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domingo, 3 de marzo de 2019

Comentario al Evangelio del VIII Domingo de Tiempo Ordinario (3 de Marzo del 2019)


Domingo VII Ciclo C 3 de Marzo 2019
Evangelio Lc 6,27-38
                A ustedes que me escuchan yo les digo: Amen a sus enemigos, traten bien a los que los odian; bendigan a los que los maldicen, recen por los que los injurian. Al que te golpee en una mejilla, ofrécele la otra, al que te quite el manto no le niegues la túnica; da a todo el que te pide, al que te quite algo no se lo reclames.  Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman a sus amigos. Si hacen el bien a los que les hacen el bien, ¿qué mérito tienen? También los pecadores lo hacen. Si prestan algo a los que les pueden retribuir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan para recobrar otro tanto. Por el contrario, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Así será grande su recompensa y serán hijos del Altísimo, que es generoso con ingratos y malvados. Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados. Perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán una medida generosa, apretada, sacudida y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan serán medidos.
1.- ¿Qué nos quiere decir Lucas en este evangelio?
            El Evangelio de hoy es la continuación de los ejemplos del domingo pasado y debemos leerlo a la luz de las Bienaventuranzas. El amor a los enemigos es el núcleo más original y revolucionario, es el culmen del Evangelio. Tanto por las exigencias que representan ese salto cualitativo en la escala de valores, como por las motivaciones que nos ofrece: “sean perfectos como vuestro Padre del cielo es perfecto”, y “así serán hijos de vuestro Padre del cielo”.

            El estudio de este pasaje nos sitúa en el centro del evangelio de Jesús y nos descubre el verdadero sentido de Dios y de la vida de los hombres. El judaísmo ofrecía una norma de justicia para tratar a cada uno según su comportamiento. El marxismo, con su dialéctica de la revolución, practica la destrucción del enemigo para alcanzar la armonía final. En todos los sistemas políticos se defiende el interés de los grupos de poder sobre el derecho de los pobres. Y a todo nivel, el egoísmo humano, tan arraigado en el corazón, vive el amor a los demás solo cuando representa un valor para su propia vida.

            Frente a estas concepciones, el evangelio de Jesús nos ofrece un ideal de nitidez y fuerza escalofriante: “Amen a sus enemigos”. Jesús reconduce los mandamientos a su raíz y su objetivo último: el servicio a la vida, a la justicia, al amor, a la verdad. No opone a la Ley antigua unanueva ley, sino que la transforma y la lleva a una radicalidad sin precedentes, rompiendo todos los moldes y criterios humanos. En el centro de este pasaje del “Sermón de la llanura” está el respeto sagrado a la persona y la denuncia contra todo aquello que, aún camuflado de artificio legal, atente contra la dignidad del ser humano.



            Es muy duro lo que nos pide Jesús. Si nos hubiera dicho que no  devolvamos mal por mal, que no nos venguemos, o que no recurramos a la violencia. O incluso que perdonemos, como en el caso de David…. Pero Jesús nos pide que perdonemos a nuestros enemigos. Su enseñanza nos interpela y nos invita cambiar nuestro estilo de vida. El odio y el rencor son malos consejeros y pueden bloquear el corazón. La no-violencia es la única respuesta para romper la escala de odio y deseo de venganza   

            Las leyes humanas fueron humanizando el trato con el enemigo desde (Gn 4,24), con un 77x 1, que hace justicia con 77 muertos por 1 muerto. En (Gn 4,15), con 7x1, ya es menos duro el castigo. La Ley del Talión del Código de Hammurabi, rey de Babilonia, hacia el año 1760 a.C. frena la violencia, pone límite a la venganza y hace más humana, la convivencia exigiendo que el castigo no sobrepase la ofensa.


¿No será utópica una sociedad sin esta ley? En realidad, la ley del Talión ha existido en todas las culturas, como mecanismo para que la sociedad controle el caos de una violencia indiscriminada. Su cruda aplicación ha desaparecido de nuestro mundo actual, pero la ley del Talión, por más sofisticada que se muestre en nuestros comportamientos individuales o en los códigos legales, sigue vigente y es considerada necesaria para asegurar una aceptable convivencia humana. Esta violencia legalizada y más o menos controlada parece ser la única respuesta para hacer frente a todo otro tipo de violencia que amenace al individuo, o a la colectividad. Un ejemplo de estas contradicciones, es la pena de muerte.

Jesús propone la subversión de este principio porque corrompe las relaciones de las personas entre sí y con Dios. Este cambio radical sólo podrá partir de la fuerza creadora del amor y será la única respuesta que pondrá fin a toda violencia. No sólo se trata de una no-violencia pasiva, sino activa: “amad a vuestros enemigos”. Esta es la utopía evangélica que propone el Sermón de la Llanura: el amor a todos, tal y como es el amor de vuestro Padre del cielo. El amor no tiene límites como no tiene límites la perfección a la que debemos aspirar. Este ideal de convivencia humana no se basa en la pura filantropía humana, ni por la afinidad temperamental, sino por la imitación de Dios: “sed perfectos como es perfecto vuestro Padre del cielo”. Imitando de esta manera a Dios podremos crear una sociedad justa, radicalmente nueva, marcada por el mandamiento nuevo: Que nos amemos como Cristo nos amó.

Amar sin esperar respuesta, dar sin esperar recompensa, devolver con bien los males recibidos es algo tan novedoso que los primeros cristianos tomaron una palabra griega, “Ágape” para expresar ese contenido. Ágape, amor, para los griegos, consistía en aspirar a la propia plenitud humana. Pero, los cristianos, cambiaron el contenido de la palabra: el amor no es aspirar a la propia plenitud humana, sino, amor es el sacrificio de dar la vida por los otros. Amar es comprometerse a hacer feliz a la persona amada.

Desde esta perspectiva, el amor al enemigo no es un dato marginal, sino el centro del amor cristiano. Todas las demás actitudes esconden egoísmo y búsqueda del propio yo a través de los demás. Sólo cuando se da sin esperar recompensa, cuando se ama sin que el otro lo merezca, cuando se pierde para que el otro gane, sólo entonces se ha llegado comprender y asumir el misterio del amor que nos enseña y nos ofrece Cristo. Vivir esta realidad significaría la verdadera revolución de nuestra historia.
2.- ¿Qué mensaje nos trae este evangelio y qué compromiso nos pide, hoy, el Señor?
Tal vez nos parezca que nuestra sociedad aún no está preparada para que la ley evangélica del amor sustituya a la Ley del Talión; pero precisamente porque hemos tocado fondo en los horrores de la violencia y porque la violencia se ha institucionalizado, Jesús nos invita, hoy, a poner en práctica la utopía del amor evangélico como levadura que producirá el cambio: “si te dan una bofetada …  si te quitan” … Las respuestas podrán parecer absurdas; pero solo ellas llevan en sí el poder de cambiar el mundo.

Cuando nos sentimos ofendidos, tenemos una doble opción: o adoptar una postura de venganza más o menos declarada, o perdonar, asumiendo con humildad todo lo que haya habido de ofensa. Esta página de Lucas tiene el inconveniente que se entiende demasiado, pero resulta difícil llevarla a la práctica. Por eso Jesús nos avisa de que “la medida que usemos la usarán con nosotros”. Si pedimos que nos perdone como nosotros perdonamos, deberemos imitar en nuestra vida, su corazón misericordioso. 

