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domingo, 2 de diciembre de 2018

Comentario al Evangelio del I Domingo de Adviento (2 de Diciembre del 2018)

I Domingo de Adviento 2018
Evangelio segun san Lc 21, 25-28.34-36\

25 Entonces habrá señales en el sol, la luna y las estrellas, y por toda la tierra los pueblos estarán llenos de angustia, aterrados por el estruendo del mar embravecido. 26 La gente se morirá de espanto con sólo pensar en lo que va a caer sobre la humanidad, porque las fuerzas del universo serán sacudidas. 27 Y en ese preciso momento verán al Hijo del Hombre venir en la Nube, con gran poder e infinita gloria.»
28 «Cuando se presenten los primeros signos, enderécense y levanten la cabeza, porque está cerca su liberación.»
34 Cuiden de ustedes mismos, no sea que la vida depravada, las borracheras o las preocupaciones de este mundo los vuelvan interiormente torpes y ese día caiga sobre ustedes de improviso, 35 pues se cerrará como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra. 36 Por eso estén vigilando y orando en todo momento, para que se les conceda escapar de todo lo que debe suceder y estar de pie ante el Hijo del Hombre.»
37 Durante el día Jesús enseñaba en el Templo, y luego salía e iba a pasar la noche al aire libre al monte de los Olivos. 38 Y desde muy temprano todo el pueblo acudía donde él al Templo para escucharlo.

1.- ¿Qué nos quiere decir Marcos en este Evangelio?
El evangelio de este domingo nos pone de modo inmediato frente a la consideración del fin del mundo. En este fragmento del discurso escatológico de Lucas, utilizando la simbología propia del género apocalíptico, se nos dice que aquellos astros (sol, luna y estrellas) que Dios colocó para regir el tiempo (cf. Gn 1) nos darán las señales de la llegada del fin. 

Estos signos apocalípticos, en cuanto reveladores, generan división entre los hombres. Así tenemos, por un lado, la reacción primera y primaria ante esta realidad del fin por parte de los pueblos que será la angustia; y por parte de los hombres que será el pánico (“los pueblos serán presa de la angustia...los hombres desfallecerán de miedo”). 

Por otra parte, todo este cuadro de conmoción cósmica no es más que el marco del anuncio de la llegada del Hijo del hombre "lleno de poder y de gloria". El título de "Hijo del Hombre" que Jesús se aplica aquí está inspirado en Dn 7,13-14 y representa al Mesías como juez escatológico. Se trata, por tanto, de su venida al fin de los tiempos para juzgar al mundo. 

Ante esta manifestación, los discípulos deberán "tener ánimo y levantar la cabeza". El contraste con la reacción de "los pueblos y los hombres" es claro; y es la esperanza la que hace la diferencia. Mientras los hombres en general serán presa del pánico, los cristianos son invitados a la confianza, a tener ánimo porque la venida del Señor les trae la liberación.   
En el marco de nuestro adviento, el gesto de levantar la cabeza es muy rico de significado. Se trata de mirar más allá de lo cotidiano, de lo inmediato que muchas veces nos aprisiona quitándonos perspectiva, sentido de la vida. Levantar la cabeza, erguirse, es sinónimo de recuperar la dignidad gracias al sentido trascendente de la vida. En fin, ver más allá para tener una valoración correcta de nuestra realidad. 

Para lograr esto se requiere una actitud vigilante, de allí la advertencia del evangelio de hoy a “no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida”. Literalmente el texto dice: "no se vuelva pesado o cargado el corazón por…". El término griego para expresar el primer vicio - exceso, libertinaje o disipación - se encuentra sólo aquí en todo el NT. En la literatura griega su sentido está vinculado al exceso de alcohol con todas sus consecuencias.

Puede que esté formando una unidad de sentido con el término siguiente, la embriaguez, que aparece en la lista de vicios de San Pablo en Rom 13,13 y Gal 5,21. En cuanto a las "preocupaciones de la vida" recordemos que ya apareció esta expresión en la parábola del sembrador, simbolizada por las espinas que ahogan la semilla de la Palabra (cf. Lc 8,14). 

Justamente el mayor daño que esto causa es la pérdida de la atención y su consecuencia será que el día de la venida del Señor nos tome por sorpresa, sin estar esperándolo debidamente. 
La actitud requerida es entonces una conciencia atenta y vigilante, la cual es fruto de la oración, de la súplica o ruego incesante, que pide aquí el Señor a sus discípulos. Recordemos que la necesidad de una oración vigilante es un tema recurrente en Lucas (cf. 6,12; 18,1; 22,40.46). Quien alimenta la espera atenta con la oración incesante podrá escapar de todas las convulsiones cósmicas que sobrevendrán y podrá "permanecer en pie delante del Hijo del hombre". 

Es importante resaltar la actitud "corporal" de los discípulos ante el día final, pues expresa su estado "espiritual" o "interior": levantar la cabeza, estar en pie ante el Señor. Para los judíos el estar en pie y con la cabeza alta era la actitud del orante, del que se presenta con confianza ante Dios pues tiene su conciencia tranquila y en paz.


2.¿Què mensaje nos trae este pasaje y què compromiso nos pide hoy, el Señor?

Los discursos apocalípticos recogidos en los evangelios reflejan los miedos y la incertidumbre de aquellas primeras comunidades cristianas, frágiles y vulnerables, que vivían en medio del vasto Imperio romano entre conflictos y persecuciones, con un futuro incierto, sin saber cuándo llegaría Jesús, su amado Señor. También las exhortaciones de esos discursos representan en buena parte las exhortaciones que se hacían unos a otros aquellos cristianos recordando el mensaje de Jesús. Esa llamada a vivir despiertos cuidando la oración y la confianza es un rasgo original y característico del Profeta de Galilea. Después de veinte siglos, la Iglesia actual marcha como una anciana, «encorvada» por el peso de los siglos, las luchas y trabajos del pasado. «Con la cabeza baja», consciente de sus errores y pecados, sin poder mostrar con orgullo la gloria y el poder de otros tiempos. Es el momento de escuchar la llamada que Jesús nos hace a todos. 

