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domingo, 5 de agosto de 2018

Comentario al Evangelio del XVIII Domingo de Tiempo Ordinario (5 de Agosto del 2018)

DOMINGO XVIII B 5 Agosto 2018
Evangelio según San Jn 6,24-35

"Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron en los botes y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús. Lo encontraron a la otra orilla del lago y le preguntaron: Rabí, ¿cuándo llegaste aquí Jesús les respondió: Os aseguro que me buscáis, no por las señales que habéis visto, sino porque os habéis hartado de pan "Trabajad no por un sustento que perece, sino por un sustento que dura y da vida eterna, el que os dará este Hombre. En el Dios Padre ha puesto su sello. Le preguntaron: ¿Qué hemos de hacer para trabajar en las obras de Dios? Jesús les contestó. La obra de Dios consiste en que creáis en el que él envió. Le dijeron: ¿Qué señal haces para que veamos y creamos? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo. Les respondió Jesús. Os lo aseguro, no fue Moisés quien os dio pan del cielo, es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo. El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre de ese pan. Jesús les contestó: Yo soy el pan de la vida el que acude a mí no pasará hambre el que cree en mí no pasará nunca sed."


1.- ¿Qué nos quiere decir Juan en este evangelio?

Para poder seguir el hilo de la narración del evangelio de hoy hay que notar que en Jn 6,16-23 (que la lectura litúrgica ha salteado) se cuenta que al atardecer los discípulos bajan a la orilla y se embarcan hacia Cafarnaúm que está en la otra orilla. Cuando anochece Jesús va caminando sobre las aguas y alcanza la barca con los discípulos que estaba llegando a la otra orilla. A la mañana siguiente "cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús" (Jn 6,24). Por tanto la escena del evangelio de hoy se desarrolla "en la otra orilla", en Cafarnaúm, dónde la multitud ha encontrado finalmente a Jesús. Y como no lo habían visto partir en la barca con sus discípulos, al encontrarlo, lo primero que le preguntan es: "Maestro, ¿cuándo llegaste?" (6,25).

L. H. Rivas nos informa que el título de Maestro o Rabí aparece en el evangelio de Juan en labios de personas que tienen una fe muy débil (cfr. 1,38.49; 3,2; 4,31; 9,2; 11,8; 20,16). Como vimos el domingo pasado, después de la multiplicación de los panes algunos pensaban que era el profeta que debía venir; otros querían hacerlo rey; ahora lo consideran un “maestro” más entre los judíos.

Jesús no les responde la pregunta sino que les cuestiona la motivación por la cual lo buscan: no por haber visto el signo sino porque "comieron de los panes y se saciaron"; o sea, porque solucionaron el problema de la alimentación diaria. Ya la retirada de Jesús cuando pensaban hacerlo rey ponía de manifiesto su molestia ante esta falta de fe de los judíos mientras que ahora se los dice abiertamente: no supieron ver e interpretar como signo la multiplicación de los panes. Recordemos las características de la fe en el evangelio de Juan según el Card. Martini: "la fe, tal como Juan nos la describe, no logra su objetivo sino por medio de testimonio o de signos; por eso, ella realiza, en su estructura esencial, dos condiciones: capacidad de interpretar correctamente los signos como tales, y capacidad de ir más allá de los signos".

Por tanto, los judíos no han interpretado el signo ni han podido ir más allá del mismo. Se quedaron en el hecho externo y en el efecto subjetivo favorable que les produjo: comieron y se saciaron. Y punto.

