domingo, 17 de diciembre de 2017

Evangelio del Domingo 17 de Diciembre del 2017



Evangelio: Jn 1,6-8; 19-28
Al principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Ella existía al principio junto a Dios. Todo existió por medio de ella, y sin ella nada existió de cuanto existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres; la luz brilló en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron. Apareció un hombre enviado por Dios, llamado Juan, que vino como testigo, para dar testimonio de la luz, de modo que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino un testigo de la luz. La luz verdadera que ilumina a todo hombre estaba viniendo al mundo. Éste es el testimonio de Juan, cuando los judíos [le] enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle quién era. Él confesó y no negó, confesó que no era el Mesías. Le preguntaron: Entonces, ¿eres Elías? Respondió: No lo soy ¿Eres el profeta? Respondió: No. Le dijeron: ¿Quién eres? Tenemos que llevar una respuesta a quienes nos enviaron; ¿qué dices de ti? Respondió: Yo soy la voz del que grita en el desierto: Enderecen el camino del Señor, según dice el profeta Isaías. Algunos de los enviados eran fariseos y volvieron a preguntarle: Si no eres el Mesías ni Elías ni el profeta, ¿por qué bautizas? Juan les respondió: Yo bautizo con agua. Entre ustedes hay alguien a quien no conocen, que viene detrás de mí; y [yo] no soy digno de soltarle la correa de su sandalia. Esto sucedía en Betania, junto al Jordán, donde Juan bautizaba.
1.- ¿Qué nos quiere decir Juan en este evangelio?
Una de las dos figuras modelo del Adviento es Juan el Bautista, el precursor de Jesús. El domingo pasado, en el Evangelio de Marcos, lo vimos en acción preparando el camino del Señor. En esta ocasión, en el Evangelio según Juan, nos detenemos en su misión de testigo eminente que señala a Jesús.
Solo se llega a Jesús a través del testimonio. El Evangelio de Juan tiene una convicción que hoy aparece claramente: a Jesús se llega mediante el testimonio de otro. A lo largo del todo el Evangelio de Juan podremos ver muchos ejemplos concretos, hoy se nos presenta el primer modelo de testigo de Jesús.
El título que el cuarto Evangelio prefiere darle a Juan es el de testigo. En torno al significado y al ejercicio de su testimonio, giran los dos pasajes que la liturgia nos ofrece hoy: En el prólogo del Evangelio se afirma que Juan “venía como testigo, para dar testimonio de la luz”. En el pasaje inicial del relato evangélico, vemos a Juan ejercitándose como el testigo. El narrador comienza con esta anotación solemne: “Y este fue el testimonio de Juan”.
La primera línea hace tres afirmaciones sobre la personalidad histórica de Juan:
·         Surgió un hombre”: una persona concreta, nacida en esta tierra, no es un personaje celestial.
·         Enviado por Dios”: su misión no se realiza por iniciativa propia sino que proviene de Dios y encuadra dentro de su plan salvífico de la humanidad.
·         Se llamaba Juan”: tiene su nombre propio, que significa “Misericordia de Yahvé”, que lo hace único y distinto. Es el primer nombre propio que se pronuncia en este Evangelio.
a.- Juan es:
·         Un testigo. Muchos datos son inaccesibles de manera directa para nosotros. Por eso tenemos necesidad de acudir a testigos que hayan tenido el contacto directo con la fuente de la información. Cuando uno no ha visto directamente algo que ha pasado, tiene necesidad de una persona creíble que nos lo cuente. Y el conocimiento de la persona de Jesús requiere de testigos.
·         Testigo de la luz. Cuando el evangelio habla de luz, se sobreentiende que se refiere a Jesús, pues Él es la Luz del mundo. Jesús es una luz que necesita ser testimoniada porque, aunque su salvación es evidente y contundente, no todos la captan. Por eso es necesario que Juan comience dando testimonio de la luz y predique con estas palabras: “En medio de ustedes está uno a quien no conocen... Yo no le conocía... y yo lo he visto y doy testimonio de que éste es el elegido de Dios”.
b.- Juan conduce a los demás a creer.
El Evangelio nos dice cuál es el resultado final del testimonio: “llegaran a creer”, es decir, para todo mundo pueda hacer la experiencia personal de Jesús. Las palabras de un testigo de Jesús no equivalen a las de una prueba contundente que nos deslumbra y nos convence, sino una invitación, una provocación para vivir esa experiencia del encuentro personal con Cristo.