«Levantaos», anímense unos a otros. «Alzad la cabeza» con confianza. No miréis al futuro solo desde vuestros cálculos y previsiones. «Se acerca vuestra liberación». Un día ya no viviréis encorvados, oprimidos ni tentados por el desaliento. Jesucristo es vuestro Liberador. Pero hay maneras de vivir que nos impiden caminar con la cabeza levantada confiando en esa liberación definitiva. Por eso «tened cuidado de que no se os embote la mente». No os acostumbréis  a vivir con un corazón insensible y endurecido, buscando llenar su vida de bienestar y dinero, de espaldas al Padre del cielo y a sus hijos que sufren en la tierra. Ese estilo de vida os hará cada vez menos humanos. «Estad siempre despiertos». Despertad la fe en el seno de vuestras comunidades. Estad más atentos a mi Evangelio. Cuidad mejor mi presencia en medio de vosotros. No seáis comunidades dormidas. Vivid «pidiendo fuerza». 

¿QUÉ ES VIVIR DESPIERTOS? 

Jesús no se dedicó a explicar una doctrina religiosa para que sus discípulos la aprendieran correctamente y la difundieran luego por todas partes. No era este su objetivo. Él les hablaba de un «acontecimiento» que estaba ya sucediendo: «Dios se está introduciendo en el mundo. Quiere que las cosas cambien. Solo busca que la vida sea más digna y feliz para todos». Jesús llamaba a esto el «reino de Dios». Hemos de estar muy atentos a su venida. Hemos de vivir despiertos: abrir bien los ojos del corazón; desear ardientemente que el mundo cambie; creer en esta buena noticia que tarda tanto en hacerse realidad plena; cambiar de manera de pensar y de actuar; vivir buscando y acogiendo el «reino de Dios». No es extraño que, a lo largo del evangelio, escuchemos tantas veces su llamada insistente: «vigilad», «estad atentos a su venida», «vivid despiertos». Es la primera actitud del que se decide a vivir la vida como la vivió Jesús. Lo primero que hemos de cuidar para seguir sus pasos. 

«Vivir despiertos» significa no caer en el escepticismo y la indiferencia ante la marcha del mundo. No dejar que nuestro corazón se endurezca. No quedarnos solo en quejas, críticas y condenas. Despertar activamente la esperanza. «Vivir despiertos» significa vivir de manera más lúcida, sin dejarnos arrastrar por la insensatez que a veces parece invadirlo todo. Atrevernos a ser diferentes. No dejar que se apague en nosotros el deseo de buscar el bien para todos. «Vivir despiertos» significa vivir con pasión la pequeña aventura de cada día. No desentendernos de quien nos necesita. Seguir haciendo esos «pequeños gestos» que aparentemente no sirven para nada, pero que sostienen la esperanza de las personas y hacen la vida un poco más amable. «Vivir despiertos» significa despertar nuestra fe. Buscar a Dios en la vida y desde la vida. Intuirlo muy cerca de cada persona. Descubrirlo atrayéndonos a todos hacia la felicidad. Vivir no solo de nuestros pequeños proyectos, sino atentos al proyecto de Dios. 

CUIDAR LA ESPERANZA 

Todos vivimos con la mirada puesta en el futuro.En el fondo, casi todos andamos buscando «algo mejor», una seguridad, un bienestar mayor. Queremos que todo nos salga bien y, si es posible, que nos vaya mejor. Es esa confianza básica la que nos sostiene en el trabajo y los esfuerzos de cada día. Por eso, cuando la esperanza se apaga, se apaga también la vida. La persona ya no crece, no busca, no lucha. Al contrario, se empequeñece, se hunde, se deja llevar por los acontecimientos. Si se pierde la esperanza, se pierde todo. Por eso, lo primero que hay que cuidar en el corazón de la persona, en el seno de la sociedad o en la relación con Dios es la esperanza. La esperanza no consiste en la reacción optimista de un momento. Es más bien un estilo de vida, una manera de afrontar el futuro de forma positiva y confiada, sin dejarnos atrapar por el derrotismo. El futuro puede ser más o menos favorable, pero lo propio del que vive con esperanza es su actitud positiva, su deseo de vivir y de luchar, su postura decidida y confiada. No siempre es fácil. La esperanza hay que trabajarla. Lo primero es mirar hacia adelante. No quedarnos en lo que ya pasó. No vivir de recuerdos o nostalgias. No quedarnos añorando un pasado tal vez más dichoso, más seguro o menos problemático. Es ahora cuando hemos de vivir afrontando el futuro de manera positiva. La esperanza no es una actitud pasiva, es un estímulo que impulsa a la acción. Quien vive animado por la esperanza no cae en la inercia. Al contrario, se esfuerza por cambiar la realidad y hacerla mejor. Quien vive con esperanza es realista, asume los problemas y las dificultades, pero lo hace de manera creativa, dando pasos, buscando soluciones y contagiando confianza. La esperanza no se sostiene en el aire. Tiene sus raíces en la vida. Por lo general, las personas viven de «pequeñas esperanzas» que se van cumpliendo o se van frustrando. Hemos de valorar y cuidar esas pequeñas esperanzas, pero el ser humano necesita una esperanza más radical e indestructible, que se pueda sostener cuando toda otra esperanza se hunde. Así es la esperanza en Dios, último salvador del ser humano. Cuando caminamos cabizbajos y con el corazón desalentado, hemos de escuchar esas inolvidables palabras de Jesús: «Alzad vuestra cabeza, pues se acerca vuestra liberación» .

