que todavía no ha culminado.  No quiere decir que Dios destruirá el mundo, sino que lo transformará. Por eso, en sentido propio no debemos hablar de fin del mundo, sino de fin del actual estado de cosas marcados por la violencia, el sufrimiento, las tribulaciones, las catástrofes y la muerte. Esta situación tendrá su fin y vendrá el Hijo del hombre para establecer la paz definitiva, el reino de la verdad y del amor, o sea, el Reino del Dios. Así pues, el futuro para el cristiano, el futuro de la Iglesia, el futuro que nos anuncia la Palabra de Dios es la salvación. De esto eran muy conscienteslos cristianos de los tiempos primitivos, pro lo cual tenían una oración con la que rogaban insistentemente la venida del Señro. Ellos decían: "Marana-ta": !Ven, Señor Jesús!


3.- ¿Que respuesta le voy a dar hoy al Señor?

  • ¿Estoy realmente preparado para la venida del Señor?
  • ¿Estoy consciente de que la Parusía es real aunque no sepamos cuando ocurrirá?
  • ¿Le considero a la Palabra de Dios como palabra de vida, una palabra que no pasará? 


Fuente:  Varios autores
Síntesis: Jorge Mogrovejo M.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Comentario al Evangelio del XXXII Domingo del Tiempo Ordinario (11 de Noviembre del 2018)

Evangelio del XXXII Domingo del Tiempo Ordinario
Evangelio Segun San Marcos 12, 38-44

38 En su enseñanza Jesús les decía también: «Cuídense de esos maestros de la Ley 39 a quienes les gusta pasear con sus amplias vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar asientos reservados en las sinagogas y en los banquetes; 40 incluso devoran los bienes de las viudas, mientras se amparan detrás de largas oraciones. ¡Con qué severidad serán juzgados!»
41 Jesús se había sentado frente a las alcancías del Templo, y podía ver cómo la gente echaba dinero para el tesoro; pasaban ricos y daban mucho, 42 pero también se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor.
43 Jesús entonces llamó a sus discípulos y les dijo: «Yo les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos los otros. 44 Pues todos han echado de lo que les sobraba, mientras ella ha dado desde su pobreza; no tenía más, y dio todos sus recursos.»
1.- ¿Qué nos quiere decir Marcos en este Evangelio?
En el evangelio de este domingo tenemos que distinguir dos partes: la primera (12,38-40) es una enseñanza de Jesús sobre la mala conducta de los escribas; mientras que la segunda (12,41-44) se refiere al testimonio religioso de una viuda pobre. 

El texto comienza anunciando una enseñanza o instrucción de Jesús (didajé). Recordemos que Marcos es el evangelista que más insiste en la enseñanza de Jesús y en la buena recepción que tiene la misma por parte de la gente (cf. Mc 1,22.27; 4,2; 11,18 donde aparece el término didajé; mientras que en Mt lo encontramos dos veces y una sola vez en Lc). 

Podemos suponer que la enseñanza va dirigida a la multitud que aparece en la escena inmediatamente anterior escuchando a Jesús con agrado (cf. 12,37). J. Gnilka divide esta enseñanza de Jesús en tres partes: advertencia introductoria, descripción de la conducta condenable de los escribas y amenaza de juicio conclusiva. La advertencia introductoria comienza con un verbo en imperativo, blépete, que mayormente tiene el sentido de guardarse o cuidarse de algo malo. El mismo aparece siempre en boca de Jesús y dirigido principalmente a los discípulos. Ya había aparecido con un sentido idéntico en Mc 8,15: "Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes". 

