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domingo, 10 de febrero de 2019

Comentario al Evangelio del V Domingo de Tiempo Ordinario (10 de Febrero del 2019)

V Domingo de Tiempo Ordnario
Evangelio según San Lc 5, 1-11

1 Cierto día la gente se agolpaba a su alrededor para escuchar la palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. 2 En eso vio dos barcas amarradas al borde del lago; los pescadores habían bajado y lavaban las redes. 3 Subió a una de las barcas, que era la de Simón, y le pidió que se alejara un poco de la orilla; luego se sentó y empezó a enseñar a la multitud desde la barca.
4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Lleva la barca mar adentro y echen las redes para pescar.» 5 Simón respondió: «Maestro, por más que lo hicimos durante toda la noche, no pescamos nada; pero, si tú lo dices, echaré las redes.» 6 Así lo hicieron, y pescaron tal cantidad de peces, que las redes casi se rompían. 7 Entonces hicieron señas a sus asociados que estaban en la otra barca para que vinieran a ayudarles. Vinieron y llenaron tanto las dos barcas, que por poco se hundían.
8 Al ver esto, Simón Pedro se arrodilló ante Jesús, diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador.» 9 Pues tanto él como sus ayudantes se habían quedado sin palabras por la pesca que acababan de hacer. 10 Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón.
10 Jesús dijo a Simón: «No temas; en adelante serás pescador de hombres.» 11 En seguida llevaron sus barcas a tierra, lo dejaron todo y siguieron a Jesús.

1.- ¿Qué nos quiere decir Lucas en este Evangelio?
Más allá del fracaso de Jesús en su primera "aparición pública" en su pueblo Nazaret (cf. Lc 4,21-30), el texto de hoy comienza dándonos noticia de una multitud que lo rodea junto al lago de Genesaret "para escuchar la Palabra de Dios". Al verse rodeado por la multitud, Jesús decide subirse a la barca de Simón (Pedro) que estaba con otros pescadores limpiando las redes. 

Se aparta un poco de la orilla y, desde este improvisado "púlpito", comienza a enseñar a la gente. Notemos el valor simbólico que implica que el Señor utilice la "barca de Pedro", o sea la Iglesia, como cátedra para anunciar su palabra. Y notemos también que Jesús no restringe su enseñanza a la sinagoga o al templo, como si fueran los únicos espacios sagrados. El espacio y el tiempo son de Dios y, por tanto, todo lugar y momento son propicios para que Dios comunique su Palabra. Terminada la enseñanza, Jesús se dirige ahora a Simón ordenándole: "navega mar adentro y echen las redes para pescar". La primera expresión, literalmente, dice "vuélvete o lánzate a lo profundo (ἐπανάγαγε εἰς τὸ βάθος)", que algunos traducen: “métete, avanza hacia las aguas profundas”. Por el contexto bien vale la traducción: "navega mar adentro" (“duc in altum” en la Vulgata). Simón le responde que han trabajado toda la noche y no han logrado sacar nada, pero que en su palabra echará las redes. El verbo kopia ,w que con que expresa Simón su "trabajo fatigoso" lo encontramos en el NT en varios textos refiriéndose a la "fatiga apostólica" (cf. 1Cor 15,10; 16,16; Gal 4,11; Flp 2,16; Col 1,29; 1Tes 5,12; 1Tim 4,10; 5,17). 

Como bien nota F. Bovon, primero habla el Simón pescador de oficio asegurando que no es momento de pesca, no hay pique; luego habla el Simón discípulo que confía en la Palabra de su maestro o jefe. Por tanto, Simón y sus compañeros se encuentran en una situación de fracaso, de desaliento por una noche de pesca fallida. En este contexto se hace más explícita la fe de Simón en la Palabra de Jesús: "pero si tu lo dices, echaré las redes". 

Los pescadores ponen manos a la obra recurriendo a su experiencia y técnica. En efecto, la descripción de la pesca corresponde a las prácticas de las regiones mediterráneas donde se utilizan las redes para encerrar o cercar a los peces (tal el sentido de une ,kleisan en 5,6). Ante la gran cantidad de peces encerrados, necesitaron ayuda de otros para subirlos a las barcas sin romper las redes; y las señas son porque los gritos hubieran ahuyentado los peces. La pesca es sobreabundante, fruto del trabajo fundado en la fe en la Palabra de Jesús. La reacción de Simón Pedro no deja de sorprendernos: ante la manifestación del poder de Jesús cae de rodillas y, reconociendo su condición de pecador, le pide que se aleje de él. A la luz del Antiguo Testamento (Moisés en Ex 3,6 e Isaías en la primera lectura de hoy, por ejemplo) podemos comprender que se trata de un relato de revelación. Pedro ha visto (5,8) la "pesca milagrosa o el milagro de la pesca" y ante esta "manifestación sobrenatural" se siente sobrecogido en su pequeñez y limitación personal; se siente un "hombre pecador", necesitado de redención. Es de notar que en 5,5 Pedro llamó a Jesús Maestro o Jefe (e vpista ,ta); mientras que aquí, después de la pesca milagrosa, lo llama Señor (ku,rie), título que hace referencia a la divinidad de Jesús. En 5,9 nos dice el evangelista que esta reacción de Pedro se debió al temor (qa ,mboj) que se apoderó de él y de los demás ante la pesca superabundante.

Se trata, por tanto, de un temor o asombro religioso. Entonces el Señor invita a no temer (ahora sí con el clásico mh . fobou/) y, además, de cara al futuro, lo llama para ser "pescador de hombres" (literalmente el verbo zwgre,w se refiere a capturar seres vivos). Si bien la llamada aparece hecha personalmente a Pedro, todos los que estaban en la barca responden dejándolo todo y siguiendo a Jesús. Esta radicalidad en el seguimiento del Señor es subrayada por Lucas a lo largo del camino a Jerusalén (cf. 9,62; 12,33; 14,26-33). El relato tiene como centro la metáfora de la pesca, por lo que contiene una invitación a la misión, a la evangelización de la mano de Jesús y en la barca de Pedro, la Iglesia. Al mismo tiempo se resalta que la fecundidad en la misión viene de la confianza en la Palabra del Señor y exige, al mismo tiempo, una radicalidad en el seguimiento del Señor.

2.¿Qué mensaje nos trae este pasaje y qué compromiso nos pide hoy, el Señor?

Al llegar al lago de Genesaret, Jesús vive una experiencia muy diferente a la que ha vivido en su pueblo. La gente no lo rechaza, sino que se «agolpa a su alrededor». Aquellos pescadores no buscan milagros, como los vecinos de Nazaret. Quieren «oír la Palabra de Dios». Es lo que necesitan.


La escena es cautivadora. No ocurre dentro de una sinagoga, sino en medio de la naturaleza. La gente escucha desde la orilla; Jesús habla desde las aguas serenas del lago. No está sentado en una cátedra, sino en una barca. Según Lucas, en este escenario humilde y sencillo «enseñaba» Jesús a la gente.




Esta muchedumbre viene a Jesús para oír la «Palabra de Dios». Intuyen que él les habla desde Dios. No repite lo que oye a otros; no cita a ningún maestro de la ley. Esa alegría que sienten en su corazón solo puede despertarla Dios. Jesús les pone en comunicación con él.

Años más tarde, en las primeras comunidades cristianas, se dice que la gente se acerca también a los discípulos de Jesús para oír la «Palabra de Dios». Lucas vuelve a utilizar esta expresión audaz y misteriosa: la gente no quiere oír de ellos una palabra cualquiera; esperan una palabra diferente, nacida de Dios. Una palabra como la de Jesús.

Es lo que se ha de esperar siempre de un predicador cristiano. Una palabra dicha con fe. Una enseñanza arraigada en el evangelio de Jesús. Un mensaje en el que se pueda percibir sin dificultad la verdad de Dios y donde se pueda escuchar su perdón, su misericordia insondable y también su llamada a la conversión.

Probablemente muchos esperan hoy de los predicadores cristianos esa palabra humilde, sentida, realista, extraída del Evangelio, meditada personalmente en el corazón y pronunciada con el Espíritu de Jesús.


Cuando nos falta este Espíritu jugamos a hacer de profetas, pero en realidad no tenemos nada importante que comunicar. Con frecuencia terminamos repitiendo con lenguaje religioso las «profecías» que se escuchan en la sociedad.



