domingo, 22 de julio de 2018

Evangelio del XVI Domingo de Tiempo Ordinario (22 de Julio del 2018)

DOMINGO XVI B 22 Julio 2018


Evangelio según San Mc 6, 30-34  

"Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dice: Vengan ustedes solos, a un paraje despoblado, a descansar un rato. Porque los que iban y venían eran tantos, que no les quedaba tiempo ni para comer Así que se fueron solos en barca a un paraje despoblado. Pero muchos los vieron marcharse y se dieron cuenta. De todos los poblados fueron corriendo a pie hasta allá y se les adelantaron. Al desembarcar, vio un gran gentío y sintió lástima, porque eran como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles muchas cosas."

1.- ¿Qué nos quiere decir Marcos con este evangelio?

Los apóstoles, enviados por Jesús, vuelven a reunirse con él y le cuentan todo lo que hicieron y enseñaron. Entonces Jesús los invita a retirarse a un lugar desértico o solitario pues era tal el ir y venir de la gente que no los dejaban comer tranquilos. Notemos que la palabra «descansar» remite ya la tarea del pastor (cfr. V. 34) puesto que, según Ez 34,15 y el Sal 23,2, es propio del pastor hacer reposar a sus ovejas en verdes praderas.

Suben a la barca y se dirigen a un lugar solitario, pero una muchedumbre venida de "todas las ciudades corre" por tierra y llega antes que ellos. Marcos no da ninguna indicación precisa de dicho lugar retirado; en Lc 9,10 se dice que se trata de Betsaida. A nivel narrativo lo importante es que, por iniciativa del mismo Jesús, él y sus discípulos buscan alejarse de la gente que los requería, pero sin lograrlo pues al desembarcar se encuentran con una multitud presente allí.

Ahora se trata de ver cómo reacciona Jesús ante la gente luego del intento fallido de retirarse. El evangelista describe el sentimiento profundo que provoca en Jesús esta mirada sobre la multitud mediante el verbo splagjnízomai, que indica una conmoción visceral, a nivel de las entrañas, de allí com-pasión. Este verbo se utiliza en los evangelios de modo particular para expresar la actitud compasiva y misericordiosa de Jesús ante el hombre que sufre o que está desorientado (cf. Mc 1,41; 8,2; 9,22; Mt 9,36; 14,14; 15,32; 20,34).

A continuación se nos explica la causa o motivo de esta compasión: "porque estaban como ovejas que no tienen pastor". La imagen de las ovejas sin pastor es frecuente en el Antiguo Testamento (cf. Nm 27,17; 1Re 22,17; Ez 34,5), particularmente en el contexto de acusación hecha a los pastores/autoridades de haber abandonado al rebaño/pueblo. Por tanto, como bien dice M. Navarro Puerto: "La percepción de esta carencia por parte de Jesús suscita la sospecha sobre el ministerio de los pastores oficiales".

A la compasión, actitud más bien pasiva, interior al sujeto; sigue la acción concreta para remediar la situación que la provoca: Jesús se pone a enseñarles muchas cosas.

Esta última indicación nos precisa mejor en qué sentido la gente está como ovejas sin pastor: están desorientadas por falta de conocimiento, nadie las guía y preside por los auténticos caminos de Dios. Por esto Jesús asume el rol de buen pastor poniéndose a enseñar a la gente. En el evangelio de Marcos el enseñar es una actividad constante de Jesús como lo prueba el hecho de que de las 17 veces que aparece el verbo didaskein (enseñar), 15 se refieren a la actividad de Jesús. Lo llamativo es que no se especifica, salvo excepciones, el contenido de la enseñanza. Se dice que enseñaba por medio de parábolas (por tanto están las parábolas sobre el Reino de Dios de Mc 4); que enseñaba el camino del hijo del hombre hasta la cruz; que la casa de su Padre – el templo- debe ser casa de oración. Tal vez lo más ilustrativo es cómo describen el contenido de la enseñanza de Jesús un grupo de fariseos y herodianos que van a verlo: "Maestro, sabemos que eres sincero y no tienes en cuenta la condición de las personas, porque no te fijas en la categoría de nadie, sino que enseñas con toda verdad (avlhqei,aj) el camino de Dios” (Mc 12,14). En esto último está la clave: enseña verdaderamente el camino de Dios, el modo correcto de vivir agradando a Dios. Este es entonces uno de los modos como Jesús ejerce la misión de pastor de su pueblo.

En síntesis, Jesús es presentado como el buen pastor anunciado en el Antiguo Testamento, tanto por procurar el descanso para sus apóstoles que regresan cansados de la misión como por su compasión ante la desorientación del pueblo a la que remedia con su enseñanza. 