La luz necesita testigos, que tengan experiencia fuerte de Jesús para contagiarla a otros como lo hizo Juan. Ser testigo de la luz es presentarse ante los demás como antorcha en la que brilla Jesús. 
c.- Juan da su testimonio acerca de Jesús
El primer testimonio de Juan se ubica en un contexto preciso: Cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan”. Juan no sale a buscar a la gente para hablarles de Jesús, es su misma personalidad la que, hace que la gente se interrogue sobre él; que en su respuesta les remite a Jesús. La presencia de Juan no había pasado desapercibida y en ciertos momentos causaba perplejidad e, incluso, incomodidad, no sólo por sus palabras sino por su forma radical de vida. Las autoridades judías quieren aclararlo: Quieren conocer la identidad de Juan y su actividad.
Juan contesta sin rodeos: “Yo no soy el Mesías, ni Elías, ni el Profeta. Juan se define a sí mismo como “la Voz” citando a Isaías 40, 3: “La voz del que grita en el desierto: Allanad el camino del Señor”. Un testigo debe tener bien claro que él no es el Mesías pero también debe saber leer su vocación y su misión a la luz de la Santa Escritura, como hace Juan.
Cuatro elementos que definen el perfil de su identidad: Quién es: Yo soy la voz. Qué hace: que grita. Dónde: en el desierto. Qué Dice: allanen el camino del Señor.
La suya es una voz que interpela, habla, cuestiona, no se calla, se hace sentir. No es una voz cualquiera, es una voz para oírse, guste o no guste. Esa voz grita: su anuncio no es para el silencio sin respuesta, o para unos pocos. Cuando se grita es para llegar a un mayor número de personas. Los interlocutores de Juan parecieran no haber escuchado su última afirmación y retoman sus inquietudes iniciales, pidiendo una explicación del sentido del bautismo que administra.
Llega así el momento cumbre de la misión de Juan de dar el testimonio que lleva a creer, es la hora de presentar a Jesús. Juan da testimonio de Jesús con tres frases:
·         En medio de ustedes hay uno a quien no conocen”. El predicador no trae a Jesús, sino que enseña a descubrir su presencia escondida en la humanidad. En la fragilidad de la carne, en la pobreza, en la sencillez de estilo de vida ¡Jesús ya está ahí!
·         El que viene detrás de mí”. “Venir detrás” connota discipulado.
·         “Al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia”. Jesús tiene una dignidad mayor que la de Juan, por eso con quien hay que quedarse es con Jesús, y no con sus mensajeros. Jesús debe ser la meta de nuestra búsqueda, y la Navidad un encuentro personal con el Señor de nuestra fe.
El evangelio de hoy nos invita a escuchar la voz del testigo de Jesús y profeta del adviento, Juan Bautista, y a acoger la venida del Señor que quiere iluminar a fondo nuestra vida. El Adviento se prepara conociendo mejor a aquel que está en medio de nosotros pero que todavía no lo hemos descubierto.
2.- ¿Qué mensaje nos trae este pasaje y qué compromiso nos pide, hoy, el Señor?
El tercer domingo de Adviento es llamado “Gaudete” (=regocíjense). Aun cuando todavía falta un poco de tiempo para la navidad, ya se escucha la música y la danza.
La alegría que caracteriza este domingo es porque “El Señor está cerca”, pero se apoya, ante todo, en el hecho de que está cerca el Mesías de los “pobres” que hace brotar la justicia. Se alegran en primer lugar los humildes, que ponen toda su confianza y esperanza en Dios y sólo en Dios. La alegría de ellos se asocia a la alegría de María, la “sierva” que ve en el honor de la divina maternidad el reconocimiento a su “humillación” y quien, retomando las palabras de Isaías, “desborda de gozo en el Señor”.
En el Evangelio escuchamos el testimonio de Juan que debe llevarnos a creer en quien es la razón última de nuestra fe: Jesús es el Mesías prometido que viene. Juan, el testigo, ni siquiera dice su nombre, pero quiere llevarnos a descubrirlo. Con la llegada de Jesús se cumplen las profecías que vienen del Antiguo Testamento y se satisface la expectativa de los que interrogan al Bautista.
Juan, ante la pregunta “tú quién eres” se definió más por su relación con Jesús, que por su nombre. Nosotros como cristianos, deberíamos decir algo parecido: No me identifiquéis por mi nombre y apellidos, por mi trabajo y profesión, por mis obras o mi reputación. Identifíquenme por mi relación con Cristo. Así se manifestaban muchos de los primeros mártires: “Mi nombre es cristiano”. “Soy cristiana y no puedo llamarme con otro nombre”.