            El amor a los enemigos nos señala la voluntad de Dios y la cima de perfección a la que se nos invita. No podemos quedarnos en una lectura literal de los textos, sin entender y asumir el espíritu radical de las palabras de Jesús que invitan a salir de la mezquina dinámica de la venganza y los mínimos morales y entrar en la generosa dinámica del amor sin fronteras ni límites.

            Jesús nos invita a renunciar a toda violencia, no a la acción de la justicia. La no-violencia no se identifica con la no-justicia.  Los derechos humanos son irrenunciables porque marcan los límites de la convivencia humana. Debemos descubrir el mensaje del Evangelio, sin confundirlo con el lenguaje y sin interpretar ciertas expresiones verbales al pie de la letra. Jesús reclamó sus derechos cuando en el juicio ante Caifás, le abofetearon. No presentó la otra mejilla, sino que reclamó: “por qué me pegas”. No toleró la hipocresía de los que llamó “sepulcros banqueados”, ni la frivolidad de Herodes a quien llamó “zorro”.

            Lo que Jesús quiere subrayar es que el mal no se elimina sumando otro mal, sino con el contrapeso del bien: con el amor, el perdón y también con la justicia. Mirar hacia dentro del corazón, donde brotan los sentimientos de “autodefensa”, para compararlos con el ideal evangélico. Nos parece normal el “ojo por ojo” para responder con violencia a la violencia; pero la violencia genera más violencia. “Ganarse un enemigo es la mejor manera de destruir un enemigo”.

            Lo importante es saber qué es lo que se pide y qué no se pide cuando se manda amar a los enemigos. Los sentimientos no los podemos controlar, se escapan de nuestra libertad; pero sí podemos controlar las ideas, los pensamientos. Aunque mi corazón esté lleno de sentimientos de venganza, yo puedo, libremente, pensar en perdonar, y perdonar. Y como amor y perdón son convertibles, el que ama está dispuesto a perdonar y el que perdona es porque ama. Perdonar al enemigo es ya amarle, aunque los sentimientos vayan en otra dirección, por no ser libres. Se nos pide superar la ley del Talión que es una formulación de las exigencias de los reflejos puramente humanos, y se nos pide crear reflejos divinos que no buscan la revancha pero que tampoco excluyen, ni renuncian a los procedimientos conducentes al restablecimiento de la justicia, el orden o la seguridad.

Al enemigo: al violento, al asesino, al preso político no lo rehabilitamos quitándole la vida, sino ayudándole a rehacerla, dándole otra oportunidad. Los derechos humanos nos dicen cómo tratarlos, como encarcelarlos, juzgarlos y castigarlos para que se rehabiliten, pero sin matarlos.

Jesús nos enseñó a perdonar con su ejemplo: Él perdonó, y pidió perdón en la cruz para sus verdugos. Y después de resucitado no habló de revancha ni abrió proceso contra su ejecutores y jueces. Tampoco echó en cara a sus apóstoles su infidelidad, sino su incredulidad. No les dejó abandonados, no eligió otros discípulos. Se apareció a ellos mismos y los eligió de nuevo.

            Amar al enemigo, no nos exige introducirle en el círculo íntimo de nuestras amistades; pero sí aceptarlo como persona, aunque haya perdido el derecho de ser tratado con justicia y humanidad. Amar al enemigo, no significa tolerar las injusticias y retirarse cómodamente de la lucha contra el mal, sino combatir la injusticia y el mal sin destruir al adversario, porque a pesar de todo es una persona, haya hecho lo que haya hecho, reaccione como reaccione. Este es el campo de los derechos humanos que nos señalan las exigencias del amor a los enemigos y del respeto que todo ser humano se merece.

            El criterio para verificar el amor cristiano no son las palabras afables, sino el comportamiento solícito y humanitario por el otro. El amor cristiano, que nace del corazón de la persona como expresión del amor del Padre, no sólo hace el bien, sino que lo hace bien, con cariño. Amar al prójimo es aceptarlo como es y respetarlo: descubrir lo bueno que hay en él, y hacerle sentir nuestra cogida nuestro respeto.

            Frente a la profunda crisis de valores que vive nuestra sociedad, el Evangelio nos pide un cambio y un salto cualitativo de valores. Entendiendo por valores aquellas creencias o convicciones que motivan nuestra vida y nos ayudan a conocer y discernir lo que es bueno y lo que es malo; lo que da sentido auténtico a nuestra existencia y lo que debe marcar las pautas de nuestra conducta.

            Los valores que configuran nuestra sociedad: el dinero, el placer, el triunfo sobre los demás, la lucha poder y el bienestar material, crean un clima de agresividad, de envidia, de violencia y de venganza, como medios para conseguir esos objetivos y como consecuencias de esa lucha para conseguirlos

La calidad de nuestra vida depende del nivel de los valores que hemos asumido. La propuesta de Jesús no es de “mínimos”, sino de
“máximos”. No vino a bajar e listón de las exigencias morales, sino a ponerlo a la altura de la persona auténticamente humana creada a imagen y semejanza de Dios.

El Evangelio no nos ofrece soluciones técnicas para solucionar los conflictos, pero nos ayuda a descubrir con qué actitudes debemos abordarlos. El otro no es un enemigo. Es un ser humano, alguien que salió de las manos de Dios para disfrutar de una vida plena, como yo. El enemigo empieza a ser otra totalmente diferente de cómo lo veíamos, cuando le aceptamos y le tratamos como persona.

“Debemos abstenernos e toda violencia de los puños, lengua y corazón” M. Lutero King.
3.- ¿Qué respuesta le voy a dar al Señor, hoy?
  • ¿Seremos demasiado generosos si tratamos a los enemigos como a seres humanos, respetando sus derechos? ¿El Evangelio no nos pide ir un poco más allá?
  • Pero, ¿cómo tratamos a los que no son enemigos y viven a mi lado?
  • Hacer una escala de valores para ver cómo vamos a tratar a los que viven a nuestro lado.
Autor: Varios
Transcripcion: Jorge Mogrovejo

domingo, 10 de febrero de 2019

Comentario al Evangelio del V Domingo de Tiempo Ordinario (10 de Febrero del 2019)

V Domingo de Tiempo Ordnario
Evangelio según San Lc 5, 1-11

1 Cierto día la gente se agolpaba a su alrededor para escuchar la palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. 2 En eso vio dos barcas amarradas al borde del lago; los pescadores habían bajado y lavaban las redes. 3 Subió a una de las barcas, que era la de Simón, y le pidió que se alejara un poco de la orilla; luego se sentó y empezó a enseñar a la multitud desde la barca.
4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Lleva la barca mar adentro y echen las redes para pescar.» 5 Simón respondió: «Maestro, por más que lo hicimos durante toda la noche, no pescamos nada; pero, si tú lo dices, echaré las redes.» 6 Así lo hicieron, y pescaron tal cantidad de peces, que las redes casi se rompían. 7 Entonces hicieron señas a sus asociados que estaban en la otra barca para que vinieran a ayudarles. Vinieron y llenaron tanto las dos barcas, que por poco se hundían.
8 Al ver esto, Simón Pedro se arrodilló ante Jesús, diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador.» 9 Pues tanto él como sus ayudantes se habían quedado sin palabras por la pesca que acababan de hacer. 10 Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón.
10 Jesús dijo a Simón: «No temas; en adelante serás pescador de hombres.» 11 En seguida llevaron sus barcas a tierra, lo dejaron todo y siguieron a Jesús.