2.-¿Qué mensaje nos trae este evangelio y qué compromiso nos pide, hoy, el Señor?
Jesús lo veía todo desde la compasión. Era su manera de ser, su primera reacción ante las personas. No soportaba ver a las personas sufriendo. Así fue recordado por las primeras generaciones cristianas. Siente compasión por la mulltitud de gente que vive desorientada y no tiene quien le guíe. A Jesús nunca le estorba la gente. La muchedumbre sentada para comer es la imagen de la humanidad que Jesús reunirá en el banquete fraternal del Reino (Lc 14,15).

“Levantó los ojos al cielo”. Este gesto de Jesús expresa su relación personal con el Padre, reemplazando cualquier oración que santos o profetas habrían hecho en tal caso. De Dios viene el pan, pues ha puesto en la tierra todo lo que necesita la humanidad para su alimento y para su desarrollo, pero los problemas de una distribución equitativa son tan complejos como la naturaleza humana, y ningún sistema puede solucionarlos hasta que no aprendamos a escuchar la palabra de Dios. A quienes la escuchan les enseña a construir un mundo de justicia, de paz y de pan compartido

Jesús sintió compasión de aquella multitud, de la que sus gobernantes se preocupaban muy poco. Toda aquella gente le había escuchado durante largo tiempo sin inquietarse lo más mínimo por su comida. Y él, a su vez, siendo el Pastor y el Pan verdadero, les dio el pan y lo distribuyó. El Evangelio de Juan comenta este milagro: Jesús es el pan que necesita la humanidad (Jn 6). Se trata de personas que no han encontrado todavía una verdadera comunidad y Jesús siente compasión por ellas. Y se puso a enseñarles largamente.

Tal vez nosotros estemos decepcionando a otros. Personas sencillas y buenas porque no ven en nosotros la compasión de Jesús. Creyentes que no saben a quién acudir, ni qué caminos seguir para encontrarse con un Dios más humano que el que perciben entre nosotros. Cristianos que se callan porque saben que su palabra no será tenida en cuenta por nadie importante de la Iglesia

Los cristianos olvidamos con demasiada frecuencia que un grupo de seguidores de Jesús, no es solo una comunidad de oración, reflexión y trabajo, sino una comunidad de descanso y disfrute. San Agustín en el siglo IV decía: “Un grupo de cristianos es un grupo de personas que rezan juntos, pero también conversan juntos. Ríen en común y se intercambian favores y bromean juntos”. Tal vez lo más importante de ese texto es que los cristianos saben rezar, pero también saben reír. Saben estar serios y saben bromear. La risa no es signo de frivolidad. Saber reír es un signo de madurez y sabiduría, que sabe relativizar lo que es relativo, sin dramatizar, sin necesidad, los problemas.

Es una risa que nace de la confianza última en ese Dios que nos mira con ternura. Una risa que distiende, libera y da fuerzas para seguir caminando. Esta risa une. Los que ríen juntos no se atacan ni se hacen daño, porque la risa verdaderamente humana nace de un corazón que sabe comprender, amar y compartir las alegría y las penas.

Las personas necesitamos hacer fiesta, ahora más que nunca. Porque estamos sometidos a un trabajo inflexible, esclavos de ocupaciones y tareas, a veces, agotadoras. Necesitamos ese descanso que nos ayude a liberarnos de la tensión, el desgaste y la fatiga acumulada a lo largo de los días. Muchos se han hecho esclavos de la productividad y han reducido el valor de la vida a la producción, la eficacia y el rendimiento laboral.

“El hombre actual ha comprado la prosperidad al precio de un poderoso empobrecimiento de sus elementos vitales”. (H. Cox). Todos corremos el riesgo de olvidar el valor último de la vida para ahogarnos en el activismo, el trabajo y la producción. La sociedad industrial nos ha hecho más laboriosos, mejor organizados, más eficaces, pero muchos piensan que la vida se les escapa tristemente de las manos, sin poder vivirla, ni disfrutarla.

No podemos reducir el descanso solo a una pausa para reponer nuestras energías agotadas, ni a una válvula de escape que nos libera de las tensiones acumuladas para volver con nuevas fuerzas al trabajo de siempre. El descanso nos tendría que ayudar a regenerar todo nuestro ser descubriéndonos nuevas dimensiones de nuestra existencia. La fiesta nos ha de recordar que la vida no es solo esfuerzo y trabajo agotador. El ser humano está hecho también para disfruta, para jugar, para gozar de la amistad. Tenemos que aprender a hacer vacaciones de otra manera. No es cuestión de pasarlo bien, a toda costa, sino de saber disfrutar con sencillez y agradecimiento de los amigos, la familia, la naturaleza, el silencio, el juego, la música, la convivencia.