Quien ama de verdad la vida y se siente solidario de todos los seres humanos sufre al ver que todavía una inmensa mayoría no puede vivir de manera digna. Este sufrimiento es signo de que aún seguimos vivos y somos conscientes de que algo va mal. Hemos de seguir buscando el reino de Dios y su justicia. ¡POR FAVOR, QUE HAYA DIOS! Muchas veces había pensado en la importancia que tiene el contexto socio-político en nuestra manera de leer el Evangelio, pero solo tomé conciencia viva de ello cuando estuve viviendo una temporada un poco más larga en Ruanda. Todavía recuerdo bien la sensación que tuve al leer este texto del evangelio de Lucas. No es lo mismo escuchar este discurso apocalíptico desde el bienestar de Europa o desde la miseria y el sufrimiento de África. A pesar de todas las crisis y problemas, en Europa se sigue pensando que el mundo irá siempre a mejor. Nadie espera ni quiere el fin de la historia. Nadie desea que cambien mucho las cosas. En el fondo nos va  bastante bien. Desde esta perspectiva, oír hablar de que un día todo puede desaparecer «suena» a «visiones apocalípticas» nacidas del desvarío de mentes tenebrosas. Todo cambia cuando el mismo Evangelio es leído desde el sufrimiento del Tercer Mundo. Cuando la miseria es ya insoportable y el momento presente es vivido solo como sufrimiento destructor, es fácil sentir exactamente lo contrario. «Gracias a Dios esto no durará para siempre». Los últimos de la Tierra son quienes mejor pueden comprender el mensaje de Jesús: «Dichosos los que lloran, porque de ellos es el reino de Dios». Estos hombres y mujeres, cuya existencia es hambre y miseria, están esperando algo nuevo y diferente que responda a sus anhelos más hondos de vida y de paz. Un día «el sol, la luna y las estrellas temblarán», es decir, todo aquello en que creíamos poder confiar para siempre se hundirá. Nuestras ideas de poder, seguridad y progreso se tambalearán. Todo aquello que no conduce al ser humano a la verdad, la justicia y la fraternidad se derrumbará, y «en la tierra habrá angustia de las gentes». 

Pero el mensaje de Jesús no es de desesperanza para nadie: Aun entonces, en el momento de la verdad última, no desesperéis, estad despiertos, «manteneos en pie», poned vuestra confianza en Dios. Viendo de cerca el sufrimiento cruel de aquellas gentes de África me sorprendí a mí mismo sintiendo algo que puede parecer extraño en un cristiano. No es propiamente una oración a Dios. Es un deseo ardiente y una invocación ante el misterio del dolor humano. Es esto lo que me salía de dentro: «¡Por favor, que haya Dios!». 


3.- ¿Que respuesta le voy a dar hoy al Señor?
¿Cómo seguiremos los pasos de Jesús si el Padre no nos sostiene? 
¿Cómo podremos «mantenernos en pie ante el Hijo del hombre»? 


Fuente: Varios Autores
Transcripcion: Jorge Mogrovejo 

domingo, 2 de septiembre de 2018

Comentario al Evangelio del XXII Domingo de Tiempo Ordinario (2 de Septiembre del 2018)

Domingo XXII de Tiempo Ordinario
Evangelio segun San Mc 7,1-8.14-15.21-23

Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar.

Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cudadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce.
Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?».
Él les respondió: «¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice:  Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos.
Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres».
Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: «Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre.
Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre».

1. ¿Qué nos quiere decir Marcos en este Evangelio?

Esta sección de Mc 7,1-23 (y que la liturgia nos la ofrece entrecortada pues no se leen los vv. 9-13 y 16-20) está centrada en el tema de lo “impuro”. En efecto, el tema es introducido por la pregunta de los fariseos y escribas: "¿Por qué tus discípulos…comen con las manos impuras"? Entonces Jesús toma postura ante la cuestión y enseña cuál es la verdadera impureza, lo que constituye el punto central de toda la perícopa. La sección concluye con el v. 23 que señala una vez más el tema de la impureza. 

El texto comienza sin darnos una indicación geográfica, por lo cual podemos presuponer que Jesús sigue en Genesaret dónde estaba en la escena anterior (cf. Mc 6,53). Allí se le acercan algunos fariseos y escribas venidos de Jerusalén, quienes notan que los discípulos comían el pan "con las manos impuras", es decir, sin lavar. A continuación el evangelista, según su oficio de narrador, brinda a sus lectores – no familiarizados con las costumbres judías – una serie de indicaciones y ejemplos para entender la narración. 

Por nuestra parte notamos dos cosas necesarias para la comprensión del texto. 

En primer lugar que la distinción entre fariseos y escribas que hace Marcos no es del todo exacta pues había escribas dentro del grupo de fariseos, como el mismo evangelista nota en 2,16. El nombre de "fariseo" deriva del hebreo perûsîm y significa "separados", apodo posiblemente puesto por otros dado su estricta observancia de las reglas de pureza legal que los llevaba a apartarse-separarse de quienes no seguían estrictamente la ley, especialmente de los publicanos, pecadores y extranjeros. Los fariseos eran rígidos observantes de las leyes y de las tradiciones como lavarse antes de las comidas (Mc 7,3), diezmos, ayuno de los lunes y los jueves (Lc 18,12), oraciones y ritos. Más aún, bregaban por imponer estas tradiciones o costumbres a todo el pueblo de Israel. 

Los fariseos, y en particular los escribas de este grupo, desde el comienzo del ministerio de Jesús tienen una actitud hostil hacia él y sus discípulos. Les cuestionan que coman con pecadores (2,16); que no ayunen (2,18); que arranquen las espigas en sábado (2,24). La oposición llegó a un punto tal que se confabularon con los herodianos para matar a Jesús (3,6). 

En segundo lugar notamos que el sentido de estos “usos y costumbres” de los fariseos y judíos en general va más allá de simples normas de higiene, como el lavarse las manos y los cubiertos antes de comer. Se trata de una cuestión religiosa-cultual, por ello se habla de impureza y no de suciedad. En efecto, Israel es un pueblo separado y consagrado a Dios, por ello todos los aspectos de su vida deben reflejar esta santidad o pureza (cf. Lv 19,2; 22,31-33). De aquí la necesidad de la distinción entre lo puro y lo impuro; de lo que puede ofrecerse a Dios (puro) y lo que no se puede ofrecer por estar manchado (impuro), sean personas, animales, comidas u objetos. Y además de los alimentos, también las personas y los utensilios para comer deben estar puros, o purificarse si han estado en contacto con los paganos. 

Después de estas aclaraciones (espero lo hayan sido), podremos entender mejor el cuestionamiento que hacen escribas y fariseos a Jesús por la conducta de sus discípulos: "¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?" (Mc 7,5). 

La respuesta de Jesús tiene cierta dureza y va a tono con el lenguaje de los profetas. De hecho les aplica a los fariseos una frase de Isaías que condena la dualidad o falta de integridad en la conducta de los israelitas contraponiendo lo exterior (los labios) y lo interior (el corazón); el mandamiento de Dios y las tradiciones humanas. 