Por tanto, indica que nos encontramos ante un importante llamado de atención que viene siempre de parte del Señor, quien pide a sus discípulos estar alerta, en constante vigilancia para no dejarse confundir o "contagiar" por modos de pensar u obrar contrarios a la enseñanza del evangelio. Jesús invita aquí a cuidarse o resguardarse de los escribas. Así se llamaba a los que dedicaban al estudio de las Escrituras, a las que interpretaban a la luz de las tradiciones de los antepasados, adaptando las normas a la vida práctica. Se los llamaba también doctores de la ley, sabios o maestros (rabbí) pues enseñaban en escuelas y en el Templo; y solían ser honrados por el pueblo y recibir los puestos de honor en la sinagoga (cf. Mc 12,38-39). La mayoría de los escribas pertenecían al grupo de los fariseos y eran muy influyentes entre ellos. A continuación Jesús describe la conducta de los escribas, de la cual hay que cuidarse bien de seguir o imitar. En concreto presenta cinco acciones de los escribas que en cierto modo son una caricatura de los mismos: 

1) pasearse con largas vestiduras; 2) ser saludados en las plazas; 3) ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; 4) devoran los bienes de las viudas; 5) fingen hacer largas oraciones2. 

Si vamos a la actitud de fondo, en cuatro de las acciones (1; 2; 3 y 5) es clara su opción por la apariencia, por lo meramente exterior con la intención de obtener la aprobación o el reconocimiento de los demás. En la otra (4), "devorar los bienes de las viudas", parece que se trata más bien de una actitud de aprovechadores o manipuladores movida por la avaricia. 

Es decir, los escribas valiéndose de su condición y de su fama de hombres religiosos se apropiarían de los bienes de las viudas. En los escritos rabínicos de aquella época, según nos informa J. Gnilka , también se condena severamente la explotación bajo pretexto devoto: “De los pobres los bienes devoran y afirman que lo hacen por justicia. En realidad perecen ellos” (AscMos 7, 3-10). 

En síntesis, la religiosidad de los escribas es falsa por cuanto está motivada por la vanagloria y la codicia. De estos dos peligros nos advierte Jesús. 

La enseñanza cierra con la amenaza de un juicio más severo para los escribas. Se trata sin duda del juicio escatológico o final de Dios. La segunda parte narra primero lo que Jesús observa frente al arca del tesoro del templo y luego la enseñanza que Jesús da a los discípulos a partir de lo observado. En el recinto interior del Templo de Jerusalén estaba la sala del tesoro donde se encontraban unas alcancías en forma de trompeta, una de las cuales estaba destinada para las donaciones voluntarias. Al depositar la gente su ofrenda allí harían un ruido proporcionado a la cantidad de monedas depositadas. Entonces Jesús nota que muchos ricos echaban mucha cantidad. De pronto aparece una viuda "pobre" (se notaría en su vestimenta y en su aspecto exterior) que sólo deposita dos leptas, que son las monedas de cobre más pequeñas. Si se toma en cuenta solamente la cantidad, es claro el contraste entre los ricos que ponen mucho y la viuda que dona muy poco, y la consiguiente valoración positiva de los que ponen más. 

Pero la valoración que hace Jesús a modo de enseñanza para sus discípulos toma en cuenta otro aspecto y por ello es diversa: "Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir"(Mc 12,43-44). Por tanto para Jesús la viuda ha puesto más que los ricos que han donado mucho. Y esto porque Jesús no mira la cantidad sino lo que representa lo dado por cada uno. Los demás han dado lo que les sobraba; la viuda ha dado todo lo que tenía, ha dado su vida, se ha dado a sí misma a Dios en su pobre ofrenda.

2.¿Què mensaje nos trae este pasaje y què compromiso nos pide hoy, el Señor?
Las lecturas de hoy nos presentan los casos de dos mujeres viudas ejemplares en su capacidad de compartir, de donación y de sacrificio. Muchos se preguntarán: bueno, ¿qué tiene de importante que se nos cuente esas historietas de siglos pasados? ¿Cuál es la trascendencia del acto genroso de dos mujeres viudas de las cuales ni sabemos los nombres, ni nos importan? 
En realidad, la palabra de Dios no intenta contarnos dos simples historias de generosidad que acontecieron hace muchos siglos. Lo que la Palabra de Dios intenta revelarnos a través de estos relatos es la actitud de Dios para con nostros. En primer lugar: Dios se regocija, reconoce y exalta a quien es generoso y da, a quien comparte. Y por lo mismo, la Palabra de Dios nos hace cuestionamiento: tú que te llamas cristiano, tú que pides a Dios, dime: ¿tú eres generoso?, ¿tú compartes tus bienes? ¿tú das de lo tuyo?, O por el contrario, ¿tú eres un esclavo de la avaricia, de la sed de tener y sólo piensas en acaparar para ti?