Pedro es un hombre de fe seducido por Jesús. Sus palabras tienen para él más fuerza que su propia experiencia, sabe que nadie se pone a pescar al mediodía en el lago, sobre todo si no ha capturado nada por la noche. Pero se lo ha dicho Jesús, y Pedro confía totalmente en él: «Apoyado en tu palabra, echaré las redes»; es al mismo tiempo un hombre de corazón sincero. Sorprendido por la enorme pesca obtenida, «se arroja a los pies de Jesús» y con una espontaneidad admirable le dice: «Apártate de mí, que soy pecador». Pedro reconoce ante todo su pecado y su indignidad para convivir con Jesús.

Está muy extendida la idea de que la culpa es algo introducido por la religión. Bastantes piensan que, si Dios no existiera, desaparecería el sentimiento de culpa, pues no habría mandamientos y cada cual podría hacer lo que quisiera.
Nada más lejos de la realidad. La culpa no es algo inventado por los creyentes, sino una experiencia universal que vive todo ser humano como ha recordado con insistencia la filosofía moderna (Kant, Heidegger, Ricoeur). Creyentes y ateos, todos nos enfrentamos a esta realidad dramática: nos sentimos llamados a hacer el bien, pero una y otra vez hacemos el mal.


Lo propio del creyente es que vive su experiencia de la culpa ante Dios. Pero, ¿ante qué Dios? Si se siente culpable ante la mirada de un Dios resentido e implacable, nada hay en el mundo más culpabilizador y destructor. Si, por el  contrario, experimenta a Dios como alguien que nos acompaña con amor, siempre dispuesto a la comprensión y la ayuda, es difícil pensar en algo más luminoso, sanador y liberador.

Pero resulta todavía más deplorable que bastantes cristianos no lleguen nunca a acoger con gozo al Dios de perdón y de gracia revelado en Jesús. ¿Cómo se ha podido ir formando entre nosotros esa imagen de un Dios resentido y culpabilizador? ¿Cómo no trabajar con todas las fuerzas para liberar a la gente de tal equivoco?

No pocas personas piensan que el pecado es un mal que se le hace a Dios, el cual «impone» los mandamientos porque le conviene a él; por eso castiga al pecador. No terminamos de comprender que el único interés de Dios es evitar el mal a sus hijos e hijas, pues el pecado es un mal para el ser humano, no para Dios. 
Lo explicaba hace mucho santo Tomás de Aquino: «Dios es ofendido por nosotros solo porque obramos contra nuestro propio bien».

Quien, desde la culpa, solo mira a Dios como juez resentido y castigador, no ha entendido nada de ese Padre cuyo único interés somos nosotros y nuestro bien. En ese Dios en el que no hay egoísmo ni resentimiento solo cabe ofrecimiento de perdón y de ayuda para ser más humanos. Somos nosotros los que nos juzgamos y castigamos rechazando su amor.

La culpa como tal no es algo inventado por las religiones. Constituye una de las experiencias humanas más antiguas y universales. Antes que aflore el sentimiento religioso se puede advertir en el ser humano e sensación de «haber fallado» en algo. El problema no consiste en la experiencia de la culpa, sino en el modo de afrontarla.

Hay una manera sana de vivir la culpa. La persona asume la responsabilidad de sus actos, lamenta el daño que ha podido causar y se esfuerza por mejorar en el futuro su conducta. Vivida así, la experiencia de la culpa forma parte del crecimiento de la persona hacia su madurez.


3.- ¿Que respuesta le voy a dar hoy al Señor?
  • ¿Reconozco los errores y pecados en mi vida, y tengo una actitud de querer cambiar?
  • ¿Considero que Dios es solo amor y quiere lo mejor para mi, la felicidad y el bien.?
  • ¿Me siento culpable por mis pecados cometidos, como una motivación para ser mejor? ¿o como una carga que no me deja hacer lo que quiera? 
  • ¿Soy consciente que estoy en una constante lucha entre el bien y el mal dentro de mi?




Fuente: Varios Autores

Sintesis: Jorge Mogrovejo

domingo, 2 de diciembre de 2018

Comentario al Evangelio del I Domingo de Adviento (2 de Diciembre del 2018)

I Domingo de Adviento 2018
Evangelio segun san Lc 21, 25-28.34-36\

25 Entonces habrá señales en el sol, la luna y las estrellas, y por toda la tierra los pueblos estarán llenos de angustia, aterrados por el estruendo del mar embravecido. 26 La gente se morirá de espanto con sólo pensar en lo que va a caer sobre la humanidad, porque las fuerzas del universo serán sacudidas. 27 Y en ese preciso momento verán al Hijo del Hombre venir en la Nube, con gran poder e infinita gloria.»
28 «Cuando se presenten los primeros signos, enderécense y levanten la cabeza, porque está cerca su liberación.»
34 Cuiden de ustedes mismos, no sea que la vida depravada, las borracheras o las preocupaciones de este mundo los vuelvan interiormente torpes y ese día caiga sobre ustedes de improviso, 35 pues se cerrará como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra. 36 Por eso estén vigilando y orando en todo momento, para que se les conceda escapar de todo lo que debe suceder y estar de pie ante el Hijo del Hombre.»
37 Durante el día Jesús enseñaba en el Templo, y luego salía e iba a pasar la noche al aire libre al monte de los Olivos. 38 Y desde muy temprano todo el pueblo acudía donde él al Templo para escucharlo.

1.- ¿Qué nos quiere decir Marcos en este Evangelio?
El evangelio de este domingo nos pone de modo inmediato frente a la consideración del fin del mundo. En este fragmento del discurso escatológico de Lucas, utilizando la simbología propia del género apocalíptico, se nos dice que aquellos astros (sol, luna y estrellas) que Dios colocó para regir el tiempo (cf. Gn 1) nos darán las señales de la llegada del fin. 

Estos signos apocalípticos, en cuanto reveladores, generan división entre los hombres. Así tenemos, por un lado, la reacción primera y primaria ante esta realidad del fin por parte de los pueblos que será la angustia; y por parte de los hombres que será el pánico (“los pueblos serán presa de la angustia...los hombres desfallecerán de miedo”). 

Por otra parte, todo este cuadro de conmoción cósmica no es más que el marco del anuncio de la llegada del Hijo del hombre "lleno de poder y de gloria". El título de "Hijo del Hombre" que Jesús se aplica aquí está inspirado en Dn 7,13-14 y representa al Mesías como juez escatológico. Se trata, por tanto, de su venida al fin de los tiempos para juzgar al mundo. 

Ante esta manifestación, los discípulos deberán "tener ánimo y levantar la cabeza". El contraste con la reacción de "los pueblos y los hombres" es claro; y es la esperanza la que hace la diferencia. Mientras los hombres en general serán presa del pánico, los cristianos son invitados a la confianza, a tener ánimo porque la venida del Señor les trae la liberación.   
En el marco de nuestro adviento, el gesto de levantar la cabeza es muy rico de significado. Se trata de mirar más allá de lo cotidiano, de lo inmediato que muchas veces nos aprisiona quitándonos perspectiva, sentido de la vida. Levantar la cabeza, erguirse, es sinónimo de recuperar la dignidad gracias al sentido trascendente de la vida. En fin, ver más allá para tener una valoración correcta de nuestra realidad. 

Para lograr esto se requiere una actitud vigilante, de allí la advertencia del evangelio de hoy a “no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida”. Literalmente el texto dice: "no se vuelva pesado o cargado el corazón por…". El término griego para expresar el primer vicio - exceso, libertinaje o disipación - se encuentra sólo aquí en todo el NT. En la literatura griega su sentido está vinculado al exceso de alcohol con todas sus consecuencias.

Puede que esté formando una unidad de sentido con el término siguiente, la embriaguez, que aparece en la lista de vicios de San Pablo en Rom 13,13 y Gal 5,21. En cuanto a las "preocupaciones de la vida" recordemos que ya apareció esta expresión en la parábola del sembrador, simbolizada por las espinas que ahogan la semilla de la Palabra (cf. Lc 8,14). 

Justamente el mayor daño que esto causa es la pérdida de la atención y su consecuencia será que el día de la venida del Señor nos tome por sorpresa, sin estar esperándolo debidamente. 
La actitud requerida es entonces una conciencia atenta y vigilante, la cual es fruto de la oración, de la súplica o ruego incesante, que pide aquí el Señor a sus discípulos. Recordemos que la necesidad de una oración vigilante es un tema recurrente en Lucas (cf. 6,12; 18,1; 22,40.46). Quien alimenta la espera atenta con la oración incesante podrá escapar de todas las convulsiones cósmicas que sobrevendrán y podrá "permanecer en pie delante del Hijo del hombre". 