Jesús completa el cuestionamiento anterior con una propuesta: obrar no por alimento perecedero sino por el que permanece hasta la vida eterna. Aparece aquí algo típico del evangelio de Juan como es hablar en dos niveles de realidad y de significación. Por una parte tenemos el pan o alimento común. Pero existe otro alimento que no se destruye¿Y quién les dará este alimento? El "hijo del hombre", título que Juan reserva para referirse a Jesús en su condición gloriosa. Y podemos confiar en Él porque ha sido "sellado" por el Padre, tiene el sello de Dios que lo acredita. El verbo aquí utilizado (sfragizein) significa primeramente marcar con el sello; pero Juan lo utiliza en 3,33 con el sentido de certificar, es decir, dar certeza: "El que recibe su testimonio certifica que Dios es veraz". Por tanto, el sentido aquí sería que el Padre nos da la certeza de que Jesús puede darnos el alimento que permanece hasta la Vida eterna.

Jesús les había hablado de obrar o trabajar (verbo ergázomai) por el alimento que no perece. Ahora "ellos" le preguntan: “¿Qué debemos hacer para obrar (rergázomai) las obras (érga) de Dios?” Si leemos esta pregunta en el trasfondo del mundo judío de aquel tiempo la misma podría referirse, como sostiene L. H. Rivas , a las obras de la Ley, es decir, las obras mandadas por Dios en su Ley o Torá. Y como la respuesta de Jesús se refiere a la fe tendríamos entonces en el evangelio de Juan un reflejo de la polémica entre las obras de la ley y la fe tan presente en San Pablo y en el cristianismo primitivo.

Lo cierto es que la respuesta de Jesús nos orienta claramente hacia la fe en Él, pues "la obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado" (6,29).

Siguiendo con el doble nivel de significación vemos entonces que hay un pan, una vida y una obra o acción humana destinada a perecer, no durable; mientras que hay también un pan, una vida y una obra o acción humana perdurable, no perecedera. Ambas vienen de Dios, pero está última es el don superior y definitivo que el Padre nos da en Jesús.

Jesús les ha pedido a los judíos que crean en él como “el enviado del Padre”. Entonces, ellos quieren ver un signo y una obra por parte de Jesús como condición para poder creerle (“¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas?” Jn 6,30). Y ponen como ejemplo de signo y de obra el maná que Dios les dio de comer a sus antepasados por intercesión de Moisés, como nos cuenta la primera lectura de hoy. En san Juan se cita la referencia a este hecho presente en el Salmo 78,24. Importa notar que “en Israel todos sabían que en tiempos del Mesías se repetiría esa donación del maná por parte de Dios y los judíos esperaban ese alimento celestial prometido para la era mesiánica […] En la tradición rabínica Moisés era presentado algunas veces como el tipo del Mesías. Se esperaba, por eso, que como Moisés, el Mesías al tiempo de su venida alimentara al pueblo con el maná y calmara la sed con el agua”.

Con esta pregunta de los judíos hemos vuelto al principio, al tema del signo y de la obra. Puede que haya cierta ironía en la forma en que Juan presenta el asunto poniendo de relieve la falta de entendimiento entre Jesús y sus interlocutores, algo típico también en este evangelista. Es que no sólo hay dos órdenes de realidad, sino también de comunicación. Jesús hizo un claro signo: la multiplicación de los panes. Ahora les toca realizar la obra a los judíos: simplemente creer en Jesús como enviado del Padre. Por su parte los judíos piden ver un signo y una obra de Jesús para creerle.

Jesús redobla la apuesta y les contesta que no fue Moisés sino su Padre el que da el verdadero pan del cielo. De modo indirecto se ha proclamado como hijo de Dios, a quien se ha referido como “mi” Padre. Al mismo tiempo notemos que el verbo dar está en presente: el Padre es el que da, está dando ahora; y lo que da es el verdadero pan del cielo. Por tanto, el alimento que recibieron en el desierto (y en la multiplicación de los panes) es sólo imagen- signo del verdadero pan de Dios que desciende del cielo y da Vida al mundo.

Con esto último Jesús logró su objetivo de hacerles desear este pan de Dios pues lo piden utilizando el vocativo "Señor" (kurie); y piden que se los dé siempre.

A este pedido sigue entonces la proclamación de la identidad entre el pan y Jesús: "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed" (6,35).