En segundo lugar: La Palabra de Dios nos quiere decir que Dios no mira tanto la cantidad de lo que das, sino que Dios mitra tu corazón. El dar no es simplemente dar, ni dar por lástima, ni dar porque te sobre, ni dar para que los demás alaben lo generoso que eres. El cristiana da y comparte sus bienes porque su prójimo es su hermano y nunca nadie a un hermano le da limosna, sino que comparte con él. Además, el cristianao da por un acto de fe. Repetimos esto: el cristiano movido por la fe, su generosidad nace de la fe.

¿Qué quiere decir esta afirmación? Ustedes han oído hablar mucho de la palabra sacrifico, que según se cree es un acto masoquista. Indudablemente que ésta es una visión equivocada. Sacrificio, hablando cristianamente, quiere decir ofrenda. O sea, tú haces un sacrificio cuando tú haces una ofrenda, cuando tú das algo. Por ejemplo, el hecho de que estemos aquí ofreciéndole al Serñor nuestro Dios esta hora es un sacrificio. Cuando ayudas a alguien necesitado, bien sea acompañándolo en su solidad, o compartiendo tus bienes, o prestándole un servicio, o ayudándole en la solución de un problema y cuando esto lo haces porque quieres ser cristiano verdadero y quieres agradar a Dios y aceptas a tu prójimo como hermano tuyo, entonces estás haciendo un sacrificio. Muchas veces implicará una renuncia, otras no. De todas maneras, en ambos casos, estás haciendo un sacrificio porque lo que que estás haciendo es una ofrende que haces movido por la fe.

Lógicamente tambien, cuando ofreces al Señor tu Dios tus angustias, tus problemas, tus dificultades, tu pobreza, tus crisis, tu enfermdad, o tus dolores, estás haciendo un sacrifio, porque estas realidad tuyas las estás poniendo en manos de Dios.

3.- ¿Que respuesta le voy a dar hoy al Señor?
  1. ¿Soy consciente de los problemas de mi comunidad, mi barrio, mi familia?
  2. ¿Me comprometo ayudar al hermano necesitado sin importar nombre, nacionalidad, idioma, religión, orientación sexual?
  3. ¿Soy de los que ayudan a los demás evitando buscar protagonismo?
  4. ¿Soy de los que acumulan bienes y cosas materiales, sin ver en el hermano una oportunidad de compartir lo que tengo, que no es necesariamente lo que me sobra?

Fuente:  Varios autores
Síntesis: Jorge Mogrovejo M.

domingo, 7 de octubre de 2018

Comentario al Evangelio del XXVII Domingo del Tiempo Ordinario (7 de Octubre del 2018)

Evangelio del XXVII Domingo de Tiempo Ordinario
7 de Octubre del 2018
Evangelio Segun San 10, 2-16

Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?».El les respondió: «¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?».Ellos dijeron: «Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella».Entonces Jesús les respondió: «Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer.Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido».Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. Él les dijo: «El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio».Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: «Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él». Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.



1.¿Què nos quiere decir Marcos en este Evangelio?

El evangelio de hoy contiene dos partes o subsecciones: 10,2-12 y 10,13-16 cuya autonomía literaria es evidente. La misma liturgia lo reconoce y propone como opción que se lea sólo la primera parte (10,2-12), lo cual es aconsejable en este caso. A su vez, en la primera subsección podemos distinguir entre 10,2-9 que trae el debate de Jesús con los fariseos ante el pueblo y 10,10-12 que refiere el diálogo de Jesús con sus discípulos en privado. 

El relato comienza presentándonos a Jesús enseñando a la gente en la región de Judea, al otro lado del Jordán (10,1), y se le acercan unos fariseos quienes le dirigen una pregunta: "¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer (repudiarla, despedirla = ἀπολῦσαι)?". El texto precisa que la intención de los fariseos es “ponerlo a prueba, tentarlo” a Jesús, utilizando el mismo verbo πειράζω que señala la acción del diablo en el desierto (cf. Mt 4,1.3; Lc 4,2)”. 