1.- ¿Qué nos quiere decir Lucas en este Evangelio?
Más allá del fracaso de Jesús en su primera "aparición pública" en su pueblo Nazaret (cf. Lc 4,21-30), el texto de hoy comienza dándonos noticia de una multitud que lo rodea junto al lago de Genesaret "para escuchar la Palabra de Dios". Al verse rodeado por la multitud, Jesús decide subirse a la barca de Simón (Pedro) que estaba con otros pescadores limpiando las redes. 

Se aparta un poco de la orilla y, desde este improvisado "púlpito", comienza a enseñar a la gente. Notemos el valor simbólico que implica que el Señor utilice la "barca de Pedro", o sea la Iglesia, como cátedra para anunciar su palabra. Y notemos también que Jesús no restringe su enseñanza a la sinagoga o al templo, como si fueran los únicos espacios sagrados. El espacio y el tiempo son de Dios y, por tanto, todo lugar y momento son propicios para que Dios comunique su Palabra. Terminada la enseñanza, Jesús se dirige ahora a Simón ordenándole: "navega mar adentro y echen las redes para pescar". La primera expresión, literalmente, dice "vuélvete o lánzate a lo profundo (ἐπανάγαγε εἰς τὸ βάθος)", que algunos traducen: “métete, avanza hacia las aguas profundas”. Por el contexto bien vale la traducción: "navega mar adentro" (“duc in altum” en la Vulgata). Simón le responde que han trabajado toda la noche y no han logrado sacar nada, pero que en su palabra echará las redes. El verbo kopia ,w que con que expresa Simón su "trabajo fatigoso" lo encontramos en el NT en varios textos refiriéndose a la "fatiga apostólica" (cf. 1Cor 15,10; 16,16; Gal 4,11; Flp 2,16; Col 1,29; 1Tes 5,12; 1Tim 4,10; 5,17). 

Como bien nota F. Bovon, primero habla el Simón pescador de oficio asegurando que no es momento de pesca, no hay pique; luego habla el Simón discípulo que confía en la Palabra de su maestro o jefe. Por tanto, Simón y sus compañeros se encuentran en una situación de fracaso, de desaliento por una noche de pesca fallida. En este contexto se hace más explícita la fe de Simón en la Palabra de Jesús: "pero si tu lo dices, echaré las redes". 

Los pescadores ponen manos a la obra recurriendo a su experiencia y técnica. En efecto, la descripción de la pesca corresponde a las prácticas de las regiones mediterráneas donde se utilizan las redes para encerrar o cercar a los peces (tal el sentido de une ,kleisan en 5,6). Ante la gran cantidad de peces encerrados, necesitaron ayuda de otros para subirlos a las barcas sin romper las redes; y las señas son porque los gritos hubieran ahuyentado los peces. La pesca es sobreabundante, fruto del trabajo fundado en la fe en la Palabra de Jesús. La reacción de Simón Pedro no deja de sorprendernos: ante la manifestación del poder de Jesús cae de rodillas y, reconociendo su condición de pecador, le pide que se aleje de él. A la luz del Antiguo Testamento (Moisés en Ex 3,6 e Isaías en la primera lectura de hoy, por ejemplo) podemos comprender que se trata de un relato de revelación. Pedro ha visto (5,8) la "pesca milagrosa o el milagro de la pesca" y ante esta "manifestación sobrenatural" se siente sobrecogido en su pequeñez y limitación personal; se siente un "hombre pecador", necesitado de redención. Es de notar que en 5,5 Pedro llamó a Jesús Maestro o Jefe (e vpista ,ta); mientras que aquí, después de la pesca milagrosa, lo llama Señor (ku,rie), título que hace referencia a la divinidad de Jesús. En 5,9 nos dice el evangelista que esta reacción de Pedro se debió al temor (qa ,mboj) que se apoderó de él y de los demás ante la pesca superabundante.

Se trata, por tanto, de un temor o asombro religioso. Entonces el Señor invita a no temer (ahora sí con el clásico mh . fobou/) y, además, de cara al futuro, lo llama para ser "pescador de hombres" (literalmente el verbo zwgre,w se refiere a capturar seres vivos). Si bien la llamada aparece hecha personalmente a Pedro, todos los que estaban en la barca responden dejándolo todo y siguiendo a Jesús. Esta radicalidad en el seguimiento del Señor es subrayada por Lucas a lo largo del camino a Jerusalén (cf. 9,62; 12,33; 14,26-33). El relato tiene como centro la metáfora de la pesca, por lo que contiene una invitación a la misión, a la evangelización de la mano de Jesús y en la barca de Pedro, la Iglesia. Al mismo tiempo se resalta que la fecundidad en la misión viene de la confianza en la Palabra del Señor y exige, al mismo tiempo, una radicalidad en el seguimiento del Señor.

2.¿Qué mensaje nos trae este pasaje y qué compromiso nos pide hoy, el Señor?

Al llegar al lago de Genesaret, Jesús vive una experiencia muy diferente a la que ha vivido en su pueblo. La gente no lo rechaza, sino que se «agolpa a su alrededor». Aquellos pescadores no buscan milagros, como los vecinos de Nazaret. Quieren «oír la Palabra de Dios». Es lo que necesitan.


La escena es cautivadora. No ocurre dentro de una sinagoga, sino en medio de la naturaleza. La gente escucha desde la orilla; Jesús habla desde las aguas serenas del lago. No está sentado en una cátedra, sino en una barca. Según Lucas, en este escenario humilde y sencillo «enseñaba» Jesús a la gente.




Esta muchedumbre viene a Jesús para oír la «Palabra de Dios». Intuyen que él les habla desde Dios. No repite lo que oye a otros; no cita a ningún maestro de la ley. Esa alegría que sienten en su corazón solo puede despertarla Dios. Jesús les pone en comunicación con él.

Años más tarde, en las primeras comunidades cristianas, se dice que la gente se acerca también a los discípulos de Jesús para oír la «Palabra de Dios». Lucas vuelve a utilizar esta expresión audaz y misteriosa: la gente no quiere oír de ellos una palabra cualquiera; esperan una palabra diferente, nacida de Dios. Una palabra como la de Jesús.

Es lo que se ha de esperar siempre de un predicador cristiano. Una palabra dicha con fe. Una enseñanza arraigada en el evangelio de Jesús. Un mensaje en el que se pueda percibir sin dificultad la verdad de Dios y donde se pueda escuchar su perdón, su misericordia insondable y también su llamada a la conversión.

Probablemente muchos esperan hoy de los predicadores cristianos esa palabra humilde, sentida, realista, extraída del Evangelio, meditada personalmente en el corazón y pronunciada con el Espíritu de Jesús.


Cuando nos falta este Espíritu jugamos a hacer de profetas, pero en realidad no tenemos nada importante que comunicar. Con frecuencia terminamos repitiendo con lenguaje religioso las «profecías» que se escuchan en la sociedad.