Recordemos que para el evangelista Juan los signos que Jesus realiza son mucho mas que hechos prodigiosos. Son flechas indicadoras que señalan hacia Él revelándonos su verdadera identidad, aunque pueden ser maltinterpretados como al quererlo proclamar Rey luego de la multiplicación de los panes. También el Evangelio de hoy Jesús sospecha que la gente sigue sin entender nada. Por eso toma la palabra y comienza un largo discurso en el que se refiere expresamente al signo que ha realizado, aunque se parece más bien a un diálogo por las preguntas y observaciones de los oyentes. Jesús se dirige a judíos y por lo tanto hay referencias al Antiguo Testamento, a lo que hizo Moisés en el desierto, que ocurre ahora nuevamente, superado por Jesús.

Esta forma de usar el malentendido es propia del cuarto Evangelio y permite volver continuamente a la misma idea central -la que no se entiende o se malinterpreta- para perfilar con mayor nitidez su significado de ahi que existen 3 rasgos que definen la identidad de Jesus:
  • Jesús es el enviado del padre para realizar su obra
  • Jesús es el pan de vida
  • Lo que se pide al hombre es que crea en Él

Rasgos que también se repetirán en la siguiente semana y que se explicará mejor en la siguiente semana es la revelación fundamental hacia la que apuntaba el signo de la multiplicación: Yo soy el pan de la vida.



2.- ¿Qué mensaje nos trae este evangelio y qué compromiso nos pide, hoy, el Señor?

Como la gente sigue al señor, estamos invitados en entrar en díalogo con él, al plantearle nuestras dudas, aunque sirvan para poner en entredicho nuestras falsas imágenes y esperanzas con respeto al Señor.

Lo que Dios espera de vosotros es que creaís en aquel que Él ha enviado.

Esforzaos por conseguir el alimento permanente que da la vida eterna.

Cuando Jesús habla del “pan del cielo”, los judíos no entienden que ese pan de vida es él. Están pensando únicamente en un nuevo maná milagroso. ¿Se puede creer desde el bienestar? Son muchas las personas, que, aspiran como ideal último de su existencia al bienestar y al buen-vivir. Para ellos, lo importante es vivir cada vez mejor, disfrutar de seguridad, tener salud, amor y dinero. Pero el ideal del bienestar crea un modo de vivir tan superficial, tan insensible y ciego que ahoga las dimensiones más profundas del ser humano. Y solo queda sitio para un dios milagrero, donde lo religioso se convierte, con frecuencia, en mero alivio de frustraciones y de problemas individuales. Buscamos a Dios como un elemento más de seguridad personal, al servicio del ideal del bienestar.

Creer en Dios y en su enviado, trabajar por el alimento que da una vida sin término, aceptar que Jesús es el pan de vida, se ha convertido en algo innecesario, superfluo y que carece de interés. Muchos viven al margen de todo ello. El lugar que ocupaba anteriormente la fe religiosa, ha dejado en muchas personas un vacío difícil de llenar y un hambre que debilita las raíces mismas de su vida.

A la larga no se puede vivir con ese vacío interior sin escoger nuevos dioses. Buscamos un líder que nos ahorre esfuerzos y realice el milagro que necesitamos.

La gente busca a Jesús: no como liberador-salvador, sino como solucionador milagroso de problemas. Pero para tener vida se requiere adhesión al proyecto de Dios y a Cristo que es el pan que de vida al mundo. Este pasaje nos dice que creer en Dios significa ser libre para amar la vida hasta el final. Buscar la salvación total sin quedarse satisfecho con una vida fragmentada.

Dar nuestra adhesión a Jesús, el enviado de Dios, dando sentido último a nuestro vivir diario. Vivir en plenitud para poder contagiar esa vida a los demás. El camino hacia el Dios de la vida no es fácil y nos desalienta el esfuerzo. Vamos de un sitio a otro en busca de soluciones fáciles y milagrosas.