¿Por qué la pregunta es “capciosa”? Al parecer, en tiempos de Jesús la cuestión debatida no era tanto el tema de la licitud del divorcio - que era comúnmente aceptado -, sino más bien las motivaciones o causales del mismo. 

Jesús, según el estilo argumentativo de aquella época, responde preguntado a su vez: "¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?". Notemos que mientras los fariseos preguntan acerca de la licitud o permisión; Jesús pregunta por lo "mandado" (evnte,llw) por Moisés al respecto. 

La respuesta de los fariseos es correcta pues efectivamente Moisés permite al marido redactar un acto de divorcio y repudiar a su mujer. La referencia es sin duda a Dt 24,1-4 donde en la versión griega del AT encontramos el término "acta de divorcio" (bibli,on avpostasi,ou igual que en Mc 10,4): "Si un hombre se casa con una mujer, pero después le toma aversión porque descubre en ella algo que le desagrada, y por eso escribe un acta de divorcio, se la entregará y la despedirá de su casa. Una vez que esté fuera de su casa, si la mujer se desposa con otro y este último también la rechaza, escribe un acta de divorcio y la despide, o bien muere; su primer marido no podrá volver a tomarla por esposa, puesto que ella ha sido mancillada". 

A continuación Jesús interpreta este "mandamiento" de Moisés como algo dado de modo relativo y ocasional en vista a la "dureza de corazón" (sklhrokardi,a) del pueblo. Como bien dice J. Gnilka: "La sklhrokardi,a – término veterotestamentario – indica en la Biblia griega el corazón humano insensibilizado a las instrucciones divinas como consecuencia de su continua desobediencia". 

Para Jesús se trata, por tanto, de una concesión provisoria dada la condición de la conciencia endurecida de Israel, pero la idea primera de Dios sobre el matrimonio no es esta. Por eso Jesús se remonta a Gn 1,27 y 2,24 para fundamentar la indisolubilidad del matrimonio y para condenar como adulterio que un hombre se separe de su mujer y se case con otra. 

Importa mucho notar aquí que en el tiempo y en la cultura en que fue escrita la Biblia las cosas que tenían más valor eran las más antiguas, incluso en el orden legal. Por eso Jesús remite al origen mismo de la creación, al principio (ἀρχή), cuyo relato se encuentra en primer libro de la Biblia y, por tanto, es anterior y superior a la intervención de Moisés en Dt 24. 

Ahora bien, en la interpretación de Jesús los textos citados del Génesis expresan el proyecto de Dios sobre el matrimonio entendiéndolo como la unión de un varón con una mujer de carácter monogámico e indisoluble. Por tanto, en la misma "naturaleza" del hombre creado como varón y mujer, y llamados al matrimonio desde el origen, se encuentra inscripta esta "ley" establecida por Dios y anterior y superior a la concesión hecha por Moisés. 

Al parecer, estas afirmaciones de Jesús encerraban una novedad en relación al pensamiento y a la praxis habitual en el judaísmo, al punto que los mismos discípulos vuelven sobre el tema cuando están "en casa" con Jesús. Aquí Él les dice claramente que quien repudia a su mujer y se casa con otra comete adulterio; y lo mismo la mujer que se separa y se casa con otro. La referencia bíblica es aquí el sexto mandamiento: "No cometerás adulterio" (Ex 20,13; Dt 5,17), con la novedad que Jesús lo aplica a quienes rompen el primer matrimonio y contraen una nueva unión. Este juicio valorativo de Jesús presupone lo que afirmó antes sobre la insolubilidad del matrimonio (no separe el hombre lo que Dios ha unido), y sólo desde aquí se considera entonces la nueva relación del hombre o la mujer ya casados es adulterio.

La segunda subsección (Mc 10,13-16) presenta a Jesús abrazando y bendiciendo a unos niños, a quienes propone como modelos de la actitud requerida para recibir el Reino de Dios y poder así entrar en él. Es una enseñanza dirigida especialmente a sus discípulos a quienes pide una actitud de apertura y docilidad ante la novedad del Reino de Dios hecho presente en y por Jesús.