En el texto litúrgico Jesús se dirige ahora a la gente para enseñarles su doctrina, para sentar su posición sobre esta cuestión. En concreto, Jesús declara que la pureza es ante todo una cuestión moral y, por tanto, depende de lo que el hombre hace, de lo que brota de su corazón entendido como sede de las decisiones. Así, la verdadera impureza es la que brota del corazón y se expresa en acciones pecaminosas, ofreciendo una lista como ejemplo de las mismas. Como bien aclara J. Gnilka: “Es mucho más importante centrar la mirada en el propio corazón, del que sale todo aquello que mancha al hombre. En forma de secuencia de vicios – la única que aparece en los evangelios (y par Mt 15,18) – se describe lo que puede salir del corazón del hombre. La serie se compone de 13 vicios. Los malos pensamientos al comienzo son, al mismo tiempo, un compendio de todo lo que viene a continuación…En cuanto al contenido: robo, asesinato y adulterio se relacionan con el séptimo, quinto y sexto mandamientos del decálogo. Mt 15,18ss ha llevado más a rajatabla la armonización con el decálogo. Si exceptuamos los malos pensamientos y las malas miradas, los restantes vicios aparecen también en los catálogos del corpus paulinum (cf. Gal 5,19-21).”

La posición que deja sentada Jesús en el marco de la controversia con los judíos es que la santidad o pureza moral es absoluta y esencial – y por tanto es la que realmente importa en la relación con Dios – mientras que la santidad o pureza ritual es relativa y no esencial. 

El versículo final es una conclusión, a modo de sentencia, de todo lo dicho hasta entonces: "Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre".


2. ¿Qué mensaje nos trae este evangelio y qué compromiso nos pide, hoy el Señor?
En este Evangelio hay dos enseñanzas muy precisas: una que ordinariamente somos esclavos de las tradiciones y los prejuicios. Dos, que el origen del mal está en el corazón del hombre, pues es ahí donde nace la mala voluntad que hace mal uso de las cosas que Dios creó todas buenas. 
Veamos la primera. Cuando el Señor se dirigía a sus contemporáneos diciéndoles que: "Dejando el precepto de Dios, se aferran a la tradición de los hombres... ¡Qué bien violaís el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición!...", se está dirigiendo también a nosotros, por lo que está haciendo es descubrir una plaga humana que nos hace esclavos.

Un gran pensador del siglo XIX, llamado Federico Nietzsche, decía que en el sociedad hay más mentiras que verdades. El no era, de ninguna manera cristiano, y sin embargo, dijo una verdad que la Escritura nos revela.
La vida social, ordinariamente, está determinada por modas, costumbres, tradiciones, prejuicios y complejos que obligan a la gente a actuar y pensar de determinada manera y la obligan a ser esclava de esos engaños.  Porque es un hecho también que la mentira esclaviza y la verdad hace libres, como nos lo dijo el Señor: "Si os manteneís fieles a nmi Palabra, sereís verdaderamente mis discípulos, y conocereís la verdad y la verdad os hará libres (Jn 8, 31-32)"

Hay personas que determinan sus vidas por las mentiras y los prejuicios sociales y de esta manera se hacen esclavos de la mentira. Más cuando uno se somete a la mentira obra el mal, pórque de la mentira sólo puede salir el mal. Todos nos damos cuenta claramente de que cuando una persona nos miente es porque algún mal nos está haciendo o quiere hacernos. El apegarse a la mentira, el dejarse guiar por falsedades, significa al mismo tiempo apartarse del precepto del Señor, de su Palabra, lo cual es la rutina de toda persona y de toda sociedad.

Veamos ahora la segunda enseñanza de que hemos venido habalndo, ésta está intimamente ligada con la primera: "Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, puede hacerle impuro; sino lo que sale del hombre, eso es lo que hace impuro al hombre..." No, el mal no se debe a la mala suerte o al destino o ¡no se a qué demonio!  sino a lo que sale del corazón del hombre, y está es la causa de todas sus desgracias. Si en la sociedad reinan el sufrimiento y la muerte, el dolor, la angustia, el miedo y el tormento es porque del corazón del hombre brotan la mentira, el engaño, la tradición, los asesinatos, el adulterio y toda clase de injusticias.

Nos olvidamos que nosotros somos instrumentos del Señor en este mundo, por lo tanto debemos con nuestros actos crear el Reino de Dios en este mundo, con los valores de la justicia, el amor, la solidaridad, el perdón, a través de entregarnos a Dios en nuestros corazones, solo así podremos erradicar lo mencionado en el párrafo anterior.

Ahora bien, como nos dice la Sagrada Escritura "Todo lo que Dios ha creado es bueno y nada es despreciable... y todo queda santificado por la Palabra de Dios y por la oración" (1 Tim 4, 4-5)

Todos tenemos que pagar impuestos para tener buenos servicios publicos: agua potable, alcantarillado, luz electrica, escuelas hospitales, etc., pero que vemos? las basuras se acumulan en las calles originando el peligro de la contaminación y de plagas que producen enfermedades y muerte. No hay escuelas para educar a los niños y muchas de las cuales parecen hoy una ruina. Entonces que se hace con los millones que se pagan? Pues son mal administrados por los mismos que son elegidos y nombrados para estos cargos. Dónde se origina el mal? No en la suerte, ni en el destino, ni mucho menos es castigo de Dios. El mal social es consecuencia de la mentira, la injusticia, el robo, la mala administración de los bienes naturales y sociales.

3. ¿Qué respuestas le voy a dar, hoy al Señor?
  • "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mi"¿Hasta qué punto te sientes aludido por esta crítica protéfica? ¿En qué sentido te hace reflexionar sobre tu relación con Dios? ¿Qué valoro más en mi vida de fe: la conversión del corazón o la seguridad que me proporciona el cumplir con unas costumbres y tradiciones?.
  • Jesús relativizó las prácticas externas e insistió en la importancia de las actitudes interiores ¿Qué tiene que ver todo eso con nuestro modo de enfocar el compromiso cristiano?
  • "Lo que sale de dentro, es eso lo que contamina al hombre" ¿De qué manera deberíamos cuidar nuestro corazón para que aniden en él sentimientos y actividades que nos dañen ni dañen a los demás?
  • ¿Qué sentimientos me provoca saber que Dios quiere relacionarse conmigo desde lo más profundo de mí mismo/a y no tanto desde unas practicas externas?