Juan se define como testigo de Cristo. Y todo creyente que toma en serio su fe, se convierte en testigo de Jesucristo. No se puede escuchar su buena noticia sin sentir la necesidad de comunicarla. El testimonio del cristiano es como el de Juan Bautista: Anunciar y hacer creíble a Cristo. El testimonio no consiste solo en hablar. Se trata de ser testigos de la luz, de Jesucristo: hombres y mujeres que creen en  lo que él creyó, que defienden la causa que él defendió y viven como él vivió. Entonces estaremos anunciando a aquél que está en medio de nosotros”.... 
Juan proclama lo que tiene que proclamar, guste o no guste. Y así tienen que ser los testigos y profetas de la buena noticia de ayer y de hoy. Deben conseguir la autoridad que les da la verdad y el testimonio de una vida y una palabra de coherencia. Para el profeta vale más la verdad que la vida.
Nadie molesta por lo que piensa. Somos molestos cuando decimos con las obras las verdades que pensamos, cuando somos coherentes con los valores que dan sentido a nuestra vida. Cuando somos testigos y profetas como lo fue Juan Bautista. Esa es la única manera de ser testigos de la luz, testigos del Mesías, testigos de Cristo y de su evangelio.
Jesucristo aparentemente conocido por todos, es para muchos el gran desconocido. Si Juan Bautista recorriera hoy nuestra sociedad podría repetir las mismas palabras de entonces: En medio de ustedes hay uno a quien no conocen”. Como cristianos no podemos contentarnos con afirmar con los labios una doctrina que la Iglesia enseña sobre Jesucristo, aunque ello nos proporcione seguridad y tranquilidad religiosa. La adultez cristiana pasa por conocer a Jesucristo, asumir su estilo de vida, y todo lo que eso significa y conlleva: Los interrogantes y los desafíos, que nos plantea, la buena noticia y las promesas que nos ofrece. Un conocer que no es solo algo relacionado con la cabeza o la claridad de ideas, porque en la Biblia conocer es algo íntimo y experiencial que tiene que ver con la vida, el seguimiento, la identidad, el compartir y la felicidad.
Se necesitan personas que den testimonio. Hoy, como siempre, Jesús tiene que ser anunciado por alguien. Sin precursores, sin anunciadores, sin testigos, Jesús no tiene camino para llegar al corazón de las personas de nuestro tiempo. Hoy se necesita que surjan personas que den testimonio. Que anuncien la buena nueva a los pobres. Que testifiquen que el amor, la justicia, la liberación y la paz no pueden quedarse solo en palabras, sino hay que convertirlas en realidades: porque ese es el mensaje central de la Navidad, y para eso nos estamos preparando. Todos los que dan testimonio de ello son enviados de Dios que preparan el camino del Señor, se les reconozca o no, tengan credenciales o no.
3.-¿ Qué respuesta le voy a dar, hoy, al Señor
·         ¿Qué novedades estoy descubriendo en este evangelio mirando hacia la Navidad?
·         ¿Recuerdo el testimonio de alguna persona que me ayudó a descubrir a Cristo?
·         ¿Qué debería cambiar en mi vida para ser un testigo creíble de Cristo?



Autor: Padre Felipe Mayordomo Álvarez sdb.
Transcripcion: Jorge Mogrovejo Merchan
 

domingo, 10 de diciembre de 2017

Evangelio del Domingo 10 De Diciembre del 2017

Domingo II de Adviento Ciclo B 10 Diciembre 2017
Evangelio: Marcos1, 1-8
Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías. Hijo de Dios, Tal como está escrito en la profecía de Isaías: “Mira, yo envío por delante a mi mensajero para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: Preparen el camino al Señor, enderecen sus senderos”. Se presentó Juan en el desierto, bautizando y predicando un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados. Toda la población de Judea y de Jerusalén acudía a él, y se hacía bautizar en el río Jordán, confesando sus pecados. Juan llevaba un manto hecho de pelo de camello, con un cinturón de cuero en la cintura, y comía saltamontes y miel silvestre. Y predicaba así: Detrás de mí viene uno con más autoridad que yo, y yo no soy digno de agacharme para soltarle la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con Espíritu Santo.
1.- ¿Qué nos quiere decir Marcos en este evangelio?