Hay un cansancio más profundo que la mera fatiga del trabajo. Un cansancio que puede instalarse en nuestra vida y que no desaparece por tomarnos unas vacaciones. Hay cansancio que nace de la dispersión. Cuando alguien vive dividido interiormente, arrastrado por toda clase de contradicciones y sin coherencia personal, ponto experimenta el desasosiego, la inseguridad y el agotamiento. La vida se hace difícil, las relaciones se crispan, la salud se quiebra.

Para descansar es necesario recuperar la unidad interior y ser fiel a la propia conciencia. La persona que se siente integrada vuelve a experimentar la fuerza interior y la paz. Para el creyente la vida es un regalo de Dios que hay que agradecer, disfrutar y compartir intensamente cada día.

El evangelio nos recuerda la invitación de Jesús: “Venid a un lugar tranquilo para descansar”.

Una de las cosas que más se echa en falta en el mundo de hoy, sobre todo en el de los jóvenes, es la fuerza atractiva y la ejemplaridad de auténticos líderes. Muchos que se presentaban como los nuevos salvadores han defraudado por su ambición de poder y dinero, y por su falta de honestidad personal.

Estamos como ovejas sin pastor, sin saber qué hacer, hacia donde dirigirnos y como vivir para sentirnos realizados y felices, después de haber recibido tantas ofertas. Pero no es cuestión de tener muchas ofertas, sino que alguien nos ofrezca lo que realmente necesitamos.

La enseñanza, primero, y la ayuda real, después, son consecuencias de la compasión de Jesús. Un pueblo sin líderes, una muchedumbre sin guía, llena de misericordia su corazón. Los dicípulos, testigos de su compasión, deberán ponerse a su servicio para que Jesús alcance a toda una muchedumbre necesitada. La vinculación que une a Jesús y a los discípulos es que comparten la misma tarea. Él es el modelo con el que se tienen que identifcar sus apóstoles.

3.- ¿Qué respuesta le voya dar, hoy, al Señor?

¿Busco momentos de soledad junto con el maestro, para serenarme, recobrar fuerzas y conocer la volunta de Dios ?

¿Me acepto como soy, valorándome por las capacidades recibodas y las oportunidades me presenta la vida?

¿Me siento libre frente a mí mismo, capaz de enterrar el pasado, para vivir el presente?



Fuente: Celam Lectio Divina - P. Felipe Mayordomo
Sintesis: Jorge Mogrovejo M.

sábado, 14 de julio de 2018

Evangelio del Domingo 15 de Julio del 2018 (XV Domingo de Tiempo Ordinario)

DOMINGO XV CICLO B 15 de Julio de 2018
Evangelio Segun San Mc 6,7-13
"Llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les encargó que no llevaran más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja, que fueran calzados con sandalias pero que no llevaran para el camino dos túnicas. Les decía Cuando entren en una casa, quédense allí hasta que se marchen. Si en un lugar no los reciben ni los escuchan, salgan de allí y sacudan el polvo de los pies como protesta contra ellos. Se fueron y predicaban que se arrepintieran; expulsaban muchos demonios, ungían con aceite muchos enfermos y los sanaban"


1.- ¿Qué nos quiere decir Marcos en este evangelio
 
Inmediatamente después de ser rechazado por sus paisanos de Nazareth, Jesús retoma su actividad misionera recorriendo las poblaciones de los alrededores y enseñando. Y además de esto, también llama y envía a predicar a los doce apóstoles. 


El texto comienza diciendo que Jesús "llamó a sí" (proskaleitai) a los doce, número que simboliza a las doce tribus de Israel presentes en el Sinaí para la alianza con Dios (cf. Ex 24,4) y, con ello, se indica que Jesús está formando el nuevo pueblo de Dios en la nueva alianza. Son los mismos doce que había llamado “para que estén con Él y para enviarlos a predicar (cf. Mc 3,13). Lo nuevo está aquí en lo que sigue: "y comenzó a enviarlos de dos en dos". El verbo “comenzar” seguido de infinitivo (a enviar) tiene aquí un sentido durativo. Se trata de constituirlos en misioneros de una manera permanente, de modo que su misión no se agota en este envío concreto. El detalle de que fueron enviados de "dos en dos" tendría un doble significado. En primer lugar responde a la exigencia de que haya dos testigos concordes para que sea atendible el testimonio (cf. Dt 19,15, 17,6). En segundo lugar, y recordando que la llamada también la ha hecho Jesús a parejas de hermanos (cf. 1,16-20), se insinúa el tema de la fraternidad. Por tanto van de "dos en dos" para ayudarse mutuamente y para vivir entre ellos la realidad del amor fraterno que han de testimoniar en su predicación.
"Y les daba poder sobre los espíritus impuros". Jesús les confiere un poder real, una autoridad dependiente de él mismo. Sólo puede dar autoridad el que la tiene; y Jesús tiene esa autoridad como propia; y está además capacitado para transmitirla a sus discípulos.