Pedro es un hombre de fe seducido por Jesús. Sus palabras tienen para él más fuerza que su propia experiencia, sabe que nadie se pone a pescar al mediodía en el lago, sobre todo si no ha capturado nada por la noche. Pero se lo ha dicho Jesús, y Pedro confía totalmente en él: «Apoyado en tu palabra, echaré las redes»; es al mismo tiempo un hombre de corazón sincero. Sorprendido por la enorme pesca obtenida, «se arroja a los pies de Jesús» y con una espontaneidad admirable le dice: «Apártate de mí, que soy pecador». Pedro reconoce ante todo su pecado y su indignidad para convivir con Jesús.

Está muy extendida la idea de que la culpa es algo introducido por la religión. Bastantes piensan que, si Dios no existiera, desaparecería el sentimiento de culpa, pues no habría mandamientos y cada cual podría hacer lo que quisiera.
Nada más lejos de la realidad. La culpa no es algo inventado por los creyentes, sino una experiencia universal que vive todo ser humano como ha recordado con insistencia la filosofía moderna (Kant, Heidegger, Ricoeur). Creyentes y ateos, todos nos enfrentamos a esta realidad dramática: nos sentimos llamados a hacer el bien, pero una y otra vez hacemos el mal.


Lo propio del creyente es que vive su experiencia de la culpa ante Dios. Pero, ¿ante qué Dios? Si se siente culpable ante la mirada de un Dios resentido e implacable, nada hay en el mundo más culpabilizador y destructor. Si, por el  contrario, experimenta a Dios como alguien que nos acompaña con amor, siempre dispuesto a la comprensión y la ayuda, es difícil pensar en algo más luminoso, sanador y liberador.

Pero resulta todavía más deplorable que bastantes cristianos no lleguen nunca a acoger con gozo al Dios de perdón y de gracia revelado en Jesús. ¿Cómo se ha podido ir formando entre nosotros esa imagen de un Dios resentido y culpabilizador? ¿Cómo no trabajar con todas las fuerzas para liberar a la gente de tal equivoco?

No pocas personas piensan que el pecado es un mal que se le hace a Dios, el cual «impone» los mandamientos porque le conviene a él; por eso castiga al pecador. No terminamos de comprender que el único interés de Dios es evitar el mal a sus hijos e hijas, pues el pecado es un mal para el ser humano, no para Dios. 
Lo explicaba hace mucho santo Tomás de Aquino: «Dios es ofendido por nosotros solo porque obramos contra nuestro propio bien».

Quien, desde la culpa, solo mira a Dios como juez resentido y castigador, no ha entendido nada de ese Padre cuyo único interés somos nosotros y nuestro bien. En ese Dios en el que no hay egoísmo ni resentimiento solo cabe ofrecimiento de perdón y de ayuda para ser más humanos. Somos nosotros los que nos juzgamos y castigamos rechazando su amor.

La culpa como tal no es algo inventado por las religiones. Constituye una de las experiencias humanas más antiguas y universales. Antes que aflore el sentimiento religioso se puede advertir en el ser humano e sensación de «haber fallado» en algo. El problema no consiste en la experiencia de la culpa, sino en el modo de afrontarla.

Hay una manera sana de vivir la culpa. La persona asume la responsabilidad de sus actos, lamenta el daño que ha podido causar y se esfuerza por mejorar en el futuro su conducta. Vivida así, la experiencia de la culpa forma parte del crecimiento de la persona hacia su madurez.


3.- ¿Que respuesta le voy a dar hoy al Señor?
  • ¿Reconozco los errores y pecados en mi vida, y tengo una actitud de querer cambiar?
  • ¿Considero que Dios es solo amor y quiere lo mejor para mi, la felicidad y el bien.?
  • ¿Me siento culpable por mis pecados cometidos, como una motivación para ser mejor? ¿o como una carga que no me deja hacer lo que quiera? 
  • ¿Soy consciente que estoy en una constante lucha entre el bien y el mal dentro de mi?




Fuente: Varios Autores

Sintesis: Jorge Mogrovejo

domingo, 2 de diciembre de 2018

Comentario al Evangelio del I Domingo de Adviento (2 de Diciembre del 2018)

I Domingo de Adviento 2018
Evangelio segun san Lc 21, 25-28.34-36\

25 Entonces habrá señales en el sol, la luna y las estrellas, y por toda la tierra los pueblos estarán llenos de angustia, aterrados por el estruendo del mar embravecido. 26 La gente se morirá de espanto con sólo pensar en lo que va a caer sobre la humanidad, porque las fuerzas del universo serán sacudidas. 27 Y en ese preciso momento verán al Hijo del Hombre venir en la Nube, con gran poder e infinita gloria.»
28 «Cuando se presenten los primeros signos, enderécense y levanten la cabeza, porque está cerca su liberación.»
34 Cuiden de ustedes mismos, no sea que la vida depravada, las borracheras o las preocupaciones de este mundo los vuelvan interiormente torpes y ese día caiga sobre ustedes de improviso, 35 pues se cerrará como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra. 36 Por eso estén vigilando y orando en todo momento, para que se les conceda escapar de todo lo que debe suceder y estar de pie ante el Hijo del Hombre.»
37 Durante el día Jesús enseñaba en el Templo, y luego salía e iba a pasar la noche al aire libre al monte de los Olivos. 38 Y desde muy temprano todo el pueblo acudía donde él al Templo para escucharlo.

1.- ¿Qué nos quiere decir Marcos en este Evangelio?
El evangelio de este domingo nos pone de modo inmediato frente a la consideración del fin del mundo. En este fragmento del discurso escatológico de Lucas, utilizando la simbología propia del género apocalíptico, se nos dice que aquellos astros (sol, luna y estrellas) que Dios colocó para regir el tiempo (cf. Gn 1) nos darán las señales de la llegada del fin. 

Estos signos apocalípticos, en cuanto reveladores, generan división entre los hombres. Así tenemos, por un lado, la reacción primera y primaria ante esta realidad del fin por parte de los pueblos que será la angustia; y por parte de los hombres que será el pánico (“los pueblos serán presa de la angustia...los hombres desfallecerán de miedo”). 

Por otra parte, todo este cuadro de conmoción cósmica no es más que el marco del anuncio de la llegada del Hijo del hombre "lleno de poder y de gloria". El título de "Hijo del Hombre" que Jesús se aplica aquí está inspirado en Dn 7,13-14 y representa al Mesías como juez escatológico. Se trata, por tanto, de su venida al fin de los tiempos para juzgar al mundo. 

Ante esta manifestación, los discípulos deberán "tener ánimo y levantar la cabeza". El contraste con la reacción de "los pueblos y los hombres" es claro; y es la esperanza la que hace la diferencia. Mientras los hombres en general serán presa del pánico, los cristianos son invitados a la confianza, a tener ánimo porque la venida del Señor les trae la liberación.   
En el marco de nuestro adviento, el gesto de levantar la cabeza es muy rico de significado. Se trata de mirar más allá de lo cotidiano, de lo inmediato que muchas veces nos aprisiona quitándonos perspectiva, sentido de la vida. Levantar la cabeza, erguirse, es sinónimo de recuperar la dignidad gracias al sentido trascendente de la vida. En fin, ver más allá para tener una valoración correcta de nuestra realidad. 