Por esa razón Jesús dice a la gente: “No me buscáis porque hayáis percibido las señales, sino porque habéis comido pan hasta saciaros”. Trabajad por …..

En las circunstancias que vivimos oscuras y tormentosas buscamos seguridades. Las obras de Jesús nos hacen conocer que Dios es vida. Nuestras propias obras harán saber a otros que creer en él es no tener miedo, y que es necesario seguir caminando hacia la promesa de libertad y de vida. Cuando se pasan días, semanas y años enteros sin vivir de verdad, solo con la preocupación de seguir funcionado, o aferrados al bienestar, no debería pasar inadvertida la afirmación interpeladora de Jesús: “Yo soy el pan de vida”.

La Palabra que escuchamos y la eucaristía que compartimos y comemos, deben ayudarnos a ir más allá de los ritos, convirtiéndolos en fuente de nuestro compromiso para crear la nueva humanidad, la familia de los hijos de Dios. Debemos dejarnos interpelar por Jesús. Escuchar sus palabras y dejar que resuenen dentro de nosotros. No pasar por alto su mensaje aunque rompa nuestros esquemas. No cerrarnos a lo nuevo. Mantenernos con los oídos atentos, con el corazón dispuesto y con el espíritu abierto.

3.-¿Qué respuesta le voy a dar hoy, al Señor?


  • El Cristo de mi fe, ¿es el Cristo que se autopresenta en el evangelio de hoy?
  • El Cristo de mi fe, ¿es el Cristo que me saca de apuros con sus milagritos, o es el Cristo que da sentido a mi vida, y me hace protagonista de mi destino?
  • ¿Qué exigencias me plantea el Cristo del evangelio de hoy?

  • ¿Hasta que punto la palabra de Dios es mi pan cotidiano?

  • ¿Como me ayuda la Eucaristia a alimentar mi experiencia de fe?

Fuente: Varios
Síntesis: Jorge Mogrovejo Merchán.

domingo, 29 de julio de 2018

Evangelio del XVII Domingo de Tiempo Ordinario (29 de Julio del 2018)

Domingo XVII Ciclo B. 29 Julio 2018
Evangelio según San Juan 6,1-15
"Después de esto pasó Jesús a la otra orilla del lago de Galilea, el Tiberíades. Le seguía un gran gentío, porque veían las señales que hacía con los enfermos. Jesús se retiró a un monte y allí se sentó con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. Levantando la vista y viendo el gentío que acudía a él, Jesús dice a Felipe: ¿Dónde compraremos pan para darles de comer? Lo decía para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le contestó: Doscientas monedas de pan no bastarían para que a cada uno le tocase un pedazo. Uno de los discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dice: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados; pero, ¿qué es eso para tantos? Jesús dijo: Hagan que la gente se siente. Había hierba abundante en el lugar. Se sentaron. Los hombres eran cinco mil. Entonces Jesús tomó los panes, dio gracias y los repartió a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados: dándoles todo lo que quisieron. Cuando quedaron satisfechos, dice Jesús a los discípulos: Recojan las sobras para que no se desaproveche nada. Las recogieron y, con los trozos de los cinco panes de cebada que habían sobrado a los comensales, llenaron doce canastas. Cuando la gente vio la señal que había hecho, dijeron: Éste es el profeta que había de venir al mundo. Jesús, conociendo que pensaban venir para llevárselo y proclamarlo rey, se retiró de nuevo al monte, él solo"
 
1.- ¿Qué nos quiere decir Juan en este evangelio?
 
En el evangelio según San Juan tenemos 5 capítulos dedicados a la última cena (Jn 13- 17), pero no aparece allí ninguna mención explícita de la institución de la Eucaristía. Pero este silencio sobre la institución no es silencio sobre la Eucaristía ya que nos regala una profunda catequesis mistagógica sobre la misma en el capítulo sexto.