Les comparte su propio poder y autoridad sobre los espíritus impuros, que implica todo lo que hace daño al hombre (física, psíquica y espiritualmente) y que tiene su raíz en una fuerza maligna presente y actuante en el mundo impidiéndole vivir en comunión con Dios, consigo mismo y con los demás. En síntesis, la misión confiada por Jesús a los apóstoles es “derrotar el reino del mal, para establecer el reino de Dios”

Una vez que los doce han cumplido el primer objetivo de la elección (estar con Él; 3,14a), les llega entonces el momento del envío por parte de Jesús. Nos encontramos en un momento especial para los doce apóstoles por cuanto es la primera vez que Jesús hace partícipes a los hombres de su misión, de modo que pasan a ser los colaboradores asociados a su obra. Es de resaltar aquí la continuidad entre la actividad de Jesús y la de los Apóstoles que se expresa mediante el uso del mismo vocabulario: anunciar; expulsar demonios; enseñar y curar enfermos.

Junto a estas semejanzas es necesario notar que sólo Jesús enseña con autoridad (1,22) y es comparado al hombre fuerte capaz de vencer a Satanás y su reino (1,12-13; 3,23-27). Y esto porque los doce participan de la misión de Jesús a título de enviados o de “apóstoles”, pues así se los llama por primera vez cuando vuelven a Jesús después de su misión (6,30).

Siguen luego una serie de instrucciones concretas sobre el estilo de vida del misionero. Jesús se ocupa de cuestiones muy prácticas y elementales: vestido, alimento y alojamiento. No pueden llevar ni pan, ni dinero ni provisiones. Sólo se les permite llevar un bastón y sandalias, elementos necesarios a todo peregrino. Fuera de esto, sólo una túnica, vestimenta corriente de los hombres de aquel tiempo. En cuanto a la vivienda, deben aceptar la hospitalidad de la gente, permaneciendo en la casa dónde los reciban. En síntesis, cuando el Señor los llamó por primera vez, los discípulos lo dejaron todo y lo siguieron. Y así deben seguir, libres de todo.

Luego les da instrucciones sobre el modo de obrar, de reaccionar ante la posibilidad real del rechazo. Si no son recibidos ni escuchados, deben marcharse sacudiendo hasta el polvo de los pies en testimonio contra ellos. Este gesto lo realizaban los judíos cuando regresan a Israel después de haber caminado por tierra de paganos, como para indicar el corte entre el mundo pagano y la tierra santa. Aquí significa que deben exteriorizar el hecho de que han sido despreciados; y dejan en claro que al cerrar sus puertas y sus corazones se han perdido algo importante para sus vidas y son responsables por ello. El rechazo de los mensajeros es un rechazo a Jesús mismo.

Sigue el cumplimiento de la orden de predicar con sentido final: “proclamaban el evangelio para que se arrepientan”. Y también la realización de los distintos hechos de poder: expulsión de demonios y curación de los enfermos mediante la unción con aceite.

2.- ¿Qué mensaje nos trae este evangelio y qué compromiso nos pide, hoy, el Señor? La vocación del discípulo y misionero de Jesucristo es configurarse con Él, construir la comunión y evangelizar. Es importante notar el estilo que ha de tener el misionero del Reino. Marcos pone en labios de Jesús el talante que tuvieron los profetas y predicadores itinerantes de la primera época cristiana, y anima a todas las iglesias a que vivan y anuncien el evangelio así: con un desprendimiento tal que solo tienen puesta la confianza en Dios, y no en el dinero, las seguridades y las comodidades.

Hay que destacar la insistencia del texto en la pobreza como condición indispensable para la misión. Este estilo de predicar confiere credibilidad por sí mismo: el misionero está tan convencido por dentro de la importancia de la misión que es capaz de prescindir de todo, incluso del dinero. Como Jesús tiene su corazón y su confianza solo en Dios y en la comunidad donde se sabe cordialmente acogido en su tarea de anunciar y testimoniar el Reino.

Se trata de una pobreza que es libertad y nos descubre el valor de andar ligeros de equipaje. Un discípulo cargado se hace sedentario, conservador, incapaz de captar la novedad de Dios, demasiado dado a encontrar mil razones utilitarias y a considerar irrenunciable la casa donde se ha instalado y de la que no quiere salir.

La Iglesia y los cristianos, siguiendo el ejemplo de Jesús, han de realizar la misión sin triunfalismos. Con lo justamente necesario, respetando la libertad humana y religiosa de toda persona o pueblo, huyendo de la instalación o acomodamiento burgués. Con signos liberadores para que no degenere en repetición vacía de contenido.