Para lograr esto se requiere una actitud vigilante, de allí la advertencia del evangelio de hoy a “no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida”. Literalmente el texto dice: "no se vuelva pesado o cargado el corazón por…". El término griego para expresar el primer vicio - exceso, libertinaje o disipación - se encuentra sólo aquí en todo el NT. En la literatura griega su sentido está vinculado al exceso de alcohol con todas sus consecuencias.

Puede que esté formando una unidad de sentido con el término siguiente, la embriaguez, que aparece en la lista de vicios de San Pablo en Rom 13,13 y Gal 5,21. En cuanto a las "preocupaciones de la vida" recordemos que ya apareció esta expresión en la parábola del sembrador, simbolizada por las espinas que ahogan la semilla de la Palabra (cf. Lc 8,14). 

Justamente el mayor daño que esto causa es la pérdida de la atención y su consecuencia será que el día de la venida del Señor nos tome por sorpresa, sin estar esperándolo debidamente. 
La actitud requerida es entonces una conciencia atenta y vigilante, la cual es fruto de la oración, de la súplica o ruego incesante, que pide aquí el Señor a sus discípulos. Recordemos que la necesidad de una oración vigilante es un tema recurrente en Lucas (cf. 6,12; 18,1; 22,40.46). Quien alimenta la espera atenta con la oración incesante podrá escapar de todas las convulsiones cósmicas que sobrevendrán y podrá "permanecer en pie delante del Hijo del hombre". 

Es importante resaltar la actitud "corporal" de los discípulos ante el día final, pues expresa su estado "espiritual" o "interior": levantar la cabeza, estar en pie ante el Señor. Para los judíos el estar en pie y con la cabeza alta era la actitud del orante, del que se presenta con confianza ante Dios pues tiene su conciencia tranquila y en paz.


2.¿Què mensaje nos trae este pasaje y què compromiso nos pide hoy, el Señor?

Los discursos apocalípticos recogidos en los evangelios reflejan los miedos y la incertidumbre de aquellas primeras comunidades cristianas, frágiles y vulnerables, que vivían en medio del vasto Imperio romano entre conflictos y persecuciones, con un futuro incierto, sin saber cuándo llegaría Jesús, su amado Señor. También las exhortaciones de esos discursos representan en buena parte las exhortaciones que se hacían unos a otros aquellos cristianos recordando el mensaje de Jesús. Esa llamada a vivir despiertos cuidando la oración y la confianza es un rasgo original y característico del Profeta de Galilea. Después de veinte siglos, la Iglesia actual marcha como una anciana, «encorvada» por el peso de los siglos, las luchas y trabajos del pasado. «Con la cabeza baja», consciente de sus errores y pecados, sin poder mostrar con orgullo la gloria y el poder de otros tiempos. Es el momento de escuchar la llamada que Jesús nos hace a todos. 

«Levantaos», anímense unos a otros. «Alzad la cabeza» con confianza. No miréis al futuro solo desde vuestros cálculos y previsiones. «Se acerca vuestra liberación». Un día ya no viviréis encorvados, oprimidos ni tentados por el desaliento. Jesucristo es vuestro Liberador. Pero hay maneras de vivir que nos impiden caminar con la cabeza levantada confiando en esa liberación definitiva. Por eso «tened cuidado de que no se os embote la mente». No os acostumbréis  a vivir con un corazón insensible y endurecido, buscando llenar su vida de bienestar y dinero, de espaldas al Padre del cielo y a sus hijos que sufren en la tierra. Ese estilo de vida os hará cada vez menos humanos. «Estad siempre despiertos». Despertad la fe en el seno de vuestras comunidades. Estad más atentos a mi Evangelio. Cuidad mejor mi presencia en medio de vosotros. No seáis comunidades dormidas. Vivid «pidiendo fuerza». 

¿QUÉ ES VIVIR DESPIERTOS? 

Jesús no se dedicó a explicar una doctrina religiosa para que sus discípulos la aprendieran correctamente y la difundieran luego por todas partes. No era este su objetivo. Él les hablaba de un «acontecimiento» que estaba ya sucediendo: «Dios se está introduciendo en el mundo. Quiere que las cosas cambien. Solo busca que la vida sea más digna y feliz para todos». Jesús llamaba a esto el «reino de Dios». Hemos de estar muy atentos a su venida. Hemos de vivir despiertos: abrir bien los ojos del corazón; desear ardientemente que el mundo cambie; creer en esta buena noticia que tarda tanto en hacerse realidad plena; cambiar de manera de pensar y de actuar; vivir buscando y acogiendo el «reino de Dios». No es extraño que, a lo largo del evangelio, escuchemos tantas veces su llamada insistente: «vigilad», «estad atentos a su venida», «vivid despiertos». Es la primera actitud del que se decide a vivir la vida como la vivió Jesús. Lo primero que hemos de cuidar para seguir sus pasos. 

«Vivir despiertos» significa no caer en el escepticismo y la indiferencia ante la marcha del mundo. No dejar que nuestro corazón se endurezca. No quedarnos solo en quejas, críticas y condenas. Despertar activamente la esperanza. «Vivir despiertos» significa vivir de manera más lúcida, sin dejarnos arrastrar por la insensatez que a veces parece invadirlo todo. Atrevernos a ser diferentes. No dejar que se apague en nosotros el deseo de buscar el bien para todos. «Vivir despiertos» significa vivir con pasión la pequeña aventura de cada día. No desentendernos de quien nos necesita. Seguir haciendo esos «pequeños gestos» que aparentemente no sirven para nada, pero que sostienen la esperanza de las personas y hacen la vida un poco más amable. «Vivir despiertos» significa despertar nuestra fe. Buscar a Dios en la vida y desde la vida. Intuirlo muy cerca de cada persona. Descubrirlo atrayéndonos a todos hacia la felicidad. Vivir no solo de nuestros pequeños proyectos, sino atentos al proyecto de Dios. 

CUIDAR LA ESPERANZA 

Todos vivimos con la mirada puesta en el futuro.En el fondo, casi todos andamos buscando «algo mejor», una seguridad, un bienestar mayor. Queremos que todo nos salga bien y, si es posible, que nos vaya mejor. Es esa confianza básica la que nos sostiene en el trabajo y los esfuerzos de cada día. Por eso, cuando la esperanza se apaga, se apaga también la vida. La persona ya no crece, no busca, no lucha. Al contrario, se empequeñece, se hunde, se deja llevar por los acontecimientos. Si se pierde la esperanza, se pierde todo. Por eso, lo primero que hay que cuidar en el corazón de la persona, en el seno de la sociedad o en la relación con Dios es la esperanza. La esperanza no consiste en la reacción optimista de un momento. Es más bien un estilo de vida, una manera de afrontar el futuro de forma positiva y confiada, sin dejarnos atrapar por el derrotismo. El futuro puede ser más o menos favorable, pero lo propio del que vive con esperanza es su actitud positiva, su deseo de vivir y de luchar, su postura decidida y confiada. No siempre es fácil. La esperanza hay que trabajarla. Lo primero es mirar hacia adelante. No quedarnos en lo que ya pasó. No vivir de recuerdos o nostalgias. No quedarnos añorando un pasado tal vez más dichoso, más seguro o menos problemático. Es ahora cuando hemos de vivir afrontando el futuro de manera positiva. La esperanza no es una actitud pasiva, es un estímulo que impulsa a la acción. Quien vive animado por la esperanza no cae en la inercia. Al contrario, se esfuerza por cambiar la realidad y hacerla mejor. Quien vive con esperanza es realista, asume los problemas y las dificultades, pero lo hace de manera creativa, dando pasos, buscando soluciones y contagiando confianza. La esperanza no se sostiene en el aire. Tiene sus raíces en la vida. Por lo general, las personas viven de «pequeñas esperanzas» que se van cumpliendo o se van frustrando. Hemos de valorar y cuidar esas pequeñas esperanzas, pero el ser humano necesita una esperanza más radical e indestructible, que se pueda sostener cuando toda otra esperanza se hunde. Así es la esperanza en Dios, último salvador del ser humano. Cuando caminamos cabizbajos y con el corazón desalentado, hemos de escuchar esas inolvidables palabras de Jesús: «Alzad vuestra cabeza, pues se acerca vuestra liberación» .