2.¿Què mensaje nos trae este pasaje y què compromiso nos pide hoy, el Señor?

Uno de los fenómenos sociales más preocupantes que estamos experimentando en nuestro tiempo es la llama crisis del matrimonio. Muchos son los que lamentan porque hoy los matrimonios no son tan estables como eran anteriormente.  Cada día es mayor el número de matrimonios que se separan, creando situaciones angustiosas tanto para las personas que se separan, como para los hijos ¿Cómo es que los cristianos tenemos que enfrentar este problema?

En los tiempos de Jesús, la sociedad estaba estructurada de forma patriarcal, es decir, el hombre era dueño y señor de la casa. La mujer se consdierada como propiedad del marido. En otras palabras, las relaciones entre marido y mujer estaban basadas en el derecho de propiedad. El hombre tenía mujer, como tenía casa, esclavos o animales. En esta situación, el hombre podría ser infiel a su mujer y no cometía adulterio, en cambio la mujer, al ser infiel a su marido, sí cometía adulterio.

Así mismo el hombre tenía derecho y el poder de disolver el matrimonio cuando quisiera; pero la mujer no tenía ese derecho. Claro que había diversas opiniones sobre el derecho a repudiar a la mujer y darle el divorcio. Por eso los discípulos le preguntaban a Jesús "¿Puede el marido repudiar a la mujer?" La respuesta de Jesús es completamente revolucionaria porque dignifica a la mujer y la coloca al mismo nivel del hombre: "Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra ella". Como quien dice, el hombre no tiene derecho a tratar a su mujer como si futa una cosa que se compra o se vende, se adquiere o se rechaza. Y extrañamente agrega algo que no se podría en esa época: "Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio". Es decir, la mujer está en las mismas condiciones del hombre.

Hoy, después de dos mil años de cristianismo, este principio de Jesús se ha impuesto en la sociedad, aunque todavía falta para ser pleno. Sin embargo, la mujer ya ha dejado de ser propiedad del hombre, ha dejado de ser considerada infantil socialmente, se le reconocen sus derechos civiles y sus responsabilidades, pero el matrimonio está en plena evolución. La crisis que estamos viviendo, no es crisis de solución del matimonio, sino crisis de cambio de modelo del matrimonio. La vida matrimonial, las relaciones matrimoniales, las relaciones entre el hombre y la mujer tienen que madurar, en el sentido de que tienen que pasar de relaciones de mayor a menor, a relaciones de iguales.

3.¿Què respuesta le voy a dar hoy al Señor?
  • ¿A qué compromisos como creyentes nos conduce este Evangelio?
  • ¿Qué nos enseña esta pericopa sobre el matrimonio?
  • ¿Qué actutides deben promover los esposos?


Fuente: Varios Autores
Sìntesis: Jorge Mogrovejo M.

domingo, 30 de septiembre de 2018

Comentario al Evangelio del XXVI Domingo del Tiempo Ordinario (30 de Septiembre del 2018)

Evangelio del XXVI Domingo del Tiempo Ordinario
30 de Septiembre del 2018
Evangelio Segùn San Mc 9, 38-43.45.47-48

Juan le dijo: "Maestro, hemos visto a uno que hacía uso de tu nombre para expulsar demonios, y hemos tratado de impedírselo porque no anda con nosotros."
Jesús contestó: "No se lo prohíban, ya que nadie puede hacer un milagro en mi nombre y luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está con nosotros.
Y cualquiera que les dé de beber un vaso de agua porque son de Cristo, yo les aseguro que no quedará sin recompensa."
"El que haga caer a uno de estos pequeños que creen en mí, sería mejor para él que le ataran al cuello una gran piedra de moler y lo echaran al mar.
Si tu mano te está haciendo caer, córtatela; pues es mejor para ti entrar con una sola mano en la vida, que ir con las dos a la gehenna, al fuego que no se apaga.
Pues es mejor para ti entrar cojo en la vida que ser arrojado con los dos pies a la gehenna.
Pues es mejor para ti entrar con un solo ojo en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos al infierno, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga.

1.¿Què nos quiere decir Marcos en este Evangelio?