Los consejos que aquí aparecen tienen un profundo sabor al Jesús histórico y tras ellos se esconde, posiblemente, palabras pronunciadas personalmente por el Maestro.

El anuncio no es una instrucción teológica, sino una palabra que compromete, que sacude, que suscita contradicciones, que parece llevar la división donde había paz, el desorden donde había tranquilidad. La misión es una lucha contra el maligno. Por eso el discípulo no es únicamente un maestro que enseña, sino un testigo que se compromete en una causa que puede costarle la vida.

Ayer, hoy y siempre, la misión cristiana tiene como objetivo único la conversión de la persona. Por ello, la misión evangélica comprende la lucha contra todas las formas de mal, y exige cualquier esfuerzo para mejorar la situación social, sanitaria o cultural. Evangelizar no es solo predicar un mensaje, sino posibilitar y promover la liberación del ser humano de cualquier injusticia o esclavitud.

El mensajero debe romper, necesariamente, con cuantos no reciban su mensaje para encontrar su casa donde el evangelio encuentre oyentes. Donde haya enfermos que curar y gente que evangelizar, allí tiene su hogar el enviado de Jesús. Ese es el reto.

3.- ¿Qué respuesta le voy a dar, hoy, al Señor?
  • ¿Nos hemos sentido llamados por el Señor?
  • Nos hemos capacitado para ser testigos creíbles de Cristo?
  • Llamados, capacitados, y enviados como testigos, ¿Tiene al que ver contigo?  


Autor: CELAM Lectio Divina, P. Felipe Mayordomo Álvarez sdb. 
Sintesis: Jorge Mogrovejo Merchan


domingo, 8 de julio de 2018

Evangelio del XIV Domingo de Tiempo Ordinario (8 Julio 2018)

Evangelio Segun San Mc 6, 1-6
XIV Domingo de Tiempo Ordinario

"1 Al irse Jesús de allí, volvió a su tierra, y sus discípulos se fueron con él.
2 Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga y mucha gente lo escuchaba con estupor. Se preguntaban: "¿De dónde le viene todo esto? ¿Y qué pensar de la sabiduría que ha recibido, con esos milagros que salen de sus manos?
3 Pero no es más que el carpintero, el hijo de María; es un hermano de Santiago, de Joset, de Judas y Simón. ¿Y sus hermanas no están aquí entre nosotros?" Se escandalizaban y no lo reconocían.
4 Jesús les dijo: "Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su tierra, entre sus parientes y en su propia familia."
5 Y no pudo hacer allí ningún milagro. Tan sólo sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos.
6 Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer.
Jesús recorría todos los pueblos de los alrededores enseñando."

1. Qué nos quiere decir Marcos en este Evangelio?

Según nos tiene acostumbrado el evangelista san Marcos, el texto comienza con una indicación espacial o geográfica. Jesús sale de la casa de Jairo y se dirige a su pueblo, Nazareth, ubicado a unos 30 km al oeste del mar de Galilea en cuyas orillas tuvieron lugar los relatos precedentes. Otra indicación importante es que lo siguen sus discípulos, los cuales, si bien no juegan ningún papel activo en esta narración, están presentes y aprendiendo en vistas de su próximo envío misionero (cf. Mc 6,7-13 que leeremos el próximo domingo).

También según su costumbre (cf. Mc 1,21.39) Jesús el sábado enseña en la sinagoga. Entonces, muchos de los que lo escuchan, primero quedan maravillados y luego comienzan a manifestar su extrañeza por la falta de adecuación entre el Jesús que conocieron y el que tienen delante ahora. Al principio tenemos la impresión de que se trata sólo de asombro o extrañeza, pero al final vemos claro que se trata de desconfianza y descalificación de la persona de Jesús. J. Gnilka considera que se trata de una "actitud crítica" y la explica de la siguiente manera: "La crítica se articula en cinco preguntas. Tres de ellas se refieren a la actividad de Jesús y dos a sus parientes. El estilo predicativo de las tres primeras preguntas pretende reflejar la excitación en que han caído las gentes. La primera pregunta le juzga de manera general, la segunda su vida y la tercera sus milagros. La pregunta acerca del de dónde – casi juánica – pregunta por el origen. De esta manera los parientes entran ya en escena. La fe sabe acerca de la identidad de Jesús. Este es Hijo de Dios. El conocimiento del entorno donde Jesús residió se convirtió para sus paisanos en impedimento casi insuperable para reconocer su pretensión de revelación".