Quien ama de verdad la vida y se siente solidario de todos los seres humanos sufre al ver que todavía una inmensa mayoría no puede vivir de manera digna. Este sufrimiento es signo de que aún seguimos vivos y somos conscientes de que algo va mal. Hemos de seguir buscando el reino de Dios y su justicia. ¡POR FAVOR, QUE HAYA DIOS! Muchas veces había pensado en la importancia que tiene el contexto socio-político en nuestra manera de leer el Evangelio, pero solo tomé conciencia viva de ello cuando estuve viviendo una temporada un poco más larga en Ruanda. Todavía recuerdo bien la sensación que tuve al leer este texto del evangelio de Lucas. No es lo mismo escuchar este discurso apocalíptico desde el bienestar de Europa o desde la miseria y el sufrimiento de África. A pesar de todas las crisis y problemas, en Europa se sigue pensando que el mundo irá siempre a mejor. Nadie espera ni quiere el fin de la historia. Nadie desea que cambien mucho las cosas. En el fondo nos va  bastante bien. Desde esta perspectiva, oír hablar de que un día todo puede desaparecer «suena» a «visiones apocalípticas» nacidas del desvarío de mentes tenebrosas. Todo cambia cuando el mismo Evangelio es leído desde el sufrimiento del Tercer Mundo. Cuando la miseria es ya insoportable y el momento presente es vivido solo como sufrimiento destructor, es fácil sentir exactamente lo contrario. «Gracias a Dios esto no durará para siempre». Los últimos de la Tierra son quienes mejor pueden comprender el mensaje de Jesús: «Dichosos los que lloran, porque de ellos es el reino de Dios». Estos hombres y mujeres, cuya existencia es hambre y miseria, están esperando algo nuevo y diferente que responda a sus anhelos más hondos de vida y de paz. Un día «el sol, la luna y las estrellas temblarán», es decir, todo aquello en que creíamos poder confiar para siempre se hundirá. Nuestras ideas de poder, seguridad y progreso se tambalearán. Todo aquello que no conduce al ser humano a la verdad, la justicia y la fraternidad se derrumbará, y «en la tierra habrá angustia de las gentes». 

Pero el mensaje de Jesús no es de desesperanza para nadie: Aun entonces, en el momento de la verdad última, no desesperéis, estad despiertos, «manteneos en pie», poned vuestra confianza en Dios. Viendo de cerca el sufrimiento cruel de aquellas gentes de África me sorprendí a mí mismo sintiendo algo que puede parecer extraño en un cristiano. No es propiamente una oración a Dios. Es un deseo ardiente y una invocación ante el misterio del dolor humano. Es esto lo que me salía de dentro: «¡Por favor, que haya Dios!». 


3.- ¿Que respuesta le voy a dar hoy al Señor?
¿Cómo seguiremos los pasos de Jesús si el Padre no nos sostiene? 
¿Cómo podremos «mantenernos en pie ante el Hijo del hombre»? 


Fuente: Varios Autores
Transcripcion: Jorge Mogrovejo 

domingo, 11 de noviembre de 2018

Comentario al Evangelio del XXXII Domingo del Tiempo Ordinario (11 de Noviembre del 2018)

Evangelio del XXXII Domingo del Tiempo Ordinario
Evangelio Segun San Marcos 12, 38-44

38 En su enseñanza Jesús les decía también: «Cuídense de esos maestros de la Ley 39 a quienes les gusta pasear con sus amplias vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar asientos reservados en las sinagogas y en los banquetes; 40 incluso devoran los bienes de las viudas, mientras se amparan detrás de largas oraciones. ¡Con qué severidad serán juzgados!»
41 Jesús se había sentado frente a las alcancías del Templo, y podía ver cómo la gente echaba dinero para el tesoro; pasaban ricos y daban mucho, 42 pero también se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor.
43 Jesús entonces llamó a sus discípulos y les dijo: «Yo les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos los otros. 44 Pues todos han echado de lo que les sobraba, mientras ella ha dado desde su pobreza; no tenía más, y dio todos sus recursos.»
1.- ¿Qué nos quiere decir Marcos en este Evangelio?
En el evangelio de este domingo tenemos que distinguir dos partes: la primera (12,38-40) es una enseñanza de Jesús sobre la mala conducta de los escribas; mientras que la segunda (12,41-44) se refiere al testimonio religioso de una viuda pobre. 

El texto comienza anunciando una enseñanza o instrucción de Jesús (didajé). Recordemos que Marcos es el evangelista que más insiste en la enseñanza de Jesús y en la buena recepción que tiene la misma por parte de la gente (cf. Mc 1,22.27; 4,2; 11,18 donde aparece el término didajé; mientras que en Mt lo encontramos dos veces y una sola vez en Lc). 

Podemos suponer que la enseñanza va dirigida a la multitud que aparece en la escena inmediatamente anterior escuchando a Jesús con agrado (cf. 12,37). J. Gnilka divide esta enseñanza de Jesús en tres partes: advertencia introductoria, descripción de la conducta condenable de los escribas y amenaza de juicio conclusiva. La advertencia introductoria comienza con un verbo en imperativo, blépete, que mayormente tiene el sentido de guardarse o cuidarse de algo malo. El mismo aparece siempre en boca de Jesús y dirigido principalmente a los discípulos. Ya había aparecido con un sentido idéntico en Mc 8,15: "Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes". 

Por tanto, indica que nos encontramos ante un importante llamado de atención que viene siempre de parte del Señor, quien pide a sus discípulos estar alerta, en constante vigilancia para no dejarse confundir o "contagiar" por modos de pensar u obrar contrarios a la enseñanza del evangelio. Jesús invita aquí a cuidarse o resguardarse de los escribas. Así se llamaba a los que dedicaban al estudio de las Escrituras, a las que interpretaban a la luz de las tradiciones de los antepasados, adaptando las normas a la vida práctica. Se los llamaba también doctores de la ley, sabios o maestros (rabbí) pues enseñaban en escuelas y en el Templo; y solían ser honrados por el pueblo y recibir los puestos de honor en la sinagoga (cf. Mc 12,38-39). La mayoría de los escribas pertenecían al grupo de los fariseos y eran muy influyentes entre ellos. A continuación Jesús describe la conducta de los escribas, de la cual hay que cuidarse bien de seguir o imitar. En concreto presenta cinco acciones de los escribas que en cierto modo son una caricatura de los mismos: 

1) pasearse con largas vestiduras; 2) ser saludados en las plazas; 3) ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; 4) devoran los bienes de las viudas; 5) fingen hacer largas oraciones2. 