Es importante resaltar la actitud "corporal" de los discípulos ante el día final, pues expresa su estado "espiritual" o "interior": levantar la cabeza, estar en pie ante el Señor. Para los judíos el estar en pie y con la cabeza alta era la actitud del orante, del que se presenta con confianza ante Dios pues tiene su conciencia tranquila y en paz.


2.¿Què mensaje nos trae este pasaje y què compromiso nos pide hoy, el Señor?

Los discursos apocalípticos recogidos en los evangelios reflejan los miedos y la incertidumbre de aquellas primeras comunidades cristianas, frágiles y vulnerables, que vivían en medio del vasto Imperio romano entre conflictos y persecuciones, con un futuro incierto, sin saber cuándo llegaría Jesús, su amado Señor. También las exhortaciones de esos discursos representan en buena parte las exhortaciones que se hacían unos a otros aquellos cristianos recordando el mensaje de Jesús. Esa llamada a vivir despiertos cuidando la oración y la confianza es un rasgo original y característico del Profeta de Galilea. Después de veinte siglos, la Iglesia actual marcha como una anciana, «encorvada» por el peso de los siglos, las luchas y trabajos del pasado. «Con la cabeza baja», consciente de sus errores y pecados, sin poder mostrar con orgullo la gloria y el poder de otros tiempos. Es el momento de escuchar la llamada que Jesús nos hace a todos. 

«Levantaos», anímense unos a otros. «Alzad la cabeza» con confianza. No miréis al futuro solo desde vuestros cálculos y previsiones. «Se acerca vuestra liberación». Un día ya no viviréis encorvados, oprimidos ni tentados por el desaliento. Jesucristo es vuestro Liberador. Pero hay maneras de vivir que nos impiden caminar con la cabeza levantada confiando en esa liberación definitiva. Por eso «tened cuidado de que no se os embote la mente». No os acostumbréis  a vivir con un corazón insensible y endurecido, buscando llenar su vida de bienestar y dinero, de espaldas al Padre del cielo y a sus hijos que sufren en la tierra. Ese estilo de vida os hará cada vez menos humanos. «Estad siempre despiertos». Despertad la fe en el seno de vuestras comunidades. Estad más atentos a mi Evangelio. Cuidad mejor mi presencia en medio de vosotros. No seáis comunidades dormidas. Vivid «pidiendo fuerza». 

¿QUÉ ES VIVIR DESPIERTOS? 

Jesús no se dedicó a explicar una doctrina religiosa para que sus discípulos la aprendieran correctamente y la difundieran luego por todas partes. No era este su objetivo. Él les hablaba de un «acontecimiento» que estaba ya sucediendo: «Dios se está introduciendo en el mundo. Quiere que las cosas cambien. Solo busca que la vida sea más digna y feliz para todos». Jesús llamaba a esto el «reino de Dios». Hemos de estar muy atentos a su venida. Hemos de vivir despiertos: abrir bien los ojos del corazón; desear ardientemente que el mundo cambie; creer en esta buena noticia que tarda tanto en hacerse realidad plena; cambiar de manera de pensar y de actuar; vivir buscando y acogiendo el «reino de Dios». No es extraño que, a lo largo del evangelio, escuchemos tantas veces su llamada insistente: «vigilad», «estad atentos a su venida», «vivid despiertos». Es la primera actitud del que se decide a vivir la vida como la vivió Jesús. Lo primero que hemos de cuidar para seguir sus pasos. 

«Vivir despiertos» significa no caer en el escepticismo y la indiferencia ante la marcha del mundo. No dejar que nuestro corazón se endurezca. No quedarnos solo en quejas, críticas y condenas. Despertar activamente la esperanza. «Vivir despiertos» significa vivir de manera más lúcida, sin dejarnos arrastrar por la insensatez que a veces parece invadirlo todo. Atrevernos a ser diferentes. No dejar que se apague en nosotros el deseo de buscar el bien para todos. «Vivir despiertos» significa vivir con pasión la pequeña aventura de cada día. No desentendernos de quien nos necesita. Seguir haciendo esos «pequeños gestos» que aparentemente no sirven para nada, pero que sostienen la esperanza de las personas y hacen la vida un poco más amable. «Vivir despiertos» significa despertar nuestra fe. Buscar a Dios en la vida y desde la vida. Intuirlo muy cerca de cada persona. Descubrirlo atrayéndonos a todos hacia la felicidad. Vivir no solo de nuestros pequeños proyectos, sino atentos al proyecto de Dios. 

CUIDAR LA ESPERANZA 

Todos vivimos con la mirada puesta en el futuro.En el fondo, casi todos andamos buscando «algo mejor», una seguridad, un bienestar mayor. Queremos que todo nos salga bien y, si es posible, que nos vaya mejor. Es esa confianza básica la que nos sostiene en el trabajo y los esfuerzos de cada día. Por eso, cuando la esperanza se apaga, se apaga también la vida. La persona ya no crece, no busca, no lucha. Al contrario, se empequeñece, se hunde, se deja llevar por los acontecimientos. Si se pierde la esperanza, se pierde todo. Por eso, lo primero que hay que cuidar en el corazón de la persona, en el seno de la sociedad o en la relación con Dios es la esperanza. La esperanza no consiste en la reacción optimista de un momento. Es más bien un estilo de vida, una manera de afrontar el futuro de forma positiva y confiada, sin dejarnos atrapar por el derrotismo. El futuro puede ser más o menos favorable, pero lo propio del que vive con esperanza es su actitud positiva, su deseo de vivir y de luchar, su postura decidida y confiada. No siempre es fácil. La esperanza hay que trabajarla. Lo primero es mirar hacia adelante. No quedarnos en lo que ya pasó. No vivir de recuerdos o nostalgias. No quedarnos añorando un pasado tal vez más dichoso, más seguro o menos problemático. Es ahora cuando hemos de vivir afrontando el futuro de manera positiva. La esperanza no es una actitud pasiva, es un estímulo que impulsa a la acción. Quien vive animado por la esperanza no cae en la inercia. Al contrario, se esfuerza por cambiar la realidad y hacerla mejor. Quien vive con esperanza es realista, asume los problemas y las dificultades, pero lo hace de manera creativa, dando pasos, buscando soluciones y contagiando confianza. La esperanza no se sostiene en el aire. Tiene sus raíces en la vida. Por lo general, las personas viven de «pequeñas esperanzas» que se van cumpliendo o se van frustrando. Hemos de valorar y cuidar esas pequeñas esperanzas, pero el ser humano necesita una esperanza más radical e indestructible, que se pueda sostener cuando toda otra esperanza se hunde. Así es la esperanza en Dios, último salvador del ser humano. Cuando caminamos cabizbajos y con el corazón desalentado, hemos de escuchar esas inolvidables palabras de Jesús: «Alzad vuestra cabeza, pues se acerca vuestra liberación» .

Quien ama de verdad la vida y se siente solidario de todos los seres humanos sufre al ver que todavía una inmensa mayoría no puede vivir de manera digna. Este sufrimiento es signo de que aún seguimos vivos y somos conscientes de que algo va mal. Hemos de seguir buscando el reino de Dios y su justicia. ¡POR FAVOR, QUE HAYA DIOS! Muchas veces había pensado en la importancia que tiene el contexto socio-político en nuestra manera de leer el Evangelio, pero solo tomé conciencia viva de ello cuando estuve viviendo una temporada un poco más larga en Ruanda. Todavía recuerdo bien la sensación que tuve al leer este texto del evangelio de Lucas. No es lo mismo escuchar este discurso apocalíptico desde el bienestar de Europa o desde la miseria y el sufrimiento de África. A pesar de todas las crisis y problemas, en Europa se sigue pensando que el mundo irá siempre a mejor. Nadie espera ni quiere el fin de la historia. Nadie desea que cambien mucho las cosas. En el fondo nos va  bastante bien. Desde esta perspectiva, oír hablar de que un día todo puede desaparecer «suena» a «visiones apocalípticas» nacidas del desvarío de mentes tenebrosas. Todo cambia cuando el mismo Evangelio es leído desde el sufrimiento del Tercer Mundo. Cuando la miseria es ya insoportable y el momento presente es vivido solo como sufrimiento destructor, es fácil sentir exactamente lo contrario. «Gracias a Dios esto no durará para siempre». Los últimos de la Tierra son quienes mejor pueden comprender el mensaje de Jesús: «Dichosos los que lloran, porque de ellos es el reino de Dios». Estos hombres y mujeres, cuya existencia es hambre y miseria, están esperando algo nuevo y diferente que responda a sus anhelos más hondos de vida y de paz. Un día «el sol, la luna y las estrellas temblarán», es decir, todo aquello en que creíamos poder confiar para siempre se hundirá. Nuestras ideas de poder, seguridad y progreso se tambalearán. Todo aquello que no conduce al ser humano a la verdad, la justicia y la fraternidad se derrumbará, y «en la tierra habrá angustia de las gentes». 