Es interesante lo que deduce M. Navarro sobre la familia de Jesús a partir de este texto: "La pregunta sobre el origen de sus palabras y sus gestos indica que para los paisanos nada predecía su futuro. Bien porque Jesús había sido un hombre normal, bien porque no han sabido leer los signos que iba emitiendo. Lo cierto es que la pregunta se convierte en luz acerca de su familia, pues indica que en ella no había nada de particular. Una familia normal, sin antecedentes especiales".

El verbo escandalizar (skandalízomai), en voz activa, significa ser ocasión de pecado en el sentido de provocar escándalo (cf. Mc 9,42.43.45.47). En voz pasiva, como en nuestro texto, significa caer, ser engañado u obstaculizado, irritarse, contrariarse. En los evangelios es frecuente que las personas se escandalicen (skandalízomai) de Jesús; por ejemplo, los discípulos ante la pasión (cf. Mc 14,27); o Juan Bautista ante su mesianismo misericordioso (cf. Mt 11,3-6); o los fariseos ante la doctrina de Jesús (cf. Mt 15,12). En San Pablo se trata principalmente del "escándalo de la cruz" (cf. 1Cor 1,23; Gal 5,11).

El texto más cercano para ayudarnos a comprender el sentido del término lo encontramos en Mc 4,17 cuando Jesús explica el fracaso de la semilla que cae en terreno pedregoso. Allí dice: "los que reciben la semilla en terreno rocoso son los que, al escuchar la Palabra, la acogen en seguida con alegría pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa de la palabra, sucumben enseguida." “Sucumben” o “caen” es la traducción habitual en este versículo del verbo skandalízomai. En cierto modo se describe la misma actitud de los nazarenos pues comienzan por el entusiasmo o maravilla ante las palabras de Jesús, pero luego se escandalizan. Y esto porque no tienen raíces, son inconstantes, lo cual implica que son superficiales, que se quedan en la apariencia y no van a lo profundo.

En síntesis: el origen humilde de Jesús, su falta de preparación intelectual o académica, el hecho de haberlo conocido como alguien normal en una familia normal; todo esto representaba para los nazarenos un obstáculo para la fe. La sabiduría y el poder de Jesús "no les cierra" con lo que conocen de él. Y esto los irrita, les molesta. Chocan contra la humanidad de Jesús y no pueden o no quieren dar el salto a la fe.
La respuesta de Jesús ("Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa") está presentada más bien como una enseñanza para los discípulos, quienes deberán estar preparados para sufrir el rechazo de su propio "ambiente". Esta frase o refrán condensa la experiencia histórica de Israel con su repetido rechazo de los profetas. Literalmente el texto habla de "deshonra" (á-timos) o desprecio, en referencia a no considerarlo, a no reconocerlo como enviado de Dios.

Luego el narrador comenta que Jesús no pudo obrar allí sino muy pocos milagros. La causa de esto estaría en el versículo siguiente: la falta de fe (a-pistía). Notamos también, y es la única vez que pasa en el evangelio, que Jesús se asombra de la incredulidad de los nazarenos.

Recordemos que en Marcos los milagros son ante todo son actos de poder (dinamis) que dan autoridad a las palabras y obras de Jesús; y verifican el anuncio de la llegada del Reinado de Dios entre los hombres. Por ello los milagros, más que despertar la fe, la suponen.
ALGUNAS REFLEXIONES:
Vemos que el evangelio identifica, en cierto modo, escándalo con incredulidad. Esto requiere una explicación por cuanto no es la idea habitual que tenemos del escándalo. En efecto, el diccionario español lo define como: "Dicho o hecho que causa gran asombro o indignación en alguien, especialmente por considerarlo contrario a la moral o a las convenciones sociales".

Este sería un primer tipo de escándalo, de raíz moral, evitable y condenable; y que Jesús mismo condena en el evangelio (cf. Mc 9,42-47; Mt 13,41; 18,7). Pero existe también un escándalo propio del evangelio, de la sabiduría de la cruz, de la pedagogía de la Encarnación, que es en cierto modo metafísico y casi inevitable. De este segundo tipo de escándalo nos habla el evangelio de hoy. Es, en cierto modo, la reacción natural del hombre ante el misterio de la Encarnación, de Dios hecho hombre; de la Divinidad presente en la humanidad de Cristo. H. U. von Balthasar lo define así: "El escándalo consiste en rechazar con razones penúltimas lo que habría que aceptar con razones últimas (que se conocen muy bien)".