Si vamos a la actitud de fondo, en cuatro de las acciones (1; 2; 3 y 5) es clara su opción por la apariencia, por lo meramente exterior con la intención de obtener la aprobación o el reconocimiento de los demás. En la otra (4), "devorar los bienes de las viudas", parece que se trata más bien de una actitud de aprovechadores o manipuladores movida por la avaricia. 

Es decir, los escribas valiéndose de su condición y de su fama de hombres religiosos se apropiarían de los bienes de las viudas. En los escritos rabínicos de aquella época, según nos informa J. Gnilka , también se condena severamente la explotación bajo pretexto devoto: “De los pobres los bienes devoran y afirman que lo hacen por justicia. En realidad perecen ellos” (AscMos 7, 3-10). 

En síntesis, la religiosidad de los escribas es falsa por cuanto está motivada por la vanagloria y la codicia. De estos dos peligros nos advierte Jesús. 

La enseñanza cierra con la amenaza de un juicio más severo para los escribas. Se trata sin duda del juicio escatológico o final de Dios. La segunda parte narra primero lo que Jesús observa frente al arca del tesoro del templo y luego la enseñanza que Jesús da a los discípulos a partir de lo observado. En el recinto interior del Templo de Jerusalén estaba la sala del tesoro donde se encontraban unas alcancías en forma de trompeta, una de las cuales estaba destinada para las donaciones voluntarias. Al depositar la gente su ofrenda allí harían un ruido proporcionado a la cantidad de monedas depositadas. Entonces Jesús nota que muchos ricos echaban mucha cantidad. De pronto aparece una viuda "pobre" (se notaría en su vestimenta y en su aspecto exterior) que sólo deposita dos leptas, que son las monedas de cobre más pequeñas. Si se toma en cuenta solamente la cantidad, es claro el contraste entre los ricos que ponen mucho y la viuda que dona muy poco, y la consiguiente valoración positiva de los que ponen más. 

Pero la valoración que hace Jesús a modo de enseñanza para sus discípulos toma en cuenta otro aspecto y por ello es diversa: "Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir"(Mc 12,43-44). Por tanto para Jesús la viuda ha puesto más que los ricos que han donado mucho. Y esto porque Jesús no mira la cantidad sino lo que representa lo dado por cada uno. Los demás han dado lo que les sobraba; la viuda ha dado todo lo que tenía, ha dado su vida, se ha dado a sí misma a Dios en su pobre ofrenda.

2.¿Què mensaje nos trae este pasaje y què compromiso nos pide hoy, el Señor?
Las lecturas de hoy nos presentan los casos de dos mujeres viudas ejemplares en su capacidad de compartir, de donación y de sacrificio. Muchos se preguntarán: bueno, ¿qué tiene de importante que se nos cuente esas historietas de siglos pasados? ¿Cuál es la trascendencia del acto genroso de dos mujeres viudas de las cuales ni sabemos los nombres, ni nos importan? 
En realidad, la palabra de Dios no intenta contarnos dos simples historias de generosidad que acontecieron hace muchos siglos. Lo que la Palabra de Dios intenta revelarnos a través de estos relatos es la actitud de Dios para con nostros. En primer lugar: Dios se regocija, reconoce y exalta a quien es generoso y da, a quien comparte. Y por lo mismo, la Palabra de Dios nos hace cuestionamiento: tú que te llamas cristiano, tú que pides a Dios, dime: ¿tú eres generoso?, ¿tú compartes tus bienes? ¿tú das de lo tuyo?, O por el contrario, ¿tú eres un esclavo de la avaricia, de la sed de tener y sólo piensas en acaparar para ti?

En segundo lugar: La Palabra de Dios nos quiere decir que Dios no mira tanto la cantidad de lo que das, sino que Dios mitra tu corazón. El dar no es simplemente dar, ni dar por lástima, ni dar porque te sobre, ni dar para que los demás alaben lo generoso que eres. El cristiana da y comparte sus bienes porque su prójimo es su hermano y nunca nadie a un hermano le da limosna, sino que comparte con él. Además, el cristianao da por un acto de fe. Repetimos esto: el cristiano movido por la fe, su generosidad nace de la fe.

¿Qué quiere decir esta afirmación? Ustedes han oído hablar mucho de la palabra sacrifico, que según se cree es un acto masoquista. Indudablemente que ésta es una visión equivocada. Sacrificio, hablando cristianamente, quiere decir ofrenda. O sea, tú haces un sacrificio cuando tú haces una ofrenda, cuando tú das algo. Por ejemplo, el hecho de que estemos aquí ofreciéndole al Serñor nuestro Dios esta hora es un sacrificio. Cuando ayudas a alguien necesitado, bien sea acompañándolo en su solidad, o compartiendo tus bienes, o prestándole un servicio, o ayudándole en la solución de un problema y cuando esto lo haces porque quieres ser cristiano verdadero y quieres agradar a Dios y aceptas a tu prójimo como hermano tuyo, entonces estás haciendo un sacrificio. Muchas veces implicará una renuncia, otras no. De todas maneras, en ambos casos, estás haciendo un sacrificio porque lo que que estás haciendo es una ofrende que haces movido por la fe.

Lógicamente tambien, cuando ofreces al Señor tu Dios tus angustias, tus problemas, tus dificultades, tu pobreza, tus crisis, tu enfermdad, o tus dolores, estás haciendo un sacrifio, porque estas realidad tuyas las estás poniendo en manos de Dios.

3.- ¿Que respuesta le voy a dar hoy al Señor?
  1. ¿Soy consciente de los problemas de mi comunidad, mi barrio, mi familia?
  2. ¿Me comprometo ayudar al hermano necesitado sin importar nombre, nacionalidad, idioma, religión, orientación sexual?
  3. ¿Soy de los que ayudan a los demás evitando buscar protagonismo?
  4. ¿Soy de los que acumulan bienes y cosas materiales, sin ver en el hermano una oportunidad de compartir lo que tengo, que no es necesariamente lo que me sobra?

Fuente:  Varios autores
Síntesis: Jorge Mogrovejo M.

domingo, 7 de octubre de 2018

Comentario al Evangelio del XXVII Domingo del Tiempo Ordinario (7 de Octubre del 2018)

Evangelio del XXVII Domingo de Tiempo Ordinario
7 de Octubre del 2018
Evangelio Segun San 10, 2-16

Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?».El les respondió: «¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?».Ellos dijeron: «Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella».Entonces Jesús les respondió: «Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer.Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido».Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. Él les dijo: «El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio».Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: «Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él». Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.



1.¿Què nos quiere decir Marcos en este Evangelio?

El evangelio de hoy contiene dos partes o subsecciones: 10,2-12 y 10,13-16 cuya autonomía literaria es evidente. La misma liturgia lo reconoce y propone como opción que se lea sólo la primera parte (10,2-12), lo cual es aconsejable en este caso. A su vez, en la primera subsección podemos distinguir entre 10,2-9 que trae el debate de Jesús con los fariseos ante el pueblo y 10,10-12 que refiere el diálogo de Jesús con sus discípulos en privado. 