Fuente: Varios autores
Sintesis: Jorge Mogrovejo M.



domingo, 26 de agosto de 2018

Comentario al Evangelio del XXI Domingo de Tiempo Ordnario (26 de Agosto del 2018)

XXI Domingo de Tiempo Ordinario
Evangelio segun San Juan 6, 60-69

Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: «¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?».
Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: «¿Esto los escandaliza?
¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes?
El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida.
Pero hay entre ustedes algunos que no creen». En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.
Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede».
Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo.
Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?».
Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna.
Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios».


1. ¿Qué nos quiere decir Juan, en este Evangelio?

La primera novedad del evangelio de hoy es el cambio de "auditorio": Jesús dialoga ahora con sus discípulos. Son los mismos que estuvieron presentes y activos en la narración de la multiplicación de los panes; luego se hizo referencia a su traslado a la otra orilla donde tendrá lugar el discurso de Jesús sobre el pan de vida (6,22.24). Ahora el evangelio nos trae su reacción ante las palabras de Jesús: "¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?". "Duro" (sklērós σκληρός) tiene aquí el sentido de pesado, difícil de sobrellevar o aceptar. Es decir, las palabras de Jesús les resultan inaceptables; en concreto las rechazan, no adhieren a las mismas. 

Jesús, por su parte, interpreta esta queja como una murmuración. Se trata de la misma actitud que condenaba en los judíos en este mismo capítulo (6,41.43). Recordemos que la murmuración tiene como raíz el no entender el obrar de Dios. Es, en cierto sentido, lo opuesto a la fe como aceptación del misterio de Dios, los discipulos no las pueden aceptar, se frenan, se bloquean. Por tanto escandalizarse es la actitud contraria de creer-confiar-aceptar. 

En 6,62 Jesús redobla la apuesta por cuanto afirma que todavía no han visto u oído todo, pues debe subir a dónde estaba antes, esto es, junto a Dios. Tal vez se clarifique el sentido de esta expresión si recordamos lo que Jesús decía a Nicodemo: "Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. 

Por tanto, Jesús les dice a sus discípulos que su pasión será un mayor motivo de escándalo que su discurso del pan de vida; que la realidad de su muerte en cruz por la salvación de los hombres será más difícil de aceptar que su actualización sacramental en la Eucaristía. 

Siguiendo con el tema de la dificultad de creer que afecta a los discípulos, Jesús los invita a cambiar de perspectiva, de mirada, pues aquí está la raíz de la dificultad. En este contexto la expresión: "El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y son vida" (6,63) significa que las palabras de Jesús no se pueden entender con la sola capacidad humana (la carne) sino sólo con el Espíritu. La revelación que trae Jesús es una vida que sólo se comprende desde el Espíritu, y sólo el Espíritu comunica esa vida. Algo semejante le decía ya Jesús a Nicodemo cuando no entendía el sentido de "nacer de nuevo": "Lo que nace de la carne es carne, lo que nace de Espíritu es espíritu" (Jn 3,6). 

Los versículos siguientes (6,64-65) nos confirman esta interpretación pues Jesús, después de hacer referencia a la incredulidad de algunos de sus discípulos y a la traición de Judas, vuelve a insistir en que la fe es un don del Padre. Ya en 6,44 Jesús les había dicho a los judíos que "Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió"; por tanto también en esto la actitud de los discípulos es equiparable a la de los judíos: se resisten a la atracción de Dios, por lo que muchos de sus discípulos dejaron de seguirlo: "se volvieron atrás y ya no caminaban con él" (v. 66). 

En síntesis: muchos de los discípulos de Jesús han tenido al final la misma actitud que los judíos, sus anteriores interlocutores. En particular comparten con estos la murmuración y la falta de fe, la cual no han sabido recibir como don del Padre. 

En 6,67 aparece identificado un nuevo grupo y auditorio: el de los doce. En el evangelio de Juan, fuera del capítulo 6, sólo en Jn 20,24 se utiliza este término para referirse a los seguidores más cercanos de Jesús; mientras que su uso es mucho más abundante y preciso en los sinópticos, por donde sabemos sus nombres y su condición de apóstoles. Lo cierto es que los “doce” son presentados como un grupo aparte de los discípulos; y a ellos en particular les dirige Jesús ahora su atención. Y lo hace de modo algo chocante, como si les leyera la expresión de sus rostros: "¿también ustedes quieren irse?". 

Pedro asume el liderazgo del grupo y toma la palabra: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios" (6,68-69) 

En primer lugar Pedro demuestra que ha entendido el mensaje de Jesús pues reconoce que sus palabras son de vida eterna (ζωῆς αἰωνίου). Varias veces a lo largo del discurso Jesús ha hablado de la vida eterna y Pedro confiesa que sólo Jesús tiene palabras de vida eterna; por ello no hay otro a quien ir. Notemos que aquí la cuestión es ante todo seguir a alguien más que a unas ideas. Así, de modo indirecto, Pedro manifiesta la intención de los doce de seguir con Jesús. Más aún, según la siguiente expresión de Pedro, los doce han creído en Jesús y lo reconocen como el Santo de Dios. Estos verbos están en tiempo "perfecto" que en griego se utiliza para una acción del pasado que se continúa en el presente. Su traducción literal sería: “hemos creído y seguimos creyendo; hemos conocido y seguimos conociendo”. Recordemos, además, que el verbo conocer en Juan no se refiere tanto a una acto intelectual sino a una comunión de vida. Es decir, por la fe "han ido a Jesús" y por el conocimiento "han entrado en comunión con su divinidad". En efecto, la expresión "santo de Dios", única vez que aparece en Juan, significa que Jesús pertenece a la esfera o dimensión de lo divino pues santo es todo aquello que está consagrado a Dios. 

En síntesis: sólo este tercer grupo (diferente de los discipulos, y de los otros ya que lo dejaron de seguir), el de los doce, ha respondido bien al signo y a la enseñanza posterior de Jesús. Han reconocido en las palabras de Jesús la revelación de la vida eterna que el Padre ofrece a todos los hombres; y la han aceptado, han creído que Jesús es el enviado del Padre para comunicar esta vida, que es el Santo de Dios.