Este capítulo comienza narrando la multiplicación de los panes y peces (6,1-15); relato que está presente también en los tres sinópticos (Mt 14,13-21; Mc 6,30-44; Lc 9,10-17). Sigue luego otro milagro: Jesús camina sobre las aguas (6,16-21). Después de un breve intermedio narrativo que sitúa a Jesús y a la multitud en Cafarnaúm (6,22-24), tenemos una larga sección dialógico-narrativa (6,25-71) que alterna discursos de Jesús con diálogos con los judíos y con sus discípulos.

En cuanto al mensaje de esta unidad literario-teológica S. Muñoz León destaca las siguientes dimensiones:
  • Dimensión cristológica: es la principal y presenta a Jesús como pan bajado del cielo (Encarnación); pan de la vida (Salvador-Redentor); el que da su carne como alimento por la vida del mundo (Muerte redentora); el hijo del hombre que sube donde estaba antes (Resurrección-Ascensión); el Santo de Dios.  
  • Dimensión soteriológica: aparece en las expresiones vida, vida eterna, no tener hambre, no tener sed. Jesús aparece como dador de la verdadera vida cuya fuente es Dios.  
  • Dimensión antropológica (teológica): se insiste en la necesidad y naturaleza de la fe como obra de Dios que el hombre debe recibir con Don-Gracia y elegir con libertad. 
  • Dimensión sacramental: está presente en toda la sección de modo progresivo por cuanto comienza a vislumbrarse en el signo de la multiplicación de los panes para terminar con la presentación de la carne y sangre de Jesús como verdadero alimento y verdadera bebida.  
  • Dimensión eclesiológica: insinuada en las doce canastas sobrantes de pan y patente en la confesión de fe de Pedro en nombre de los doce apóstoles.
En síntesis: "El conjunto del capítulo es una invitación urgente a la fe y al sacramento: a la fe en la persona de Cristo y a la comunión con El por el sacramento eucarístico".

En 6,1-4 se nos ofrece una clara "composición de lugar, de actores y de tiempo". O también, como sugiere F. Moloney, se responde a las clásicas preguntas: “¿dónde? ¿cuándo? ¿quién? y ¿por qué?”. El escenario (dónde) se desarrolla la narración es la orilla del mar de Galilea o Tiberíades; hay una multitud que sigue a Jesús atraída por los "signos" que obró con los enfermos (por que); Jesús y sus discípulos están sobre un monte (quienes); está cerca la Pascua, la fiesta de los judíos (cuándo).

Esta referencia a la Pascua de los judíos, más el cruce a la otra orilla y el ascenso de Jesús al monte, son una invitación a leer el relato que sigue en el trasfondo de la narración del éxodo. Todo esto se confirmará luego con la multiplicación de los panes y el caminar de Jesús sobre las aguas, más las referencias explícitas en el discurso a Moisés y al maná.

En 6,5-9 tenemos un diálogo de Jesús con Felipe y Andrés, dos de los apóstoles, que nos descubre la situación de carencia que requerirá del milagro de Jesús para ser salvada. A diferencia de los relatos paralelos en los sinópticos, aquí es Jesús quien, viendo la multitud, se percata de la necesidad de alimentar a la gente y de la escasez de recursos. En cuanto a esto último Felipe calcula el dinero que necesitarían (200 denarios) y Andrés declara lo que tienen en concreto: una donación hecha por un niño (5 panes de cebada y 2 pescados). La conclusión es evidente: "¿qué es esto para tanta gente?".

En 6,10-11, a pesar de la desproporción entre la necesidad y los recursos, Jesús entra rápidamente en acción. Hace sentar a la gente y se precisa que son cinco mil hombres y que había mucha hierba verde en el lugar, lo que puede ser una referencia al Sal 23,2 (“en verdes praderas me hace recostar”). Luego Jesús "toma" el pan, "da gracias" y "lo entrega" a la gente. Estos gestos de Jesús, en particular el "dar gracias" nos remiten a la Cena Pascual judía y también a la celebración eucarística cristiana.