Pero el mensaje de Jesús no es de desesperanza para nadie: Aun entonces, en el momento de la verdad última, no desesperéis, estad despiertos, «manteneos en pie», poned vuestra confianza en Dios. Viendo de cerca el sufrimiento cruel de aquellas gentes de África me sorprendí a mí mismo sintiendo algo que puede parecer extraño en un cristiano. No es propiamente una oración a Dios. Es un deseo ardiente y una invocación ante el misterio del dolor humano. Es esto lo que me salía de dentro: «¡Por favor, que haya Dios!». 


3.- ¿Que respuesta le voy a dar hoy al Señor?
¿Cómo seguiremos los pasos de Jesús si el Padre no nos sostiene? 
¿Cómo podremos «mantenernos en pie ante el Hijo del hombre»? 


Fuente: Varios Autores
Transcripcion: Jorge Mogrovejo 

domingo, 18 de noviembre de 2018

Comentario al Evangelio del XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario (18 de Noviembre del 2018)

Evangelio del XXXII Domingo del Tiempo Ordinario
Evangelio Segun San Marcos 13, 24-32

24 Después de esa angustia llegarán otros días; entonces el sol dejará de alumbrar, la luna perderá su brillo, 25 las estrellas caerán del cielo y el universo entero se conmoverá. 26 Y verán venir al Hijo del Hombre en medio de las nubes con gran poder y gloria. 27 Enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
28 Aprendan de este ejemplo de la higuera: cuando las ramas están tiernas y brotan las hojas, saben que el verano está cerca. 29 Así también ustedes, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que todo se acerca, que ya está a las puertas. 30 En verdad les digo que no pasará esta generación sin que ocurra todo eso. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
32 Por lo que se refiere a ese Día y cuándo vendrá, no lo sabe nadie, ni los ángeles en el Cielo, ni el Hijo, sino solamente el Padre.

1.- ¿Qué nos quiere decir Marcos en este Evangelio?
El texto de hoy forma parte del capítulo 13 de san Marcos que se conoce como "el discurso escatológico de Jesús" porque vincula la destrucción del templo de Jerusalén con el fin de los tiempos y con la venida del hijo del hombre. 

El mismo se compone de tres partes: 
1) vv. 24-27: describe la venida del hijo del hombre. 
2) vv. 28-31: la parábola de la higuera. 
3) vv. 32-37 (sólo leemos el v. 32): la imposibilidad de saber la fecha del fin de los tiempos. 

La primera parte del texto comienza con una referencia a la gran tribulación que ha sido descrita en los versículos anteriores (cf. Mc 13,14-23). Pues bien, después de la misma seguirán unas perturbaciones cósmicas que afectarán al sol, la luna y las estrellas. Estas imágenes de perturbaciones cósmicas son propias de los textos apocalípticos bíblicos y extrabíblicos. Como fuentes de inspiración bíblicas tenemos: Is 13,10-11: "Porque los astros del cielo y sus constelaciones no irradiarán más su luz; el sol se oscurecerá al salir y la luna dejará de brillar. Yo castigaré al mundo por su maldad y a los malvados por su iniquidad. Pondré fin al orgullo de los arrogantes y humillaré la soberbia de los violentos". Is 34,4: "Se diluye todo el ejército del cielo, los cielos son enrollados como un pliego, y todo su ejército se marchita como se marchita el follaje de la vid, como cae marchita la hoja de la higuera". 

Tal vez convenga aclarar que todas estas imágenes y figuras son propias de un género literario, el apocalíptico, que las utiliza para decir o expresar lo que sucederá al final de los tiempos. Ahora bien, más allá de estas imágenes o figuras literarias, hay un tema de fondo que es la escatología, o sea lo referente al fin, a lo último. Para los estudiosos de la Biblia la escatología se entiende como lo referente a una intervención futura y definitiva de parte de Dios en favor de su pueblo. El mensaje escatológico es dominante en los libros proféticos, por ejemplo a través del anuncio del día de Yavé.

La preocupación por el fin del mundo, o sea por las cuestiones escatológicas, surgen más vivamente en tiempos de aflicción, marginación o persecución de los creyentes. Esto terrible experiencia de la destrucción de Jerusalén y el consiguiente exilio están en la raíz del pensamiento apocalíptico, el cual se vio potenciado luego por la opresión militar y cultural tanto del helenismo como de la dominación romana . Así, en medio de las tribulaciones, guerras y calamidades surge fuerte en el creyente la pregunta: ¿cuándo obrará Dios sus promesas? Y dado el contraste entre la situación presente y el mensaje de salvación, la esperanza de los piadosos se dirige a una futura transformación universal. La espera de este evento es el objeto de la literatura apocalíptica que florece principalmente entre el s. II a.C. y el s. II d.C. y que prevé que este mundo llegará a su fin en medio de terribles convulsiones. Los apocalípticos están obsesionados por este momento y recurren a todo tipo de cálculos para conocer cuándo será el fin. 

Así el juicio de Dios, que será el triunfo sobre las potencias del mal y el surgir del mundo nuevo, tiene su fecha fijada; y por esto en la apocalíptica los números tienen un gran papel. 
Por último, notemos que estás manifestaciones cósmicas son el preludio de la llegada del juicio de Dios, quien hará justicia y castigará a los pecadores. Así, en medio de esta convulsión cósmica – que al decir de J. Gnilka "su lenguaje se sitúa a medio camino de lo metafórico y de lo realista" – se verá aparecer al Hijo del hombre con mucho poder y gloria. 

En cuanto a la figura del "hijo del hombre", si nos remitimos al origen arameo de la expresión, su sentido estricto sería "el humano" o "el hombre". Pero aquí se encuentra una clara referencia a la expresión hijo del hombre en Dn 7,13-14: "Yo seguía contemplando en las visiones de la noche: Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia. A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás." 

Según los estudiosos en el libro de Daniel el título "hijo del hombre" tendría un sentido individual y colectivo a la vez por cuanto representaría a Israel que fue humillado por los dominadores helénicos pero que será exaltado por Dios y constituido en un reino eterno. En la literatura intertestamentaria, especialmente en 1Henoc y 4Esdras, se lo interpreta con sentido individual y mesiánico. En esto última se inspiraría su utilización por parte de Jesús, pero dándole un sentido propio y exclusivo. En efecto "Jesús prefiere este título al de Mesías, por ser menos político, por tener un carácter individual-corporativo y por aludir al carácter humano de su obra, por una parte y, por otra, al carácter de enviado escatológico vindicado por Dios". 

En síntesis: "Marcos refuerza su interpretación de la tardanza del ésjaton afirmando ahora la imposibilidad de determinar exactamente cuándo ocurrirá. En los vv. 28-37 Marcos pone una conclusión parenética al discurso. En su actual posición redaccional en el capítulo la parábola de la higuera y su explicación en el v. 30 se refieren a las señales y al fin. El evangelista le dice a su comunidad que el fin estará precedido por señales (vv. 5-23) y por la venida en gloria del Hijo del hombre (vv. 24-27). Solamente después (cf. kai tóte en v.26) los ángeles serán enviados a recoger a los eklektoí marcando de esta manera el fin de la historia -"el cielo y la tierra pasarán"- y el comienzo del Reino de Dios. Los vv. 32-37, también una parábola y su aclaración, comunican la idea de que aunque es posible anticipar la proximidad del ésjaton por las señales (cf. ginóskete en vv. 28-29) es imposible determinar con total precisión el día y la hora de su realización final"  

2.¿Què mensaje nos trae este pasaje y què compromiso nos pide hoy, el Señor?
Este domingo es para la Iglesia el último domingo del año litúrgico. El proximo domingo celebramos la fiesta de Cristo Rey y dentro de quince días comenzaremos el tiempo de Adviento, que son cuatro domingos con los que la Igelsia toda se prepara para celebrar la Navidad de nuestro Señor. El año litúrgico está terminando y es por eso que las lecturasque hemos escuchado nos hablan del fin de los tiempos.