El Papa Benedicto XVI ha hecho una lúcida descripción de estos dos tipos de escándalos y de su mutua relación: "la fe cristiana es para el hombre siempre un escándalo, no sólo en nuestro tiempo. Creer que el Dios eterno se preocupe de los seres humanos, que nos conozca; que el Inasequible se haya convertido en un momento dado en accesible; que el Inmortal haya sufrido y muerto en la cruz; que a los mortales se nos haya prometido la resurrección y la vida eterna; para nosotros los hombres, todo esto es verdaderamente una osadía. Este escándalo, que no puede ser suprimido si no se quiere anular el cristianismo, ha sido desgraciadamente ensombrecido recientemente por los dolorosos escándalos de los anunciadores de la fe. Se crea una situación peligrosa, cuando estos escándalos ocupan el puesto del skandalon primario de la Cruz, haciéndolo así inaccesible; esto es cuando esconden la verdadera exigencia cristiana detrás de la ineptitud de sus mensajeros" (Discurso a las asociaciones católicas comprometidos con la Iglesia y la sociedad. Domingo 25 de septiembre de 2011).

Estos dos tipos de escándalo continúan presentes en la Iglesia y en la vida de los cristianos. El inherente a la fe o metafísico es consecuencia de que la Iglesia prolonga en la historia el misterio de la Encarnación y, por ello, es necesariamente realidad humana y divina. La fe va necesariamente a sufrir el acoso de la duda y de la tentación del escándalo, ya que la inteligencia se resiste a aceptar serenamente esta "revelación". Sólo el amor y la entrega confiada en Dios permiten superar correctamente la prueba.

En cuanto al rechazo que a veces sufrimos cuando queremos anunciar el evangelio en nuestra familia o en nuestro ambiente, donde nos conocen demasiado como para tomarnos en serio, lo importante es no desanimarse. Al respecto, el Papa Francisco nos previene para no desanimarnos con los fracasos pastorales, que también tuvo Jesús: “El inmediatismo ansioso de estos tiempos hace que los agentes pastorales no toleren fácilmente lo que signifique alguna contradicción, un aparente fracaso, una crítica, una cruz” (EG 82). En vez del desánimo, nos invita a agudizar la mirada para reconocer que la obra de Dios sigue misteriosamente presente: “Como no siempre vemos esos brotes, nos hace falta una certeza interior y es la convicción de que Dios puede actuar en cualquier circunstancia, también en medio de aparentes fracasos, porque «llevamos este tesoro en recipientes de barro» (2 Co 4,7). Esta certeza es lo que se llama «sentido de misterio». Es saber con certeza que quien se ofrece y se entrega a Dios por amor seguramente será fecundo (cf. Jn 15,5)” (EG 279).


2. Qué mensaje nos trae este pasaje?
Los estudios que se vienen publicando estos últimos años sobre el futuro de la humanidad no son nada halagüeños. Una y otra vez se repiten las mismas palabras y preocupaciones: crisis de la cultura moderna, decadencia de la sociedad occidental, ocaso de valores, disolución de la identidad humana, amenaza de aniquilación mundial... Muchos siguen pensando que el hombre podrá superar esta crisis por medio de alguno de los sistemas existentes (capitalismo, socialismo, democracia...) o tal vez por medio de alguno nuevo que podamos descubrir. Otros lo esperan todo del desarrollo tecnológico, de una revolución económica profunda o de un replanteamiento de las relaciones internacionales. Dicha crisis no es solo un problema ideológico, tecnológico o económico, es el hombre mismo el que está enfermo y necesita ser curado en su raíz.
El hombre moderno ha empobrecido su existencia creyendo que el pensamiento racional es lo único válido y definitivo, y se ha ido quedando ciego interiormente para captar lo más esencial. Ha desarrollado de manera insospechada sus técnicas de observación y análisis de la realidad, pero ha perdido el sentido de lo trascendente. Han crecido cada vez más sus posibilidades de comunicación, pero no acierta a encontrarse consigo mismo y con su yo más profundo. Resuelve múltiples problemas, pero no sabe resolver el problema de su libertad interior. El hombre se está acercando a un «punto crucial» (F. Capra) en el que, si quiere sobrevivir, ha de aprender a vivir de manera nueva. La humanidad necesita reencontrar su «patria religiosa» (Enomiya Lasalle). Es urgente una «transformación de la conciencia» (Sri Aurobindo).

¿No estamos necesitando una vez más de Jesús para redescubrir la sabiduría y el arte de vivir de manera más humana? Hoy se desprecia en Occidente la sabiduría del Profeta de Galilea, como lo hicieron sus propios vecinos. Sin embargo, ¿no será esa precisamente la sabiduría que andamos necesitando?