2. ¿Qué mensaje nos trae este pasaje y qué compromiso me pide, hoy el Señor?
Hay personas con grandes dificultades para tener relaciones personales estables porque no son capaces de tomar decisiones, no son files o perservantes, son volubles, inconstantes, indecisas, al no lograr tener relaciones personales estables sufren una terrible desolación. Al igual que las relaciones ordinarias de la vida ocurre con la relación personal con Dios que la llamamos fe, la que como toda relación debemos reafirmarla continuamente, ya que tiende a la infidelidad. Y quién nos tienta contra la fe? Pues nos tientan los ídolos como son el dinero, el poder, la mentira, en el destino, la suerte o la fatalidad. 

A esto se refiere precisamente la primera lectura de hoy en donde Josué obligó al pueblo de Israel a tomar una decisión: reafirmar su fe en el Señor o decidirse por los idolos. "Y si no están dispuestos a servir al Señor, elijan hoy a quién quieren servir: si a los dioses a quienes sirvieron sus antepasados al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos, en cuyo país ustedes ahora habitan. Yo y mi familia serviremos al Señor". (Jos 24, 15)

Por su parte el Evangelio, nos cuenta que Jesús también obligó a sus discípulos a tomar una decisión. Dice el texto que "muchos de sus discípulos, al oír a Jesús, dijeron: "Esta doctrina es inadmisible ¿Quién puede aceptarla? " El Señor aclara: "Os digo que nadie puede aceptarme, si el Padre no se lo concede. Desde entonces, muchos de sus discípulos se retiraron y ya no iban con El". Sin embargo Simón Pedro dijo "Señor, ¿a quién iríamos? Tus palabras dan vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios".

Existen personas que nunca toman una decisión, todo lo dejan a la suerte, a donde los lleven las ocasiones. Si son cristianos es porque les tocó, dicen, pero no porque alguna vez hayan tomado una decisión por el Señor, por el Evangelio, por su Iglesia. Con la misma facilidad, cuando sopla un viento contrario se dejan arrastrar y van a caer a la primera secta que se les presenta o se entregan a la total indiferencia e incredulidad. 

Estas gentes no saben qué es la fe pues como dice St 1, 6-8: "Pero que pida con fe, sin vacilar, porque el que vacila se parece a las olas del mar levantadas y agitadas por el viento. El que es así no espere recibir nada del Señor, ya que es un hombre interiormente dividido e inconstante en su manera de proceder."

Hay personas cuyas relaciones personales están determinadas por los intereses económicos o de otro orden, como p.e. personas que se casan por dinero o posición social, así esta relación personal de noviazgo, amistad o matrimonio, no tiene base sólida y por eso se derrumba al primer vendaval. Lo peor que así es su relación con Dios: interesada. Creen en Dios si les hace milagritos, si les da lo que le piden, si se les aparece "la Virgen" o algún ser sobrenatural, por lo que no es Dios el que le interesa sino sus "milagros".

A estas personas le dice San Agustín: "Hablaré sin rodeos al hombre avaro y le diré ¿invocas a Dios? ¿Por qué invocas a Dios? Para conseguir ganacias, me dirá., Luego, invocas a las riquezas, no a Dios... ¿Quieres invocar a Dios? Invócale gratis". Y es que si tú te relacionas con Dios exclusivamente para que te dé cosas, se trata de un negocio, de una relación interesada, y todos sabemos lo repugnantes que son las relaciones interesadas.
Las personas que a toda hora le están exigiendo a Dios maravillas, milagros, apariciones, es porque no saben quién es Dios y además, no saben tener relaciones gratuitas, sus relaciones son interesadas, son un negocio y en consecuencia estas personas no conocen el amor, porque amar es relacionarse con alguien por ser quien es, no por lo que tiene. Si esto se da en las relaciones humanas humanas !Cuanto más tenemos que decirlo en esas relaciones con Dios, que se llama fe!

La fe, como toda relacion personal, hay que confirmarla diaramente proque la fe tambien se vive como un proceso, es un caminar diario que se recorre con Dios. Y caminar con Dios es tarea de todos los dias. Es necesario que empeces el dia haciendo un acto de fe, es decir, de confianza, de fidelidad, de reconocimiento de Aquel con quien te relaciones, y a si mismo, es neceario que en medio de las tempestades de la vida reafirmes tu fe en Aquel que está contigo y no te desampara.


3. ¿Qué respuesta le voy a dar hoy al Señor?
  • ¿En qué momentos de tu vida te has sentido tentado de dejar de seguir al Señor?
  • ¿Hubo alguna circunstancia externa que lo motivara?
  • ¿Qué o quienes te ayudaron a seguir adelante?
  • ¿En qué situaciones descubro que mi opción por Jesús es un riesgo y una aventura que vale la pena recorrer a pesar de todo?
  • ¿También ustedes quieren irse?¿Que pistas descubrimos en este pasaje que nos ayudan a saber como actuar cuando a nuestras comunidades les resulte dificil seguir el camino cristiano?
  • ¿Cómo podemos ayudar quienes se encuentran en esta situacion de falta de fe?




Fuente: Varios Autores
Transcripción y Sintesis: Jorge Mogrovejo M.

domingo, 29 de julio de 2018

Evangelio del XVII Domingo de Tiempo Ordinario (29 de Julio del 2018)

Domingo XVII Ciclo B. 29 Julio 2018
Evangelio según San Juan 6,1-15
"Después de esto pasó Jesús a la otra orilla del lago de Galilea, el Tiberíades. Le seguía un gran gentío, porque veían las señales que hacía con los enfermos. Jesús se retiró a un monte y allí se sentó con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. Levantando la vista y viendo el gentío que acudía a él, Jesús dice a Felipe: ¿Dónde compraremos pan para darles de comer? Lo decía para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le contestó: Doscientas monedas de pan no bastarían para que a cada uno le tocase un pedazo. Uno de los discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dice: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados; pero, ¿qué es eso para tantos? Jesús dijo: Hagan que la gente se siente. Había hierba abundante en el lugar. Se sentaron. Los hombres eran cinco mil. Entonces Jesús tomó los panes, dio gracias y los repartió a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados: dándoles todo lo que quisieron. Cuando quedaron satisfechos, dice Jesús a los discípulos: Recojan las sobras para que no se desaproveche nada. Las recogieron y, con los trozos de los cinco panes de cebada que habían sobrado a los comensales, llenaron doce canastas. Cuando la gente vio la señal que había hecho, dijeron: Éste es el profeta que había de venir al mundo. Jesús, conociendo que pensaban venir para llevárselo y proclamarlo rey, se retiró de nuevo al monte, él solo"
 
1.- ¿Qué nos quiere decir Juan en este evangelio?
 