Marcos, en los primeros versículos de su Evangelio, que son la introducción al libro, nos hace la primera aproximación a la persona de Jesús, que es el centro de toda la narración. Aunque Jesús no aparece todavía actuando como tal en el pasaje de hoy, él es el foco de atención. La primera manera como se realiza la evangelización acerca de Jesús es mediante el anuncio de su venida, del descubrimiento de su identidad extraordinaria, de su relación profunda con Dios y con nosotros, y lo que será capaz de hacer de aquí en adelante por obra del Espíritu Santo.
A.- Así comenzó el mensaje fundamental del cristianismo
“Comienza el Evangelio de Jesús el Cristo e Hijo de Dios”. El evangelio, aquí, no significa libro que contiene la predicación y los hechos de Jesús. Este significado aparece más tarde en el año 150 en San Justino mártir. Debemos tener en cuenta el sentido de evangelio en el contexto cultural de la época. Evangelio, era la buena noticia de las victorias del Emperador, el gran Señor, convertido en Dios.
Cuando Marcos habla del evangelio de Jesús, presenta a Jesús al mismo nivel del Emperador, y le atribuye los mismos honores. Un evangelio estaba vinculado a una persona de categoría divina. Jesús no es solamente el Mesías esperado por los judíos: es el Hijo de Dios. Esta confesión explícita aparece al final, en boca del capitán romano que asiste a la crucifixión: “Realmente este hombre era hijo de Dios”.
La finalidad del anuncio del Evangelio es llevarnos a descubrir con admiración y convicción quién es Jesús y cuál es el sentido de su obra, cuál es su identidad y cuán significativa es su persona y acción para cada uno de nosotros. Él es el mediador de la acción salvífica de Dios a favor nuestro. Es el “Hijo de Dios”: no es un hombre más, él sostiene con Dios-Padre una relación íntima y única por naturaleza.
Con estos dos atributos el Evangelio nos regala la primera y fundamental comprensión de él: Jesús es el Hijo de Dios que, viviendo su filiación, obedece al Padre llevando a cabo la misión de salvación para la cual lo envía al mundo. Esto lo podemos descubrir acompañando paso a paso el desarrollo del ministerio terreno de Jesús quien se hace presente en medio de nosotros precisamente como uno de nosotros pero también diferente de nosotros porque es el Hijo de Dios que lleva a cabo la misión del Mesías.
B.- Todo proviene de Dios:
La venida de Jesús es el cumplimiento de las promesas que Dios hizo a su pueblo por medio de los profetas. Marcos menciona a Isaías: “Yo envío mi mensajero delante de ti, para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. Estas palabras dan una serie de pistas que nos ayudan a comprender la misión de Jesús y la de Juan:
·         Todo encuadra dentro del Plan de Dios. Estas palabras introducen lo que se dirá enseguida: “Según está escrito en el profeta Isaías   apareció Juan predicando en el desierto”. Con la entrada en acción de Juan, Dios ha cumplido lo que había anunciado mucho antes por medio del profeta. El anuncio cristiano tiene su raíz en las promesas del Antiguo Testamento.
·         Todo parte de una iniciativa divina. “Yo envío”. La obra de Jesús es el cumplimiento pleno del plan de salvación que Dios venía realizando.
·         El interlocutor de estas palabras de Dios-Padre es Jesús. Le dice: “delante de tite preparé el camino”. En el camino del éxodo Yahvé había hablado de forma parecida a su pueblo (Ex 23, 20) y también cuando anunció su venida personal para el Día del Señor (Malaquías 3, 1). Las citas originales de Éxodo y de Malaquías han sido modificadas y fusionadas en función de esta novedad.
·         El camino que se prepara es “del Señor”. En Jesús está el Señor en persona viniendo en medio de su pueblo para guiarlo a la salvación plena cuya imagen era el camino del éxodo. Con Jesús se realiza plenamente el camino pascual iniciado en el A. T. Todo el Evangelio puede ser leído desde esta clave.
·         Dos hechos inauditos. Se trata de una venida de Dios mismo, preparada por un mensajero. Nos encontramos aquí con dos novedades: Dios no había venido en persona. Y cuando mandó a sus enviados en el Antiguo Testamento no les puso mensajeros al frente que les prepararan el camino.
C.- Juan es el mensajero en acción que prepara el camino.