En 6,12-13, por indicación de Jesús, entran en acción los discípulos a quienes toca recoger lo sobrante. Notemos que no sólo alcanzó para todos, quienes se "llenaron" bien, sino que también sobró mucho. Con todo esto se resalta la abundancia de la comida y se haría referencia al Sal 23,1: “el Señor es mi pastor, nada me falta”. En cuanto al número de canastos que se llenaron con los pedazos sobrantes, doce, es difícil no ver una relación con el grupo apostólico identificado con este número más adelante (cf. Jn 6,67.70.71).
 
En 6,14-15 tenemos la reacción de la gente ante el "signo" de la multiplicación de los panes. En primer lugar dicen: "Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo." Hay aquí una clara referencia a Dt 18,15.18, texto mesiánico por cuanto anuncia la venida de un profeta como Moisés. Esto es sumamente significativo por cuanto "el contexto fundamental en que se sitúa todo el capítulo es la comparación entre Moisés y Jesús: Jesús es el Moisés definitivo y más grande, el «profeta» que Moisés anunció a las puertas de la tierra santa (Dt 18,18)".

En segundo lugar se narra que "querían apoderarse de él para hacerlo rey". También aquí hay una expectativa mesiánica de tipo temporal-terrenal en referencia al sucesor de David que vendría a liberar al pueblo de sus males y devolverle la gloria a Israel. Según L. H. Rivas, puesto que no se trata de reconocerlo como rey que venía de Dios, sino de "hacerlo rey", "esto equivaldría a colocarlo como cabecilla de una revolución tendiente a expulsar a los romanos y a restaurar el reino de Israel […] Jesús no se involucró en el mesianismo político terrenal. Su reino no tenía su origen ni su fuerza en este mundo. 

La sección termina señalando que Jesús volvió-huyó al monte, esta vez solo.

Como bien dice G. Zevini: “Cuando el hombre no deja sitio para la búsqueda sincera del don de Dios, no consigue leer el acontecimiento como palabra de salvación y no se abre a la fe. Ante este grave equívoco de mesianismo, a Jesús no le queda más remedio que retirarse a la soledad del monte para orar, para huir de la gente que quiere apoderarse de él a fin de convertirlo en un rey terreno. Aquí es donde comienza aquella progresiva deserción de la gente que se narra en este capítulo, hasta que Jesús se queda sólo con los Doce”.

En síntesis: teniendo en cuenta que este relato tiene como trasfondo dos narraciones del Antiguo Testamento: la multiplicación de los panes por parte del profeta Eliseo (2Re 4,42- 44) y el don del maná en el desierto (Ex 16,13-35), el mensaje es que Jesús posee la autoridad y el poder de los antiguos profetas y hombres de Dios como Moisés y Eliseo. Sí, pero es mucho más que ellos, pues tiene más para dar a los hombres: otro pan y otra vida.
 
 
2.- ¿Qué mensaje nos trae este pasaje y qué compromiso nos pide, hoy el Señor? 
Detrás de los signos que Jesús hace se esconde siempre una revelación sobre su identidad ¿Qué aspectos de su misterio personal entiendo mejor gracias al Evangelio de Hoy?
 
El Señor sigue hablando y realizando signos, otra cosa es que nosotros sepamos interpretarlos. ¿Cómo percibo su mensaje a través de los signos de los tiempos en los que Él sigue manifestando?
 
Jesús se hace cargo de la necesidad de la gente y trata de darle una respuesta. ¿Qué tiene que ver este signo con nosotros?¿Cómo nos ayuda a enfocar nuestro compromiso cristiano en medio de un mundo donde hay tantas personas que no tienen lo necesario para vivir con dignidad? "Aquí hay un muchacho que tiene 5 panes de cebada y dos peces. ¿Pero qué es esto para tanta gente?" ¿Cómo me animan esas palabras a poner lo "poco" que soy al serivcio de los demás?
 