La palabra de Dios hoy nos invita a examninar una de las realidades fundamentales de nuestra vida: el furuto de todos nosotros y el futuro de cada uno. ¿Cuál es nuestro futuro? ¿hacia dónde vamos? Seguramente que cada uno de los que estamos aqúi tenemos una diferente coneción del futuro y cada uno espera determinadas cosas. Es verdad, también, que hay personas que rechazan el futuro, que no quieren pensar en él. Le tienen miendo al futuro. Pero por más que lo rechacen marchan irremediablemente hacia él. El futuro nos llega y nos está llegando cada día que pasa.

Hay personas que no quieren pensar en el futor porque consideran que "todo tiempo pasado fue mejor" y que el futuro será desastroso. Viven de nostalgias y de recuerdos. Sin embargo, la Palabra de Dios nos dice que el futuro para el mndo será la venidad del Hijo del Hombre, es decir, la venidad del Sñoer con todo su poder y toda su gloria. 

En el evangelio nos ha dicho Jesús: "En este tiempo, después de una terrible tribulación, se producirá una catástrofe cósmica". Es preciso que sepamos entender este lenguaje. Jesús está hablando un lenguaje que en su tiempo era muy utilizado y se llamaba apocalíptico. Pero en resumen lo que nos quiere decir es que todo tiempo de la historia, nuestro tiempo, está marcado por tribulaciones y grandes catástrofes, pero que llegará un día en el que vendrá el Hijo del hombre sobre el mundo y reunirá a sus escogidos para relaizar la salvación última y definitiva.

O sea, que lo que nos anuncia como futuro la palabra de Dios no es el fin del mundo como tal, sino la salvación definitiva que ya comenzó, que ya se está realizando en el corazón de todo creyente, pero que todavía no ha culminado.  No quiere decir que Dios destruirá el mundo, sino que lo transformará. Por eso, en sentido propio no debemos hablar de fin del mundo, sino de fin del actual estado de cosas marcados por la violencia, el sufrimiento, las tribulaciones, las catástrofes y la muerte. Esta situación tendrá su fin y vendrá el Hijo del hombre para establecer la paz definitiva, el reino de la verdad y del amor, o sea, el Reino del Dios. Así pues, el futuro para el cristiano, el futuro de la Iglesia, el futuro que nos anuncia la Palabra de Dios es la salvación. De esto eran muy conscienteslos cristianos de los tiempos primitivos, pro lo cual tenían una oración con la que rogaban insistentemente la venida del Señro. Ellos decían: "Marana-ta": !Ven, Señor Jesús!


3.- ¿Que respuesta le voy a dar hoy al Señor?

  • ¿Estoy realmente preparado para la venida del Señor?
  • ¿Estoy consciente de que la Parusía es real aunque no sepamos cuando ocurrirá?
  • ¿Le considero a la Palabra de Dios como palabra de vida, una palabra que no pasará? 


Fuente:  Varios autores
Síntesis: Jorge Mogrovejo M.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Comentario al Evangelio del XXXII Domingo del Tiempo Ordinario (11 de Noviembre del 2018)

Evangelio del XXXII Domingo del Tiempo Ordinario
Evangelio Segun San Marcos 12, 38-44

38 En su enseñanza Jesús les decía también: «Cuídense de esos maestros de la Ley 39 a quienes les gusta pasear con sus amplias vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar asientos reservados en las sinagogas y en los banquetes; 40 incluso devoran los bienes de las viudas, mientras se amparan detrás de largas oraciones. ¡Con qué severidad serán juzgados!»
41 Jesús se había sentado frente a las alcancías del Templo, y podía ver cómo la gente echaba dinero para el tesoro; pasaban ricos y daban mucho, 42 pero también se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor.
43 Jesús entonces llamó a sus discípulos y les dijo: «Yo les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos los otros. 44 Pues todos han echado de lo que les sobraba, mientras ella ha dado desde su pobreza; no tenía más, y dio todos sus recursos.»
1.- ¿Qué nos quiere decir Marcos en este Evangelio?
En el evangelio de este domingo tenemos que distinguir dos partes: la primera (12,38-40) es una enseñanza de Jesús sobre la mala conducta de los escribas; mientras que la segunda (12,41-44) se refiere al testimonio religioso de una viuda pobre. 

El texto comienza anunciando una enseñanza o instrucción de Jesús (didajé). Recordemos que Marcos es el evangelista que más insiste en la enseñanza de Jesús y en la buena recepción que tiene la misma por parte de la gente (cf. Mc 1,22.27; 4,2; 11,18 donde aparece el término didajé; mientras que en Mt lo encontramos dos veces y una sola vez en Lc). 

Podemos suponer que la enseñanza va dirigida a la multitud que aparece en la escena inmediatamente anterior escuchando a Jesús con agrado (cf. 12,37). J. Gnilka divide esta enseñanza de Jesús en tres partes: advertencia introductoria, descripción de la conducta condenable de los escribas y amenaza de juicio conclusiva. La advertencia introductoria comienza con un verbo en imperativo, blépete, que mayormente tiene el sentido de guardarse o cuidarse de algo malo. El mismo aparece siempre en boca de Jesús y dirigido principalmente a los discípulos. Ya había aparecido con un sentido idéntico en Mc 8,15: "Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes". 

Por tanto, indica que nos encontramos ante un importante llamado de atención que viene siempre de parte del Señor, quien pide a sus discípulos estar alerta, en constante vigilancia para no dejarse confundir o "contagiar" por modos de pensar u obrar contrarios a la enseñanza del evangelio. Jesús invita aquí a cuidarse o resguardarse de los escribas. Así se llamaba a los que dedicaban al estudio de las Escrituras, a las que interpretaban a la luz de las tradiciones de los antepasados, adaptando las normas a la vida práctica. Se los llamaba también doctores de la ley, sabios o maestros (rabbí) pues enseñaban en escuelas y en el Templo; y solían ser honrados por el pueblo y recibir los puestos de honor en la sinagoga (cf. Mc 12,38-39). La mayoría de los escribas pertenecían al grupo de los fariseos y eran muy influyentes entre ellos. A continuación Jesús describe la conducta de los escribas, de la cual hay que cuidarse bien de seguir o imitar. En concreto presenta cinco acciones de los escribas que en cierto modo son una caricatura de los mismos: 

1) pasearse con largas vestiduras; 2) ser saludados en las plazas; 3) ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; 4) devoran los bienes de las viudas; 5) fingen hacer largas oraciones2. 

Si vamos a la actitud de fondo, en cuatro de las acciones (1; 2; 3 y 5) es clara su opción por la apariencia, por lo meramente exterior con la intención de obtener la aprobación o el reconocimiento de los demás. En la otra (4), "devorar los bienes de las viudas", parece que se trata más bien de una actitud de aprovechadores o manipuladores movida por la avaricia. 

Es decir, los escribas valiéndose de su condición y de su fama de hombres religiosos se apropiarían de los bienes de las viudas. En los escritos rabínicos de aquella época, según nos informa J. Gnilka , también se condena severamente la explotación bajo pretexto devoto: “De los pobres los bienes devoran y afirman que lo hacen por justicia. En realidad perecen ellos” (AscMos 7, 3-10). 

En síntesis, la religiosidad de los escribas es falsa por cuanto está motivada por la vanagloria y la codicia. De estos dos peligros nos advierte Jesús. 

La enseñanza cierra con la amenaza de un juicio más severo para los escribas. Se trata sin duda del juicio escatológico o final de Dios. La segunda parte narra primero lo que Jesús observa frente al arca del tesoro del templo y luego la enseñanza que Jesús da a los discípulos a partir de lo observado. En el recinto interior del Templo de Jerusalén estaba la sala del tesoro donde se encontraban unas alcancías en forma de trompeta, una de las cuales estaba destinada para las donaciones voluntarias. Al depositar la gente su ofrenda allí harían un ruido proporcionado a la cantidad de monedas depositadas. Entonces Jesús nota que muchos ricos echaban mucha cantidad. De pronto aparece una viuda "pobre" (se notaría en su vestimenta y en su aspecto exterior) que sólo deposita dos leptas, que son las monedas de cobre más pequeñas. Si se toma en cuenta solamente la cantidad, es claro el contraste entre los ricos que ponen mucho y la viuda que dona muy poco, y la consiguiente valoración positiva de los que ponen más. 

Pero la valoración que hace Jesús a modo de enseñanza para sus discípulos toma en cuenta otro aspecto y por ello es diversa: "Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir"(Mc 12,43-44). Por tanto para Jesús la viuda ha puesto más que los ricos que han donado mucho. Y esto porque Jesús no mira la cantidad sino lo que representa lo dado por cada uno. Los demás han dado lo que les sobraba; la viuda ha dado todo lo que tenía, ha dado su vida, se ha dado a sí misma a Dios en su pobre ofrenda.