En el evangelio según San Juan tenemos 5 capítulos dedicados a la última cena (Jn 13- 17), pero no aparece allí ninguna mención explícita de la institución de la Eucaristía. Pero este silencio sobre la institución no es silencio sobre la Eucaristía ya que nos regala una profunda catequesis mistagógica sobre la misma en el capítulo sexto.

Este capítulo comienza narrando la multiplicación de los panes y peces (6,1-15); relato que está presente también en los tres sinópticos (Mt 14,13-21; Mc 6,30-44; Lc 9,10-17). Sigue luego otro milagro: Jesús camina sobre las aguas (6,16-21). Después de un breve intermedio narrativo que sitúa a Jesús y a la multitud en Cafarnaúm (6,22-24), tenemos una larga sección dialógico-narrativa (6,25-71) que alterna discursos de Jesús con diálogos con los judíos y con sus discípulos.

En cuanto al mensaje de esta unidad literario-teológica S. Muñoz León destaca las siguientes dimensiones:
  • Dimensión cristológica: es la principal y presenta a Jesús como pan bajado del cielo (Encarnación); pan de la vida (Salvador-Redentor); el que da su carne como alimento por la vida del mundo (Muerte redentora); el hijo del hombre que sube donde estaba antes (Resurrección-Ascensión); el Santo de Dios.  
  • Dimensión soteriológica: aparece en las expresiones vida, vida eterna, no tener hambre, no tener sed. Jesús aparece como dador de la verdadera vida cuya fuente es Dios.  
  • Dimensión antropológica (teológica): se insiste en la necesidad y naturaleza de la fe como obra de Dios que el hombre debe recibir con Don-Gracia y elegir con libertad. 
  • Dimensión sacramental: está presente en toda la sección de modo progresivo por cuanto comienza a vislumbrarse en el signo de la multiplicación de los panes para terminar con la presentación de la carne y sangre de Jesús como verdadero alimento y verdadera bebida.  
  • Dimensión eclesiológica: insinuada en las doce canastas sobrantes de pan y patente en la confesión de fe de Pedro en nombre de los doce apóstoles.
En síntesis: "El conjunto del capítulo es una invitación urgente a la fe y al sacramento: a la fe en la persona de Cristo y a la comunión con El por el sacramento eucarístico".

En 6,1-4 se nos ofrece una clara "composición de lugar, de actores y de tiempo". O también, como sugiere F. Moloney, se responde a las clásicas preguntas: “¿dónde? ¿cuándo? ¿quién? y ¿por qué?”. El escenario (dónde) se desarrolla la narración es la orilla del mar de Galilea o Tiberíades; hay una multitud que sigue a Jesús atraída por los "signos" que obró con los enfermos (por que); Jesús y sus discípulos están sobre un monte (quienes); está cerca la Pascua, la fiesta de los judíos (cuándo).

Esta referencia a la Pascua de los judíos, más el cruce a la otra orilla y el ascenso de Jesús al monte, son una invitación a leer el relato que sigue en el trasfondo de la narración del éxodo. Todo esto se confirmará luego con la multiplicación de los panes y el caminar de Jesús sobre las aguas, más las referencias explícitas en el discurso a Moisés y al maná.

En 6,5-9 tenemos un diálogo de Jesús con Felipe y Andrés, dos de los apóstoles, que nos descubre la situación de carencia que requerirá del milagro de Jesús para ser salvada. A diferencia de los relatos paralelos en los sinópticos, aquí es Jesús quien, viendo la multitud, se percata de la necesidad de alimentar a la gente y de la escasez de recursos. En cuanto a esto último Felipe calcula el dinero que necesitarían (200 denarios) y Andrés declara lo que tienen en concreto: una donación hecha por un niño (5 panes de cebada y 2 pescados). La conclusión es evidente: "¿qué es esto para tanta gente?".

En 6,10-11, a pesar de la desproporción entre la necesidad y los recursos, Jesús entra rápidamente en acción. Hace sentar a la gente y se precisa que son cinco mil hombres y que había mucha hierba verde en el lugar, lo que puede ser una referencia al Sal 23,2 (“en verdes praderas me hace recostar”). Luego Jesús "toma" el pan, "da gracias" y "lo entrega" a la gente. Estos gestos de Jesús, en particular el "dar gracias" nos remiten a la Cena Pascual judía y también a la celebración eucarística cristiana.

En 6,12-13, por indicación de Jesús, entran en acción los discípulos a quienes toca recoger lo sobrante. Notemos que no sólo alcanzó para todos, quienes se "llenaron" bien, sino que también sobró mucho. Con todo esto se resalta la abundancia de la comida y se haría referencia al Sal 23,1: “el Señor es mi pastor, nada me falta”. En cuanto al número de canastos que se llenaron con los pedazos sobrantes, doce, es difícil no ver una relación con el grupo apostólico identificado con este número más adelante (cf. Jn 6,67.70.71).
 
En 6,14-15 tenemos la reacción de la gente ante el "signo" de la multiplicación de los panes. En primer lugar dicen: "Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo." Hay aquí una clara referencia a Dt 18,15.18, texto mesiánico por cuanto anuncia la venida de un profeta como Moisés. Esto es sumamente significativo por cuanto "el contexto fundamental en que se sitúa todo el capítulo es la comparación entre Moisés y Jesús: Jesús es el Moisés definitivo y más grande, el «profeta» que Moisés anunció a las puertas de la tierra santa (Dt 18,18)".

En segundo lugar se narra que "querían apoderarse de él para hacerlo rey". También aquí hay una expectativa mesiánica de tipo temporal-terrenal en referencia al sucesor de David que vendría a liberar al pueblo de sus males y devolverle la gloria a Israel. Según L. H. Rivas, puesto que no se trata de reconocerlo como rey que venía de Dios, sino de "hacerlo rey", "esto equivaldría a colocarlo como cabecilla de una revolución tendiente a expulsar a los romanos y a restaurar el reino de Israel […] Jesús no se involucró en el mesianismo político terrenal. Su reino no tenía su origen ni su fuerza en este mundo. 