Lo que fue escrito y proclamado ocurre efectivamente cuando Juan bautista entra en acción. Su obra es al mismo tiempo el cumplimiento de las palabras del Señor y el comienzo de la proclamación del Evangelio. Juan predica un bautismo de conversión y anuncia explícitamente la venida del Mesías.
Pero Juan no es simplemente una mensajero que realiza una tarea, su personalidad espiritual también es importante; por eso incluso su estilo de vida es de por sí un anuncio. La manera de esperar la venida del Señor es preparándose para ella. La primera tarea de Juan para preparar esta venida es predicar “un bautismo de conversión para el perdón de los pecados”
·         Convertirse: La base de la “conversión” (metánoia) que consiste en un cambio de vida: dejar de lado formas de actuar equivocadas para orientar de nuevo vida según Dios y su palabra.
·         Confesar los pecados: La disposición de convertirse, se verifica en el admitir públicamente que se ha vivido equivocadamente, que se ha faltado a Dios, y que se tiene necesidad de recibir el perdón.
·         Recibir el signo del bautismo: Con el gesto externo de un baño, eso es “bautismo”, se confirma la sinceridad de la disposición interna del arrepentimiento y se representa lo que se pide que ocurra internamente: una limpieza.
·         Obtener la remisión de los pecados: El perdón sólo proviene de Dios. El penitente se ha puesto en las manos de Dios para que de su mano venga la remisión de los pecados.
D.- ¿Cómo reacciona la gente?
Marcos narra una afluencia de gente de Judea y de Jerusalén que responde al llamado de Juan bautista. Vemos que la gente se toma en serio la predicación. Nos encontramos ante tres hechos inauditos:
·         Juan no va donde la gente, como hacían los profetas. Es la gente la que viene al desierto a escucharlo.
·         La gente no acude a los baños de purificación ritual. Sino que es Juan quien los bautiza con agua.
·         Este baño ocurre en un río, aunque el agua del río no se usaba para las purificaciones rituales.
Estos tres cambios en la praxis religiosa tradicional es lo que lleva a las autoridades religiosas, encargadas de dictaminar lo que se ajustaba a las normas de Dios, a rechazar a Juan como profeta.
E.- El perfil del predicador.
Se describe el vestido y alimento. Juan vive con lo esencial, y con ello da un mensaje: para él sólo Dios está en el centro de todo, él tiene una dedicación total y exclusiva a Dios.
Llama la atención que el atuendo de Juan, se tan parecido al de Elías, el modelo de los profetas bíblicos. Esta rareza tiene que ver con la identidad de Juan. El evangelista está señalando a Juan como el nuevo Elías, tal como se había profetizado en Malaquías (3, 23), que debía indicar la inminencia de la llegada del Día del Señor. Con la venida de Jesús ha llegado el tiempo final anunciado por el profeta.
F.- Juan el predicador del Mesías.
La descripción de la misión de Juan bautista de cara al pueblo, preparando el camino del Señor, termina con el anuncio de la venida del Mesías. Su predicación (“kerisso”, de donde proviene el sustantivo “kerygma”) no sólo invita a la conversión sino a conocer quién es Jesús y en qué consiste su grandeza.
Jesús tiene más poder que él. El bautismo de Juan tiene valor simbólico, en cambio el de Jesús ofrece el contenido real de lo que Juan anuncia: el perdón, por eso dice: “Él os bautizará con Espíritu Santo”.
Esto es decisivo: Jesús dispone del Espíritu, de la vida divina, y la comunica. En esto consiste precisamente el perdón: el logro de la comunión de vida con Dios, que se convierte en fuente de vida nueva. Esta es la obra completa de Jesús que se realiza con la fuerza del Espíritu Santo que lleva a la comunión con Dios mediante la restauración del hombre. Este es el más alto de los dones: la feliz noticia, para la cual hay que prepararse dignamente. El resto del Evangelio, es el desarrollo de esta Buena Noticia.
2.- ¿Qué mensaje nos trae este pasaje y qué compromiso nos pide, hoy,  el Señor?
En los títulos de Mesías e Hijo de Dios queda indicada la verdadera identidad de Jesús, y el origen de la Buena Noticia. Quién es Jesús y el contenido de esos títulos se irá desvelando y comprendiendo progresivamente a la luz de sus obras y palabras. Por eso, el primer versículo nos remite al final del evangelio. Y cuando todo parecía aclararse, en el momento de la resurrección, es cuando el miedo paraliza su prosecución, pues “las mujer salieron huyendo del sepulcro y no dijeron nada a nadie del miedo que tenían. La Buena Noticia termina en miedo y en el silencio, que parece impedir que el relato se relance.