El evangelio de hoy contiene dos partes o subsecciones: 9,38-41 y 42-48 cuya autonomía literaria es evidente. 

El texto de la primera parte comienza algo sorpresivamente con una especie de "interrupción" del apóstol Juan quien habla a Jesús en nombre de los discípulos. No se ve claramente la relación de Mc 9,38-41 con lo anterior ni con lo que sigue, por ello se puede asumir que se  trata de una unidad independiente que Marcos conservó tal como se encontraba y la incrustó en este lugar. 

Ahora bien, lo que Juan informa a Jesús es que han visto a "uno" - que permanece anónimo -, expulsando demonios en su nombre y no es de sus seguidores; y por ello trataron de impedírselo. Se utiliza el verbo akolouzeō (akolouqe,w = seguir) que es propio de los discípulos; por tanto se lo excluye por no ser discípulo-seguidor de Jesús. 

Si bien Jesús nunca invocó su nombre al realizar sus exorcismos y curaciones, en el libro de los Hechos encontramos que los apóstoles realizan estos prodigios invocando el nombre de Jesús (cf. He 3,6; 9,34; 16,18). Al parecer era la costumbre invocar un nombre poderoso al realizar estas acciones. Por lo visto Juan piensa que no corresponde que invoque el nombre de Jesús si no pertenece al grupo de sus seguidores. 

La respuesta de Jesús es clara: "No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros" (Mc 9,39-40). 

En esta respuesta vemos que Jesús hace una valoración positiva de este personaje anónimo por cuanto lo invoca reconociendo el poder que encierra su nombre y, por ello, es evidente que no irá en contra, que no hablará mal de él. 

En la frase siguiente notamos que Jesús tiene un criterio todavía más abierto: el que no está en contra, está a favor. O sea que acepta diversos niveles o grados de adhesión a su persona valorándolos positivamente; mientras que considera como contrarios sólo a los que lo están abierta o explícitamente. 

El dicho que sigue avanza en esta postura maximalista por cuanto promete recompensa incluso a quien realice el menor gesto – como dar un vaso de agua – a favor de sus discípulos por el hecho de ser de Cristo. 

Este relato ofrece un nuevo ejemplo de la falta de comprensión de los discípulos, de su falta de sintonía con Jesús. Así como después del anuncio de la pasión por parte de Jesús ellos discutían sobre quién era el más grande; ahora aspiran a "tener la exclusividad sobre Jesús". 

La segunda parte agrupa una serie de cuatro dichos vinculados por tema común: el escándalo. De hecho, aunque la traducción no lo refleje del todo, el verbo "escandalizar" (skandalízomai) aparece en 9,42.43.45.47.- (Notamos que los vv. 44 y 46 se pasan por alto por una cuestión de crítica textual por cuanto faltan en los mejores manuscritos y se juzga que algunos testigos tardíos, en particular la Vulgata, los añadieron copiando 9,48). 

Recordemos que el sustantivo skándalon designaba originalmente el cierre de una trampa. En la Biblia griega (LXX) adquiere un sentido figurado: ocasión de ruina o de pecado; obstáculo con el que se tropieza. En el NT la idea original de caer en una trampa se mantiene en Rom 11,9, que cita el Sal 69,23. Fuera de este lugar, en general mantiene el sentido figurado de la LXX: ocasión de pecado, incitación a la apostasía o incredulidad. Lo que escandaliza es algo contra lo que se choca y que provoca indignación o protesta. El verbo escandalizar (skandalízomai), en voz activa, significa provocar escándalo en el sentido de ser ocasión de pecado, de caída o tropiezo, como en el caso de nuestro texto. 

Los cuatro dichos comienzan con oraciones en condicional (si alguien…si tu mano…) que se refieren a posibles situaciones de escándalo, seguidas de una acción que es preferible que suceda antes que el mismo escándalo o pecado. El primero tiene un contenido más propio mientras que los tres restantes están claramente en paralelo pues su contenido es casi idéntico. 