2.¿Què mensaje nos trae este pasaje y què compromiso nos pide hoy, el Señor?
Las lecturas de hoy nos presentan los casos de dos mujeres viudas ejemplares en su capacidad de compartir, de donación y de sacrificio. Muchos se preguntarán: bueno, ¿qué tiene de importante que se nos cuente esas historietas de siglos pasados? ¿Cuál es la trascendencia del acto genroso de dos mujeres viudas de las cuales ni sabemos los nombres, ni nos importan? 
En realidad, la palabra de Dios no intenta contarnos dos simples historias de generosidad que acontecieron hace muchos siglos. Lo que la Palabra de Dios intenta revelarnos a través de estos relatos es la actitud de Dios para con nostros. En primer lugar: Dios se regocija, reconoce y exalta a quien es generoso y da, a quien comparte. Y por lo mismo, la Palabra de Dios nos hace cuestionamiento: tú que te llamas cristiano, tú que pides a Dios, dime: ¿tú eres generoso?, ¿tú compartes tus bienes? ¿tú das de lo tuyo?, O por el contrario, ¿tú eres un esclavo de la avaricia, de la sed de tener y sólo piensas en acaparar para ti?

En segundo lugar: La Palabra de Dios nos quiere decir que Dios no mira tanto la cantidad de lo que das, sino que Dios mitra tu corazón. El dar no es simplemente dar, ni dar por lástima, ni dar porque te sobre, ni dar para que los demás alaben lo generoso que eres. El cristiana da y comparte sus bienes porque su prójimo es su hermano y nunca nadie a un hermano le da limosna, sino que comparte con él. Además, el cristianao da por un acto de fe. Repetimos esto: el cristiano movido por la fe, su generosidad nace de la fe.

¿Qué quiere decir esta afirmación? Ustedes han oído hablar mucho de la palabra sacrifico, que según se cree es un acto masoquista. Indudablemente que ésta es una visión equivocada. Sacrificio, hablando cristianamente, quiere decir ofrenda. O sea, tú haces un sacrificio cuando tú haces una ofrenda, cuando tú das algo. Por ejemplo, el hecho de que estemos aquí ofreciéndole al Serñor nuestro Dios esta hora es un sacrificio. Cuando ayudas a alguien necesitado, bien sea acompañándolo en su solidad, o compartiendo tus bienes, o prestándole un servicio, o ayudándole en la solución de un problema y cuando esto lo haces porque quieres ser cristiano verdadero y quieres agradar a Dios y aceptas a tu prójimo como hermano tuyo, entonces estás haciendo un sacrificio. Muchas veces implicará una renuncia, otras no. De todas maneras, en ambos casos, estás haciendo un sacrificio porque lo que que estás haciendo es una ofrende que haces movido por la fe.

Lógicamente tambien, cuando ofreces al Señor tu Dios tus angustias, tus problemas, tus dificultades, tu pobreza, tus crisis, tu enfermdad, o tus dolores, estás haciendo un sacrifio, porque estas realidad tuyas las estás poniendo en manos de Dios.

3.- ¿Que respuesta le voy a dar hoy al Señor?
  1. ¿Soy consciente de los problemas de mi comunidad, mi barrio, mi familia?
  2. ¿Me comprometo ayudar al hermano necesitado sin importar nombre, nacionalidad, idioma, religión, orientación sexual?
  3. ¿Soy de los que ayudan a los demás evitando buscar protagonismo?
  4. ¿Soy de los que acumulan bienes y cosas materiales, sin ver en el hermano una oportunidad de compartir lo que tengo, que no es necesariamente lo que me sobra?

Fuente:  Varios autores
Síntesis: Jorge Mogrovejo M.

domingo, 7 de octubre de 2018

Comentario al Evangelio del XXVII Domingo del Tiempo Ordinario (7 de Octubre del 2018)

Evangelio del XXVII Domingo de Tiempo Ordinario
7 de Octubre del 2018
Evangelio Segun San 10, 2-16

Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?».El les respondió: «¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?».Ellos dijeron: «Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella».Entonces Jesús les respondió: «Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer.Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido».Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. Él les dijo: «El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio».Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: «Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él». Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.



1.¿Què nos quiere decir Marcos en este Evangelio?

El evangelio de hoy contiene dos partes o subsecciones: 10,2-12 y 10,13-16 cuya autonomía literaria es evidente. La misma liturgia lo reconoce y propone como opción que se lea sólo la primera parte (10,2-12), lo cual es aconsejable en este caso. A su vez, en la primera subsección podemos distinguir entre 10,2-9 que trae el debate de Jesús con los fariseos ante el pueblo y 10,10-12 que refiere el diálogo de Jesús con sus discípulos en privado. 

El relato comienza presentándonos a Jesús enseñando a la gente en la región de Judea, al otro lado del Jordán (10,1), y se le acercan unos fariseos quienes le dirigen una pregunta: "¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer (repudiarla, despedirla = ἀπολῦσαι)?". El texto precisa que la intención de los fariseos es “ponerlo a prueba, tentarlo” a Jesús, utilizando el mismo verbo πειράζω que señala la acción del diablo en el desierto (cf. Mt 4,1.3; Lc 4,2)”. 

¿Por qué la pregunta es “capciosa”? Al parecer, en tiempos de Jesús la cuestión debatida no era tanto el tema de la licitud del divorcio - que era comúnmente aceptado -, sino más bien las motivaciones o causales del mismo. 

Jesús, según el estilo argumentativo de aquella época, responde preguntado a su vez: "¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?". Notemos que mientras los fariseos preguntan acerca de la licitud o permisión; Jesús pregunta por lo "mandado" (evnte,llw) por Moisés al respecto. 

La respuesta de los fariseos es correcta pues efectivamente Moisés permite al marido redactar un acto de divorcio y repudiar a su mujer. La referencia es sin duda a Dt 24,1-4 donde en la versión griega del AT encontramos el término "acta de divorcio" (bibli,on avpostasi,ou igual que en Mc 10,4): "Si un hombre se casa con una mujer, pero después le toma aversión porque descubre en ella algo que le desagrada, y por eso escribe un acta de divorcio, se la entregará y la despedirá de su casa. Una vez que esté fuera de su casa, si la mujer se desposa con otro y este último también la rechaza, escribe un acta de divorcio y la despide, o bien muere; su primer marido no podrá volver a tomarla por esposa, puesto que ella ha sido mancillada". 

A continuación Jesús interpreta este "mandamiento" de Moisés como algo dado de modo relativo y ocasional en vista a la "dureza de corazón" (sklhrokardi,a) del pueblo. Como bien dice J. Gnilka: "La sklhrokardi,a – término veterotestamentario – indica en la Biblia griega el corazón humano insensibilizado a las instrucciones divinas como consecuencia de su continua desobediencia". 

Para Jesús se trata, por tanto, de una concesión provisoria dada la condición de la conciencia endurecida de Israel, pero la idea primera de Dios sobre el matrimonio no es esta. Por eso Jesús se remonta a Gn 1,27 y 2,24 para fundamentar la indisolubilidad del matrimonio y para condenar como adulterio que un hombre se separe de su mujer y se case con otra. 

Importa mucho notar aquí que en el tiempo y en la cultura en que fue escrita la Biblia las cosas que tenían más valor eran las más antiguas, incluso en el orden legal. Por eso Jesús remite al origen mismo de la creación, al principio (ἀρχή), cuyo relato se encuentra en primer libro de la Biblia y, por tanto, es anterior y superior a la intervención de Moisés en Dt 24. 

Ahora bien, en la interpretación de Jesús los textos citados del Génesis expresan el proyecto de Dios sobre el matrimonio entendiéndolo como la unión de un varón con una mujer de carácter monogámico e indisoluble. Por tanto, en la misma "naturaleza" del hombre creado como varón y mujer, y llamados al matrimonio desde el origen, se encuentra inscripta esta "ley" establecida por Dios y anterior y superior a la concesión hecha por Moisés. 