El relato comienza presentándonos a Jesús enseñando a la gente en la región de Judea, al otro lado del Jordán (10,1), y se le acercan unos fariseos quienes le dirigen una pregunta: "¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer (repudiarla, despedirla = ἀπολῦσαι)?". El texto precisa que la intención de los fariseos es “ponerlo a prueba, tentarlo” a Jesús, utilizando el mismo verbo πειράζω que señala la acción del diablo en el desierto (cf. Mt 4,1.3; Lc 4,2)”. 

¿Por qué la pregunta es “capciosa”? Al parecer, en tiempos de Jesús la cuestión debatida no era tanto el tema de la licitud del divorcio - que era comúnmente aceptado -, sino más bien las motivaciones o causales del mismo. 

Jesús, según el estilo argumentativo de aquella época, responde preguntado a su vez: "¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?". Notemos que mientras los fariseos preguntan acerca de la licitud o permisión; Jesús pregunta por lo "mandado" (evnte,llw) por Moisés al respecto. 

La respuesta de los fariseos es correcta pues efectivamente Moisés permite al marido redactar un acto de divorcio y repudiar a su mujer. La referencia es sin duda a Dt 24,1-4 donde en la versión griega del AT encontramos el término "acta de divorcio" (bibli,on avpostasi,ou igual que en Mc 10,4): "Si un hombre se casa con una mujer, pero después le toma aversión porque descubre en ella algo que le desagrada, y por eso escribe un acta de divorcio, se la entregará y la despedirá de su casa. Una vez que esté fuera de su casa, si la mujer se desposa con otro y este último también la rechaza, escribe un acta de divorcio y la despide, o bien muere; su primer marido no podrá volver a tomarla por esposa, puesto que ella ha sido mancillada". 

A continuación Jesús interpreta este "mandamiento" de Moisés como algo dado de modo relativo y ocasional en vista a la "dureza de corazón" (sklhrokardi,a) del pueblo. Como bien dice J. Gnilka: "La sklhrokardi,a – término veterotestamentario – indica en la Biblia griega el corazón humano insensibilizado a las instrucciones divinas como consecuencia de su continua desobediencia". 

Para Jesús se trata, por tanto, de una concesión provisoria dada la condición de la conciencia endurecida de Israel, pero la idea primera de Dios sobre el matrimonio no es esta. Por eso Jesús se remonta a Gn 1,27 y 2,24 para fundamentar la indisolubilidad del matrimonio y para condenar como adulterio que un hombre se separe de su mujer y se case con otra. 

Importa mucho notar aquí que en el tiempo y en la cultura en que fue escrita la Biblia las cosas que tenían más valor eran las más antiguas, incluso en el orden legal. Por eso Jesús remite al origen mismo de la creación, al principio (ἀρχή), cuyo relato se encuentra en primer libro de la Biblia y, por tanto, es anterior y superior a la intervención de Moisés en Dt 24. 

Ahora bien, en la interpretación de Jesús los textos citados del Génesis expresan el proyecto de Dios sobre el matrimonio entendiéndolo como la unión de un varón con una mujer de carácter monogámico e indisoluble. Por tanto, en la misma "naturaleza" del hombre creado como varón y mujer, y llamados al matrimonio desde el origen, se encuentra inscripta esta "ley" establecida por Dios y anterior y superior a la concesión hecha por Moisés. 

Al parecer, estas afirmaciones de Jesús encerraban una novedad en relación al pensamiento y a la praxis habitual en el judaísmo, al punto que los mismos discípulos vuelven sobre el tema cuando están "en casa" con Jesús. Aquí Él les dice claramente que quien repudia a su mujer y se casa con otra comete adulterio; y lo mismo la mujer que se separa y se casa con otro. La referencia bíblica es aquí el sexto mandamiento: "No cometerás adulterio" (Ex 20,13; Dt 5,17), con la novedad que Jesús lo aplica a quienes rompen el primer matrimonio y contraen una nueva unión. Este juicio valorativo de Jesús presupone lo que afirmó antes sobre la insolubilidad del matrimonio (no separe el hombre lo que Dios ha unido), y sólo desde aquí se considera entonces la nueva relación del hombre o la mujer ya casados es adulterio.

La segunda subsección (Mc 10,13-16) presenta a Jesús abrazando y bendiciendo a unos niños, a quienes propone como modelos de la actitud requerida para recibir el Reino de Dios y poder así entrar en él. Es una enseñanza dirigida especialmente a sus discípulos a quienes pide una actitud de apertura y docilidad ante la novedad del Reino de Dios hecho presente en y por Jesús.

2.¿Què mensaje nos trae este pasaje y què compromiso nos pide hoy, el Señor?

Uno de los fenómenos sociales más preocupantes que estamos experimentando en nuestro tiempo es la llama crisis del matrimonio. Muchos son los que lamentan porque hoy los matrimonios no son tan estables como eran anteriormente.  Cada día es mayor el número de matrimonios que se separan, creando situaciones angustiosas tanto para las personas que se separan, como para los hijos ¿Cómo es que los cristianos tenemos que enfrentar este problema?

En los tiempos de Jesús, la sociedad estaba estructurada de forma patriarcal, es decir, el hombre era dueño y señor de la casa. La mujer se consdierada como propiedad del marido. En otras palabras, las relaciones entre marido y mujer estaban basadas en el derecho de propiedad. El hombre tenía mujer, como tenía casa, esclavos o animales. En esta situación, el hombre podría ser infiel a su mujer y no cometía adulterio, en cambio la mujer, al ser infiel a su marido, sí cometía adulterio.

Así mismo el hombre tenía derecho y el poder de disolver el matrimonio cuando quisiera; pero la mujer no tenía ese derecho. Claro que había diversas opiniones sobre el derecho a repudiar a la mujer y darle el divorcio. Por eso los discípulos le preguntaban a Jesús "¿Puede el marido repudiar a la mujer?" La respuesta de Jesús es completamente revolucionaria porque dignifica a la mujer y la coloca al mismo nivel del hombre: "Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra ella". Como quien dice, el hombre no tiene derecho a tratar a su mujer como si futa una cosa que se compra o se vende, se adquiere o se rechaza. Y extrañamente agrega algo que no se podría en esa época: "Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio". Es decir, la mujer está en las mismas condiciones del hombre.

Hoy, después de dos mil años de cristianismo, este principio de Jesús se ha impuesto en la sociedad, aunque todavía falta para ser pleno. Sin embargo, la mujer ya ha dejado de ser propiedad del hombre, ha dejado de ser considerada infantil socialmente, se le reconocen sus derechos civiles y sus responsabilidades, pero el matrimonio está en plena evolución. La crisis que estamos viviendo, no es crisis de solución del matimonio, sino crisis de cambio de modelo del matrimonio. La vida matrimonial, las relaciones matrimoniales, las relaciones entre el hombre y la mujer tienen que madurar, en el sentido de que tienen que pasar de relaciones de mayor a menor, a relaciones de iguales.

3.¿Què respuesta le voy a dar hoy al Señor?
  • ¿A qué compromisos como creyentes nos conduce este Evangelio?
  • ¿Qué nos enseña esta pericopa sobre el matrimonio?
  • ¿Qué actutides deben promover los esposos?


Fuente: Varios Autores
Sìntesis: Jorge Mogrovejo M.

Comentario al Evangelio del Domingo 27 de marzo del 2022

 IV Domingo de Cuaresma. 28/03/2022 Pericopa: Lc 15,1-3.11-32  En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para es...