El primer dicho se refiere a no escandalizar a los pequeños que creen. Notamos que aquí se trata de alguien que escandaliza, que provoca escándalo por cuanto pone en ocasión de pecado o de hacer perder la fe a los "pequeños que creen". No es fácil determinar a quienes se refiere Marcos con esta expresión por cuanto es la única vez que la utiliza. En el texto paralelo de Mateo se habla por tres veces de estos pequeños (18,6.10.14) y da la impresión que se refiere a los recién convertidos, por tanto, pequeños en la fe, neófitos en la comunidad. Probablemente en Marcos se refiera también a los nuevos creyentes que todavía no han consolidado del todo su fe y, por ello, pueden perderla a causa del escándalo. Esta doble composición de la comunidad cristiana la encontramos en Corinto donde Pablo distingue entre los débiles - que son los recién convertidos y poco formados -; y los que tienen conocimiento o formación, los cuales con su libertad pueden escandalizar a los anteriores. (cf. 1Cor 8,7-13). Otros piensan, en cambio, que se refiere explícitamente a los niños, a los pequeños, pero es menos probable. 

La segunda parte del dicho señala que es preferible ahogarse en el río antes que escandalizar a los pequeños que creen. La medida nos puede parecer exagerada, al igual que los dichos siguientes cuando dicen que es preferible cortarse los miembros que pueden ser ocasión de pecado. Pero aclaremos de entrada que se trata de un modo de expresión llamado por algunos hiperbólico, el cual mediante la exageración busca llamar la atención del oyente/lector para que tome conciencia de la gravedad del escándalo. Este modo de expresión o lenguaje hiperbólico lo encontramos con frecuencia en los evangelios. J. Dupont5, teniendo en vista sus consecuencias para la ética, habla de "lenguaje simbólico" y sostiene que el mejor paralelo de este tipo de lenguaje lo encontramos en Jn 13,14 dónde Jesús manda a sus discípulos lavarse los pies unos a otros. El mandamiento es real pero se refiere a una actitud de humilde servicio que trasciende el gesto simbólico de lavar los pies.

En conclusión, justamente por tratarse una hipérbole o exageración, de un lenguaje simbólico, no puede tomarse a la letra.

Los tres dichos siguientes están en claro paralelo, como podemos ver:

Si tu mano es para ti ocasión de pecado
córtala
porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible
Y si tu pie es para ti ocasión de pecado
córtalo
porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena.
Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado
arráncalo
porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena,  donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Aquí el escándalo no viene de afuera, de un tercero, sino de la propia concupiscencia. Tenemos los miembros que pueden ser ocasión de pecado: mano, pie, ojo. Para la Biblia las manos simbolizan la obra del hombre; los pies su caminar, su andar y los ojos su deseo o proyecto. Si invertimos su orden tendríamos todo el proceso del pecado: primero el deseo o proyecto de pecar (ojo); luego la decisión de ir a pecar, de ponerse en camino hacia el pecado (pie); y finalmente el pecado como acción, como obra mala realizada (mano).

Ante la posibilidad real del pecado, Jesús manda una acción rápida y eficaz: cortar o arrancar. Sigue luego la motivación de esta acción drástica: es preferible perder uno de estos miembros que quedar fuera de la Vida o del Reino (son equivalentes) e ir a la condenación de la Gehena por mantenerlos. La Gehenna toma su nombre del valle de Ben Hinnon, al sur de Jerusalén, que con el tiempo se transformó en una especie de basural donde el fuego ardía siempre. De aquí que se haya tomado como imagen del lugar de la condenación eterna.

Por tanto, Jesús exhorta a evitar firmemente toda ocasión de pecado, con la motivación de la condenación escatológica (ser arrojado a la Gehena y quedar fuera del Reino/Vida).

2.¿Què mensaje nos trae este pasaje y què compromiso nos pide hoy, el Señor?

Mucha gente vive triste y amargada, renegando y protestando porque no ve justicia en este mundo. Les han matado a un familiar, los han encarcelado injustamente o los han expulsado de su lugar de trabajo por intrigas. Y cuantas injusticias mas podriamos decir que llenan a tanta gente de pesadumbre y las hacen resentidas y violentas. Porque cuando no ven la justicia es muy fácil caer en la tentación de volverse rencoroso y vengativo. ¿Acaso muchos guerrilleros no están ahí por un deseo insaciable de revancha ante las injusticias que han experimentado? ¿Y cuantas personas se vuelven crimninales porque la justicia no llega? ¿Existe la justicia en el mundo?¿De verdad hay justicia en el mundo? Al considerar el panorama que presenta la sociedad es fácil concluir que la justicia no existe.