Al parecer, estas afirmaciones de Jesús encerraban una novedad en relación al pensamiento y a la praxis habitual en el judaísmo, al punto que los mismos discípulos vuelven sobre el tema cuando están "en casa" con Jesús. Aquí Él les dice claramente que quien repudia a su mujer y se casa con otra comete adulterio; y lo mismo la mujer que se separa y se casa con otro. La referencia bíblica es aquí el sexto mandamiento: "No cometerás adulterio" (Ex 20,13; Dt 5,17), con la novedad que Jesús lo aplica a quienes rompen el primer matrimonio y contraen una nueva unión. Este juicio valorativo de Jesús presupone lo que afirmó antes sobre la insolubilidad del matrimonio (no separe el hombre lo que Dios ha unido), y sólo desde aquí se considera entonces la nueva relación del hombre o la mujer ya casados es adulterio.

La segunda subsección (Mc 10,13-16) presenta a Jesús abrazando y bendiciendo a unos niños, a quienes propone como modelos de la actitud requerida para recibir el Reino de Dios y poder así entrar en él. Es una enseñanza dirigida especialmente a sus discípulos a quienes pide una actitud de apertura y docilidad ante la novedad del Reino de Dios hecho presente en y por Jesús.

2.¿Què mensaje nos trae este pasaje y què compromiso nos pide hoy, el Señor?

Uno de los fenómenos sociales más preocupantes que estamos experimentando en nuestro tiempo es la llama crisis del matrimonio. Muchos son los que lamentan porque hoy los matrimonios no son tan estables como eran anteriormente.  Cada día es mayor el número de matrimonios que se separan, creando situaciones angustiosas tanto para las personas que se separan, como para los hijos ¿Cómo es que los cristianos tenemos que enfrentar este problema?

En los tiempos de Jesús, la sociedad estaba estructurada de forma patriarcal, es decir, el hombre era dueño y señor de la casa. La mujer se consdierada como propiedad del marido. En otras palabras, las relaciones entre marido y mujer estaban basadas en el derecho de propiedad. El hombre tenía mujer, como tenía casa, esclavos o animales. En esta situación, el hombre podría ser infiel a su mujer y no cometía adulterio, en cambio la mujer, al ser infiel a su marido, sí cometía adulterio.

Así mismo el hombre tenía derecho y el poder de disolver el matrimonio cuando quisiera; pero la mujer no tenía ese derecho. Claro que había diversas opiniones sobre el derecho a repudiar a la mujer y darle el divorcio. Por eso los discípulos le preguntaban a Jesús "¿Puede el marido repudiar a la mujer?" La respuesta de Jesús es completamente revolucionaria porque dignifica a la mujer y la coloca al mismo nivel del hombre: "Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra ella". Como quien dice, el hombre no tiene derecho a tratar a su mujer como si futa una cosa que se compra o se vende, se adquiere o se rechaza. Y extrañamente agrega algo que no se podría en esa época: "Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio". Es decir, la mujer está en las mismas condiciones del hombre.

Hoy, después de dos mil años de cristianismo, este principio de Jesús se ha impuesto en la sociedad, aunque todavía falta para ser pleno. Sin embargo, la mujer ya ha dejado de ser propiedad del hombre, ha dejado de ser considerada infantil socialmente, se le reconocen sus derechos civiles y sus responsabilidades, pero el matrimonio está en plena evolución. La crisis que estamos viviendo, no es crisis de solución del matimonio, sino crisis de cambio de modelo del matrimonio. La vida matrimonial, las relaciones matrimoniales, las relaciones entre el hombre y la mujer tienen que madurar, en el sentido de que tienen que pasar de relaciones de mayor a menor, a relaciones de iguales.

3.¿Què respuesta le voy a dar hoy al Señor?
  • ¿A qué compromisos como creyentes nos conduce este Evangelio?
  • ¿Qué nos enseña esta pericopa sobre el matrimonio?
  • ¿Qué actutides deben promover los esposos?


Fuente: Varios Autores
Sìntesis: Jorge Mogrovejo M.

domingo, 30 de septiembre de 2018

Comentario al Evangelio del XXVI Domingo del Tiempo Ordinario (30 de Septiembre del 2018)

Evangelio del XXVI Domingo del Tiempo Ordinario
30 de Septiembre del 2018
Evangelio Segùn San Mc 9, 38-43.45.47-48

Juan le dijo: "Maestro, hemos visto a uno que hacía uso de tu nombre para expulsar demonios, y hemos tratado de impedírselo porque no anda con nosotros."
Jesús contestó: "No se lo prohíban, ya que nadie puede hacer un milagro en mi nombre y luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está con nosotros.
Y cualquiera que les dé de beber un vaso de agua porque son de Cristo, yo les aseguro que no quedará sin recompensa."
"El que haga caer a uno de estos pequeños que creen en mí, sería mejor para él que le ataran al cuello una gran piedra de moler y lo echaran al mar.
Si tu mano te está haciendo caer, córtatela; pues es mejor para ti entrar con una sola mano en la vida, que ir con las dos a la gehenna, al fuego que no se apaga.
Pues es mejor para ti entrar cojo en la vida que ser arrojado con los dos pies a la gehenna.
Pues es mejor para ti entrar con un solo ojo en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos al infierno, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga.

1.¿Què nos quiere decir Marcos en este Evangelio?

El evangelio de hoy contiene dos partes o subsecciones: 9,38-41 y 42-48 cuya autonomía literaria es evidente. 

El texto de la primera parte comienza algo sorpresivamente con una especie de "interrupción" del apóstol Juan quien habla a Jesús en nombre de los discípulos. No se ve claramente la relación de Mc 9,38-41 con lo anterior ni con lo que sigue, por ello se puede asumir que se  trata de una unidad independiente que Marcos conservó tal como se encontraba y la incrustó en este lugar. 

Ahora bien, lo que Juan informa a Jesús es que han visto a "uno" - que permanece anónimo -, expulsando demonios en su nombre y no es de sus seguidores; y por ello trataron de impedírselo. Se utiliza el verbo akolouzeō (akolouqe,w = seguir) que es propio de los discípulos; por tanto se lo excluye por no ser discípulo-seguidor de Jesús. 

Si bien Jesús nunca invocó su nombre al realizar sus exorcismos y curaciones, en el libro de los Hechos encontramos que los apóstoles realizan estos prodigios invocando el nombre de Jesús (cf. He 3,6; 9,34; 16,18). Al parecer era la costumbre invocar un nombre poderoso al realizar estas acciones. Por lo visto Juan piensa que no corresponde que invoque el nombre de Jesús si no pertenece al grupo de sus seguidores. 

La respuesta de Jesús es clara: "No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros" (Mc 9,39-40). 

En esta respuesta vemos que Jesús hace una valoración positiva de este personaje anónimo por cuanto lo invoca reconociendo el poder que encierra su nombre y, por ello, es evidente que no irá en contra, que no hablará mal de él. 

En la frase siguiente notamos que Jesús tiene un criterio todavía más abierto: el que no está en contra, está a favor. O sea que acepta diversos niveles o grados de adhesión a su persona valorándolos positivamente; mientras que considera como contrarios sólo a los que lo están abierta o explícitamente. 

El dicho que sigue avanza en esta postura maximalista por cuanto promete recompensa incluso a quien realice el menor gesto – como dar un vaso de agua – a favor de sus discípulos por el hecho de ser de Cristo. 

Este relato ofrece un nuevo ejemplo de la falta de comprensión de los discípulos, de su falta de sintonía con Jesús. Así como después del anuncio de la pasión por parte de Jesús ellos discutían sobre quién era el más grande; ahora aspiran a "tener la exclusividad sobre Jesús". 

La segunda parte agrupa una serie de cuatro dichos vinculados por tema común: el escándalo. De hecho, aunque la traducción no lo refleje del todo, el verbo "escandalizar" (skandalízomai) aparece en 9,42.43.45.47.- (Notamos que los vv. 44 y 46 se pasan por alto por una cuestión de crítica textual por cuanto faltan en los mejores manuscritos y se juzga que algunos testigos tardíos, en particular la Vulgata, los añadieron copiando 9,48). 

Recordemos que el sustantivo skándalon designaba originalmente el cierre de una trampa. En la Biblia griega (LXX) adquiere un sentido figurado: ocasión de ruina o de pecado; obstáculo con el que se tropieza. En el NT la idea original de caer en una trampa se mantiene en Rom 11,9, que cita el Sal 69,23. Fuera de este lugar, en general mantiene el sentido figurado de la LXX: ocasión de pecado, incitación a la apostasía o incredulidad. Lo que escandaliza es algo contra lo que se choca y que provoca indignación o protesta. El verbo escandalizar (skandalízomai), en voz activa, significa provocar escándalo en el sentido de ser ocasión de pecado, de caída o tropiezo, como en el caso de nuestro texto. 