El signo de la multiplicación despertó la esperanza de la gente porque muchos pensaron que en él se cumplían las expectativas mesiánicas ¿que signo de esperanza me invita a ofrecer ese gesto de Jesús?
 
La iniciativa es de Jesús. Nadie le pide que se encargue de alimentar a toda esa multitud. Esto es significativo para su misión. Jesús actúa por sí mismo, sin necesidad que le den órdenes o que le dirijan oraciones. Jesús actúa por su propia iniciativa, en conformidad con la voluntad del Padre.

La multiplicación de los panes, mencionada seis veces por los cuatro evangelistas, constituye un signo clave del proyecto de Jesús, que ha de interpretarse en clave social y eucarística. 

En clave social: Jesús alimenta a una muchedumbre hambrienta. Tan necesario como alimentase es dar de comer a los demás, sobre todo a los pobres. Es la única forma de transmitir el evangelio y poder hablar de Dios. Sin reparto de comida y bebida no hay comunidad, no hay buena noticia, no puede haber eucaristía.

En clave eucarística: Ningún evangelista ha subrayado tanto como Juan el carácter eucarístico de la multiplicación de los panes. El relato evoca claramente la celebración de la cena del Señor en las primeras comunidades: Jesús toma los panes, pronuncia la acción de gracias y los reparte.

La eucaristía es la cena del Señor. Para los primeros cristianos era una vivencia anticipada de la fraternidad del Reino. Hoy, sin duda, tenemos que recuperar la eucaristía como signo y vivencia de comunión con Cristo, para que sea comunión y vivencia entre nosotros. Hemos ritualizado la celebración y la hemos vaciado de su contenido. Pero hay algo claro en la tradición de la Iglesia: Cuando falta fraternidad en la eucaristía, cuando no hay justicia, cuando no se vive en solidaridad, cuando hay despreocupación por el otro, la celebración eucarística queda vacía de sentido.

La rica teología del relato de la multiplicación de los panes debe tener una resonancia muy particular para estos tiempos de crisis, agotamiento de recursos energéticos, escasez de trabajo y miseria creciente en el tercer mundo.

¿Cómo resolver el problema de la subsistencia de personas y pueblos enfrentados a una situación de y falta de los bienes básicos necesarios para una vida digna? El relato evangélico propone una primera solución insuficiente e inviable: No bastarían doscientos denarios para comprar un pedazo de pan para cada uno. La solución no está en el dinero. Jesús orienta sus discípulos por otro camino que no crea nuevas dependencias de opresión y explotación: Una solución enormemente sencilla y que consiste en compartir con los necesitados lo que tenemos cada uno, aunque sea poco y desproporcionado con la magnitud del problema, como los cinco panes y los dos peces de aquél muchacho.

Pero no podemos olvidar algo que el relato quiere subrayar. Jesús, antes de comenzar a repartir el pan, pronunció la acción de gracias al Padre. Solo cuando reconocemos que nuestros bienes son don del Padre a la humanidad, podremos ponerlos al servicio de los hermanos.

No es posible reconocer a Dios como Padre de todos y fuente de nuestros bienes y seguir acaparándolos egoístamente, desentendiéndonos de las personas sumidas en la miseria. La vida no se nos ha dado para hacer dinero, sino para hacernos hermanos. La vida consiste en aprender a convivir y a colaborar en la larga marcha de todos nosotros hacia la auténtica fraternidad. 
 
3.- ¿Qué respuesta le voy a dar hoy al Señor?
¿La Eucaristía sacramento de la fraternidad nos compromete a vivir la vivir la solidaridad?
¿Formamos comunidades, en medio de nuestra sociedad actual, que reflejan la manera de ser de Jesús: en la fraternidad y la solidaridad?
¿Compartir el Pan eucarístico de Jesús, me compromete a compartir mi pan con los hermanos?
 
 
 
Fuente: Varios autores
Transcripcion: Jorge Mogrovejo M.

                      



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