Pero sabemos que no fue así. El mismo hecho de que se haya escrito es señal de que se realizó. Y la Buena Noticia ha llegado a nosotros. El primer versículo del evangelio, y el último nos indican algo fundamental para entender la intención de Marcos. Todo el relato es solo el comienzo de la buena noticia que se inicia y que es Jesús. Su prosecución depende de que los discípulo y el lector regresen a Galilea, único lugar donde se le puede ver y experimentar como resucitado. Qué significa regresar a Galilea se ira desvelando y describiendo a lo largo de todo el evangelio.
El evangelio de hoy nos hace una llamada directa a nosotros. A Dios solo se le acoge preparando el camino de Jesús el Mesías. Y la preparación consiste en la igualación definitiva de las relaciones interhumanas, que han de pasar de la desigualdad a la igualdad, de la injusticia a la justicia, expresada simbólicamente en la nivelación de los terrenos. No es suficiente el cambio interior. El camino y los senderos hacen referencia a las estructuras, a algo que tiene relación con todos, a un mundo nuevo, a una nueva sociedad, es decir al reino de Dios.
Hay iglesias que anuncian un Dios sin reino de justicia, de verdad y fraternidad. Hay humanismos que pretenden buscar ese Reino de humanidad realizada sin Dios. Y hay personas religiosas que intentan acercarse a Dios sin asumir el mensaje profético de preparar el camino de este mundo para el Señor. La voz del profeta es una crítica y un reto para todos ellos. No hay acceso a Dios-Padre sin búsqueda, concreta y conflictiva, del reino de justicia y fraternidad. Esto echa por tierra las falsas imágenes de un Dios presente como indiferente y pasivo ante la injusticia humana, y los falsos paraísos en los que pretendemos encontrar la salvación y la felicidad al margen de Dios, o contra Dios.
Es posible la esperanza, porque Dios está viniendo. La esperanza cristiana no es un optimismo barato ni la búsqueda de un consuelo ingenuo, sino todo un estilo de enfrentarse a la vida desde la confianza radical en Dios. No es cuestión de ser optimista o pesimista. La esperanza es otra cosa. El creyente sabe y experimenta que en el seguimiento de Jesús y proseguimiento de su causa, en ese preparar el camino del Señor, Dios está viniendo. Y cuando todas las esperanzas humanas parecen apagarse, sabe que Dios sigue  viniendo en los trabajos y sufrimientos, gozos y alegrías, aspiraciones y luchas del mundo. Por eso, el creyente no se refugia en el disfrute alocado del momento presente, ni busca consuelo en un mundo artificial y engañoso, ni se hunde en un pesimismo destructor. Sencillamente, prepara el camino del Señor, negándose a entrar en caminos que no conducen a ninguna parte.
Y se esfuerza por liberar todas las fuerzas que bloquean el crecimiento y el progreso de una vida y un mundo más auténticamente humanos. Cada día es una nueva ocasión y una nueva posibilidad para hacer crecer entre nosotros el reino de Dios. En cada una de nuestras actuaciones, por pequeña que sea, estamos engendrando o abortando esa nueva sociedad.
Debemos ser, como Juan, mensajeros del Mesías y de su Buena Noticia. Pero muchas veces callamos y no damos testimonio, por la indiferencia que encontramos en nuestro entorno. Y en lugar de mensajeros que anuncian la buena noticia, nos convertimos en fontaneros del Reino, que se contentan con reparar lo viejo, lo de siempre, sin ofrecer novedades, que se resistan a cambiar, a recorrer y ofrecer caminos nuevos, para encontrarnos con Cristo, encontrándonos con sus hermanos, que son los nuestros.
3.- ¿Qué respuesta le voy a dar, hoy al Señor?
  • ¿Quién es Jesús para mí: un predicador famoso, un poderoso milagrero, o el Hijo de Dios?
  • En el evangelio de hoy, ¿hay algo que tiene que ver con mi vida de creyente?
  • Esta Navidad, ¿Qué cambio de vida me está pidiendo?  


Autor: Padre Felipe Mayordomo Álvarez, sdb.
Transcripcion: Jorge Mogrovejo

Comentario al Evangelio del Domingo 27 de marzo del 2022

 IV Domingo de Cuaresma. 28/03/2022 Pericopa: Lc 15,1-3.11-32  En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para es...