APRENDER A VIVIR DE JESÚS La vida de un cristiano comienza a cambiar el día en que descubre que Jesús es alguien que le puede enseñar a vivir. Los relatos evangélicos no se cansan de presentarnos a Jesús como Maestro. Alguien que puede enseñar una «sabiduría única». Los cristianos de hoy tenemos que preguntarnos si no hemos olvidado que ser cristianos es sencillamente «vivir aprendiendo» de Jesús. Ir descubriendo desde él cuál es la manera más humana, más auténtica y más gozosa de enfrentarnos a la vida. Cuántos esfuerzos no se hacen hoy para aprender a triunfar en la vida: métodos para obtener el éxito en el trabajo profesional, técnicas para conquistar amigos, artes para salir triunfantes en las relaciones sociales. Pero, ¿dónde aprender a ser sencillamente humanos? Son bastantes los cristianos para quienes Jesús no es en modo alguno el inspirador de su vida. No aciertan a ver qué relación pueda existir entre Jesús y lo que ellos viven a diario. Jesús se ha convertido en un personaje al que creen conocer desde niños, cuando en realidad sigue siendo para muchos el «gran desconocido».Y, sin embargo, ese Jesús mejor conocido y más fielmente seguido podría transformar nuestra vida, alguien vivo que, desde el fondo mismo de nuestro ser, nos acompaña con paciencia, comprensión y ternura.


LA FE PUEDE CURAR Durante mucho tiempo, Occidente ha ignorado casi totalmente el papel del espíritu en la curación de la persona. Hoy, por el contrario, se reconoce abiertamente que gran parte de las enfermedades modernas son de origen psicosomático. Muchas personas ignoran que su verdadera enfermedad se encuentra en un nivel más profundo que el estrés, la tensión arterial o la depresión. No se dan cuenta de que el deterioro de su salud comienza a gestarse en su vida absurda y sin sentido, en la carencia de amor verdadero, en la culpabilidad vivida sin la experiencia del perdón, en el deseo centrado egoístamente sobre uno mismo o en tantas otras «dolencias» que impiden el desarrollo de una vida saludable. Ciertamente, sería degradar la fe cristiana utilizarla como uno de tantos remedios para tener buena salud física o psíquica; la razón última del seguimiento a Jesús no es la salud, sino la acogida del Amor salvador de Dios. Pero, una vez establecido esto, hemos de afirmar que la fe posee fuerza sanadora y que acoger a Dios con confianza ayuda a las personas a vivir de manera más sana. La razón es sencilla. El yo más profundo del ser humano pide sentido, esperanza y, sobre todo, amor. Muchas personas comienzan a enfermar por falta de amor. Por eso la experiencia de sabernos amados incondicionalmente por Dios nos puede curar. Los problemas no desaparecen. Pero saber, en el nivel más profundo de mi ser, que soy amado siempre y en cualquier circunstancia, y no porque yo soy bueno y santo, sino porque Dios es bueno y me quiere, es una experiencia que genera estabilidad y paz interior.

A partir de esta experiencia básica, el creyente puede ir curando heridas de su pasado. Es bien sabido que gran parte de las neurosis y alteraciones psicofísicas están vinculadas a esa capacidad humana de grabarlo y almacenarlo todo. El amor de Dios acogido con fe puede ayudarnos a mirar con paz errores y pecados, puede liberarnos de las voces inquietantes del pasado y ahuyentar espíritus malignos que a veces pueblan nuestra memoria. Todo queda abandonado confiadamente al amor de Dios. Por otra parte, esa experiencia del amor de Dios puede sanar nuestro vivir diario. En la vida todo es gracia para quien vive abierto a Dios; se puede trabajar con sentido a pesar de no obtener resultados; la experiencia más negativa y dolorosa puede ser vivida de manera esperanzada; todo se puede unificar e integrar desde el amor. El evangelista Marcos recuerda en su relato que Jesús no pudo curar a muchos porque les faltaba fe. Ese puede ser también nuestro caso. No vivimos la fe en Jesús con suficiente hondura como para experimentar su poder sanador. No le seguimos de cerca y no puede imponer sus manos curadoras sobre nuestras vidas enfermas.


3. Qué respuesta le voy a dar, hoy al Señor?
  • Nosotros como seguidores de Jesús somos incrédulos que rechazan al hombre superior que les habla en nombre de Dios o lo aceptamos como auténtico hijo de Dios y Salvador?
  • Aceptamos o rechazamos la voz profética de la Iglesia cuando a través de nuestros pastores cuando denuncian la maniuplación genética, las guerras, la indiferencia religiosa, el hedonismo?
  • Somos evidencia palpable con nuestros actos de la presencia del Reino de Dios inicio por Cristo?



Fuente: Celam Lectio Divina, P. Jose Pagola
Elaboración: Jorge Mogrovejo M.

Comentario al Evangelio del Domingo 27 de marzo del 2022

 IV Domingo de Cuaresma. 28/03/2022 Pericopa: Lc 15,1-3.11-32  En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para es...