La sección termina señalando que Jesús volvió-huyó al monte, esta vez solo.

Como bien dice G. Zevini: “Cuando el hombre no deja sitio para la búsqueda sincera del don de Dios, no consigue leer el acontecimiento como palabra de salvación y no se abre a la fe. Ante este grave equívoco de mesianismo, a Jesús no le queda más remedio que retirarse a la soledad del monte para orar, para huir de la gente que quiere apoderarse de él a fin de convertirlo en un rey terreno. Aquí es donde comienza aquella progresiva deserción de la gente que se narra en este capítulo, hasta que Jesús se queda sólo con los Doce”.

En síntesis: teniendo en cuenta que este relato tiene como trasfondo dos narraciones del Antiguo Testamento: la multiplicación de los panes por parte del profeta Eliseo (2Re 4,42- 44) y el don del maná en el desierto (Ex 16,13-35), el mensaje es que Jesús posee la autoridad y el poder de los antiguos profetas y hombres de Dios como Moisés y Eliseo. Sí, pero es mucho más que ellos, pues tiene más para dar a los hombres: otro pan y otra vida.
 
 
2.- ¿Qué mensaje nos trae este pasaje y qué compromiso nos pide, hoy el Señor? 
Detrás de los signos que Jesús hace se esconde siempre una revelación sobre su identidad ¿Qué aspectos de su misterio personal entiendo mejor gracias al Evangelio de Hoy?
 
El Señor sigue hablando y realizando signos, otra cosa es que nosotros sepamos interpretarlos. ¿Cómo percibo su mensaje a través de los signos de los tiempos en los que Él sigue manifestando?
 
Jesús se hace cargo de la necesidad de la gente y trata de darle una respuesta. ¿Qué tiene que ver este signo con nosotros?¿Cómo nos ayuda a enfocar nuestro compromiso cristiano en medio de un mundo donde hay tantas personas que no tienen lo necesario para vivir con dignidad? "Aquí hay un muchacho que tiene 5 panes de cebada y dos peces. ¿Pero qué es esto para tanta gente?" ¿Cómo me animan esas palabras a poner lo "poco" que soy al serivcio de los demás?
 
El signo de la multiplicación despertó la esperanza de la gente porque muchos pensaron que en él se cumplían las expectativas mesiánicas ¿que signo de esperanza me invita a ofrecer ese gesto de Jesús?
 
La iniciativa es de Jesús. Nadie le pide que se encargue de alimentar a toda esa multitud. Esto es significativo para su misión. Jesús actúa por sí mismo, sin necesidad que le den órdenes o que le dirijan oraciones. Jesús actúa por su propia iniciativa, en conformidad con la voluntad del Padre.

La multiplicación de los panes, mencionada seis veces por los cuatro evangelistas, constituye un signo clave del proyecto de Jesús, que ha de interpretarse en clave social y eucarística. 

En clave social: Jesús alimenta a una muchedumbre hambrienta. Tan necesario como alimentase es dar de comer a los demás, sobre todo a los pobres. Es la única forma de transmitir el evangelio y poder hablar de Dios. Sin reparto de comida y bebida no hay comunidad, no hay buena noticia, no puede haber eucaristía.

En clave eucarística: Ningún evangelista ha subrayado tanto como Juan el carácter eucarístico de la multiplicación de los panes. El relato evoca claramente la celebración de la cena del Señor en las primeras comunidades: Jesús toma los panes, pronuncia la acción de gracias y los reparte.

La eucaristía es la cena del Señor. Para los primeros cristianos era una vivencia anticipada de la fraternidad del Reino. Hoy, sin duda, tenemos que recuperar la eucaristía como signo y vivencia de comunión con Cristo, para que sea comunión y vivencia entre nosotros. Hemos ritualizado la celebración y la hemos vaciado de su contenido. Pero hay algo claro en la tradición de la Iglesia: Cuando falta fraternidad en la eucaristía, cuando no hay justicia, cuando no se vive en solidaridad, cuando hay despreocupación por el otro, la celebración eucarística queda vacía de sentido.

La rica teología del relato de la multiplicación de los panes debe tener una resonancia muy particular para estos tiempos de crisis, agotamiento de recursos energéticos, escasez de trabajo y miseria creciente en el tercer mundo.

¿Cómo resolver el problema de la subsistencia de personas y pueblos enfrentados a una situación de y falta de los bienes básicos necesarios para una vida digna? El relato evangélico propone una primera solución insuficiente e inviable: No bastarían doscientos denarios para comprar un pedazo de pan para cada uno. La solución no está en el dinero. Jesús orienta sus discípulos por otro camino que no crea nuevas dependencias de opresión y explotación: Una solución enormemente sencilla y que consiste en compartir con los necesitados lo que tenemos cada uno, aunque sea poco y desproporcionado con la magnitud del problema, como los cinco panes y los dos peces de aquél muchacho.

Pero no podemos olvidar algo que el relato quiere subrayar. Jesús, antes de comenzar a repartir el pan, pronunció la acción de gracias al Padre. Solo cuando reconocemos que nuestros bienes son don del Padre a la humanidad, podremos ponerlos al servicio de los hermanos.

No es posible reconocer a Dios como Padre de todos y fuente de nuestros bienes y seguir acaparándolos egoístamente, desentendiéndonos de las personas sumidas en la miseria. La vida no se nos ha dado para hacer dinero, sino para hacernos hermanos. La vida consiste en aprender a convivir y a colaborar en la larga marcha de todos nosotros hacia la auténtica fraternidad. 
 
3.- ¿Qué respuesta le voy a dar hoy al Señor?
¿La Eucaristía sacramento de la fraternidad nos compromete a vivir la vivir la solidaridad?
¿Formamos comunidades, en medio de nuestra sociedad actual, que reflejan la manera de ser de Jesús: en la fraternidad y la solidaridad?
¿Compartir el Pan eucarístico de Jesús, me compromete a compartir mi pan con los hermanos?
 
 
 
Fuente: Varios autores
Transcripcion: Jorge Mogrovejo M.

                      



Comentario al Evangelio del Domingo 27 de marzo del 2022

 IV Domingo de Cuaresma. 28/03/2022 Pericopa: Lc 15,1-3.11-32  En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para es...