Los cuatro dichos comienzan con oraciones en condicional (si alguien…si tu mano…) que se refieren a posibles situaciones de escándalo, seguidas de una acción que es preferible que suceda antes que el mismo escándalo o pecado. El primero tiene un contenido más propio mientras que los tres restantes están claramente en paralelo pues su contenido es casi idéntico. 

El primer dicho se refiere a no escandalizar a los pequeños que creen. Notamos que aquí se trata de alguien que escandaliza, que provoca escándalo por cuanto pone en ocasión de pecado o de hacer perder la fe a los "pequeños que creen". No es fácil determinar a quienes se refiere Marcos con esta expresión por cuanto es la única vez que la utiliza. En el texto paralelo de Mateo se habla por tres veces de estos pequeños (18,6.10.14) y da la impresión que se refiere a los recién convertidos, por tanto, pequeños en la fe, neófitos en la comunidad. Probablemente en Marcos se refiera también a los nuevos creyentes que todavía no han consolidado del todo su fe y, por ello, pueden perderla a causa del escándalo. Esta doble composición de la comunidad cristiana la encontramos en Corinto donde Pablo distingue entre los débiles - que son los recién convertidos y poco formados -; y los que tienen conocimiento o formación, los cuales con su libertad pueden escandalizar a los anteriores. (cf. 1Cor 8,7-13). Otros piensan, en cambio, que se refiere explícitamente a los niños, a los pequeños, pero es menos probable. 

La segunda parte del dicho señala que es preferible ahogarse en el río antes que escandalizar a los pequeños que creen. La medida nos puede parecer exagerada, al igual que los dichos siguientes cuando dicen que es preferible cortarse los miembros que pueden ser ocasión de pecado. Pero aclaremos de entrada que se trata de un modo de expresión llamado por algunos hiperbólico, el cual mediante la exageración busca llamar la atención del oyente/lector para que tome conciencia de la gravedad del escándalo. Este modo de expresión o lenguaje hiperbólico lo encontramos con frecuencia en los evangelios. J. Dupont5, teniendo en vista sus consecuencias para la ética, habla de "lenguaje simbólico" y sostiene que el mejor paralelo de este tipo de lenguaje lo encontramos en Jn 13,14 dónde Jesús manda a sus discípulos lavarse los pies unos a otros. El mandamiento es real pero se refiere a una actitud de humilde servicio que trasciende el gesto simbólico de lavar los pies.

En conclusión, justamente por tratarse una hipérbole o exageración, de un lenguaje simbólico, no puede tomarse a la letra.

Los tres dichos siguientes están en claro paralelo, como podemos ver:

Si tu mano es para ti ocasión de pecado
córtala
porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible
Y si tu pie es para ti ocasión de pecado
córtalo
porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena.
Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado
arráncalo
porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena,  donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Aquí el escándalo no viene de afuera, de un tercero, sino de la propia concupiscencia. Tenemos los miembros que pueden ser ocasión de pecado: mano, pie, ojo. Para la Biblia las manos simbolizan la obra del hombre; los pies su caminar, su andar y los ojos su deseo o proyecto. Si invertimos su orden tendríamos todo el proceso del pecado: primero el deseo o proyecto de pecar (ojo); luego la decisión de ir a pecar, de ponerse en camino hacia el pecado (pie); y finalmente el pecado como acción, como obra mala realizada (mano).

Ante la posibilidad real del pecado, Jesús manda una acción rápida y eficaz: cortar o arrancar. Sigue luego la motivación de esta acción drástica: es preferible perder uno de estos miembros que quedar fuera de la Vida o del Reino (son equivalentes) e ir a la condenación de la Gehena por mantenerlos. La Gehenna toma su nombre del valle de Ben Hinnon, al sur de Jerusalén, que con el tiempo se transformó en una especie de basural donde el fuego ardía siempre. De aquí que se haya tomado como imagen del lugar de la condenación eterna.

Por tanto, Jesús exhorta a evitar firmemente toda ocasión de pecado, con la motivación de la condenación escatológica (ser arrojado a la Gehena y quedar fuera del Reino/Vida).

2.¿Què mensaje nos trae este pasaje y què compromiso nos pide hoy, el Señor?

Mucha gente vive triste y amargada, renegando y protestando porque no ve justicia en este mundo. Les han matado a un familiar, los han encarcelado injustamente o los han expulsado de su lugar de trabajo por intrigas. Y cuantas injusticias mas podriamos decir que llenan a tanta gente de pesadumbre y las hacen resentidas y violentas. Porque cuando no ven la justicia es muy fácil caer en la tentación de volverse rencoroso y vengativo. ¿Acaso muchos guerrilleros no están ahí por un deseo insaciable de revancha ante las injusticias que han experimentado? ¿Y cuantas personas se vuelven crimninales porque la justicia no llega? ¿Existe la justicia en el mundo?¿De verdad hay justicia en el mundo? Al considerar el panorama que presenta la sociedad es fácil concluir que la justicia no existe.

Si embargo, nosotros los cristianos, tenemos como uno de los principios fundamentales de nuestra fe en creer en la justicia de Dios. Pues bien, es necesario distinguir, la justicia humana que reina en este mundo es frágil y limitada, y muy a menudo no llega o llega a mal. Pero existe otra justicia, la verdadera justicia, la justicia de Dios. Ella no falla, ella es definitiva y ante ella hemos de comparecer todos. 

Hay gente que afirma que todos nos salvaremos, lo cual significa que hagas el bien o hagas el mal, de todas maneras llegarás a la plenitud de Dios. Pero eso no es lo que nos dice la Sagra Escritura. Ella nos habla my claramente de la justicia de Dios, que ya está actuando cirtamente en el mundo, aunque aún no se ha manifestado plenamente.  Pero tengamos en cuenta esto: la justicia verdadera sólo viene de Dios. Además, Dios es el que hace justo al hombre. Nadie, realmente nadie es justo ante Dios y sólo los que se dejen justificar por El alcanzarán la plenitud que El ofrece.

El juzgará definitivamente al mundo entero: todo ser humano tendrá que responder ante el tribunal de Cristo. Dios es salvador e infinitamente misericordioso, pero El también es justo y esto quiere decir que respeta la conducta del hombre: si alguien opta por el mal, El no se lo impide, pero este optar por el mal significa rechazar a Dios mismo. Por lo tanto, quien rechaza a Dios ¿cómo puede llegar a la plenitud de Dios?

¿Cómo puede una persona que se abandona al mal, querer gozar de la misericordia y la protección de Dios?
El Nuevo Catecismo de la Iglesia dice: "El juicio final sucederá cuando vuelva Cristo glorioso... Entonces, El pronunciará por medio de su  Hijo Jesucristo, su palabra definitiva sobre toda la historia. Nosotros conoceremos el sentido úlitmo de toda la obra de la creación y de toda la economía de la salvación, y comprenderemos  los caminos admirables por los que su Providencia habrá conducido todas las cosas a su fin último. El Juicio Final revelará que la justicia de Dios triunfa de todas las injusticias cometidas por sus criaturas y que su amor es más fuerte que la muerte".

Por lo tanto, no es verdad que la justicia no exista y que no haya de reinar un día definitivamente y que, entonces, tantas injusticias que vemos, en este mundo serán superadas porque reinará la verdad de Dios y no las mentiras que ahora nos imprimen. Mentiras como sabemos de todo el orden, y que crean terribles injusticias. 

Entonces: "Si tu mano te está haciendo caer, córtatela; pues es mejor para ti entrar con una sola mano en la vida, que ir con las dos a la gehenna, al fuego que no se apaga.
Pues es mejor para ti entrar cojo en la vida que ser arrojado con los dos pies a la gehenna.
Pues es mejor para ti entrar con un solo ojo en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos al infierno, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga." ¿Qué significa cortarse la mano o el pie, o sacarse el ojo? Pues aquello que te impide ser justo con tu prójimo, debes arrancarlo de tí, aunque te duela tanto como si te cortaras el brazo o arrancaras el ojo.

3.¿Què respuesta le voy a dar hoy al Señor?
  • ¿Qué aspectos del pasaje amplían nuestra forma de comprender a Jesús?
  • ¿La fe es algo que sentimos y vivimos en privado o se expresa también como compromiso a los demás?
  • ¿Qué actitudes nos invita a adoptar el Evangelio de hoy?



Fuente: Varios Autores


Sìntesis: Jorge Mogrovejo M.

Comentario al Evangelio del Domingo 27 de marzo del 2022

 IV Domingo de Cuaresma. 28/03/2022 Pericopa: Lc 15,1-3.11-32  En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para es...