Si embargo, nosotros los cristianos, tenemos como uno de los principios fundamentales de nuestra fe en creer en la justicia de Dios. Pues bien, es necesario distinguir, la justicia humana que reina en este mundo es frágil y limitada, y muy a menudo no llega o llega a mal. Pero existe otra justicia, la verdadera justicia, la justicia de Dios. Ella no falla, ella es definitiva y ante ella hemos de comparecer todos. 

Hay gente que afirma que todos nos salvaremos, lo cual significa que hagas el bien o hagas el mal, de todas maneras llegarás a la plenitud de Dios. Pero eso no es lo que nos dice la Sagra Escritura. Ella nos habla my claramente de la justicia de Dios, que ya está actuando cirtamente en el mundo, aunque aún no se ha manifestado plenamente.  Pero tengamos en cuenta esto: la justicia verdadera sólo viene de Dios. Además, Dios es el que hace justo al hombre. Nadie, realmente nadie es justo ante Dios y sólo los que se dejen justificar por El alcanzarán la plenitud que El ofrece.

El juzgará definitivamente al mundo entero: todo ser humano tendrá que responder ante el tribunal de Cristo. Dios es salvador e infinitamente misericordioso, pero El también es justo y esto quiere decir que respeta la conducta del hombre: si alguien opta por el mal, El no se lo impide, pero este optar por el mal significa rechazar a Dios mismo. Por lo tanto, quien rechaza a Dios ¿cómo puede llegar a la plenitud de Dios?

¿Cómo puede una persona que se abandona al mal, querer gozar de la misericordia y la protección de Dios?
El Nuevo Catecismo de la Iglesia dice: "El juicio final sucederá cuando vuelva Cristo glorioso... Entonces, El pronunciará por medio de su  Hijo Jesucristo, su palabra definitiva sobre toda la historia. Nosotros conoceremos el sentido úlitmo de toda la obra de la creación y de toda la economía de la salvación, y comprenderemos  los caminos admirables por los que su Providencia habrá conducido todas las cosas a su fin último. El Juicio Final revelará que la justicia de Dios triunfa de todas las injusticias cometidas por sus criaturas y que su amor es más fuerte que la muerte".

Por lo tanto, no es verdad que la justicia no exista y que no haya de reinar un día definitivamente y que, entonces, tantas injusticias que vemos, en este mundo serán superadas porque reinará la verdad de Dios y no las mentiras que ahora nos imprimen. Mentiras como sabemos de todo el orden, y que crean terribles injusticias. 

Entonces: "Si tu mano te está haciendo caer, córtatela; pues es mejor para ti entrar con una sola mano en la vida, que ir con las dos a la gehenna, al fuego que no se apaga.
Pues es mejor para ti entrar cojo en la vida que ser arrojado con los dos pies a la gehenna.
Pues es mejor para ti entrar con un solo ojo en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos al infierno, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga." ¿Qué significa cortarse la mano o el pie, o sacarse el ojo? Pues aquello que te impide ser justo con tu prójimo, debes arrancarlo de tí, aunque te duela tanto como si te cortaras el brazo o arrancaras el ojo.

3.¿Què respuesta le voy a dar hoy al Señor?
  • ¿Qué aspectos del pasaje amplían nuestra forma de comprender a Jesús?
  • ¿La fe es algo que sentimos y vivimos en privado o se expresa también como compromiso a los demás?
  • ¿Qué actitudes nos invita a adoptar el Evangelio de hoy?



Fuente: Varios Autores


Sìntesis: Jorge Mogrovejo M.

Comentario al Evangelio del Domingo 27 de marzo del 2022

 IV Domingo de Cuaresma. 28/03/2022 Pericopa: Lc 15,1-3.11-32  En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para es...